Cortázar, deliciosa parilla de autor

cortazar2Cuando escuché que en Guadalajara había abierto un restaurante de nombre Cortázar me sentí un poco escéptica. A ver, yo no soy una filóloga profesional, pero siempre me han importado las letras. Y supongo que es normal que como latinos de pronto comencemos nuestra exploración literaria con el boompero tampoco deberíamos clavarnos ahí para siempre y muchas personas lo hacen y creo que a veces no se percatan de lo que se pierden. Me molesta también cuando me encuentro con personas que no son lectoras, pero que bien memorizados tienen nombres como Borges y García Márquez y por lo mismo los sueltan en conversaciones y se sienten conocedores e intelectuales y, en México, en Latinoamérica, hay muchísimo más que el boom. El caso es que cuando me enteré de que el lugar se llamaba Cortázar tuve miedo de que sólo fuera un aprovechamiento de su nombre, un truco barato.

Pero no. Con gusto les comparto que después de debatirlo un par de veces en mi cabeza decidí que no podía juzgar un lugar sólo por su nombre y mi pedantería y me animé a conocerlo. Además, ya más de alguna persona me lo había recomendado, así que no podía descartarlo así nada más de mi lista; como ya lo he dicho antes, siempre tenemos que estar abiertos a nuevas experiencias, a salir de nuestras zona de comodidad. Así que fui, y la verdad es que me llevé una agradable sorpresa. Fui con René a sabiendas de que, al ser argentino, la especialidad del restaurante serían las carnes y que él más que nadie las disfrutaría.

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Ubicado en Justo Sierra #1976 (justo a un lado de La Pinta Negra y Uma Uma) el lugar es chiquito y te recibe con una terracita y una fachada decorada con unas estanterías de madera clara -que pareciera clavada por los mismos dueños-, que sirven para sostener macetas con flores y hierbas aromáticas. Unos vitrales de colores lanzan destellos azules, verdes y amarillos al piso y al techo, que también tiene algunos arcos de ladrillos rojos. La mezcla de materiales, colores y estilos provocan en el nuevo comensal una extrañeza sorprendentemente acogedora.

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Una vez adentro tropiezas con un refrigerador vintage de Coca Cola, vigas descubiertas y ligeramente oxidadas que atraviesan los cuartos, candiles, focos de colores, platos empotrados en las paredes que celebran la argentina gauchista, libros sobre más estanterías, cuadros y caricaturas y una hermosa cava que guarda botellas y botellas de vino. Los menús son de papel y te los entregan en clipboards para que los revises; los platos son de peltre, algunos otros, de cerámica.

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Chorizo picado, queso artesanal, ensalada de betabel al plomo (con betabeles asados, piña miel y aderezo de frambuesa), carpaccio tibio de bife, tiradito de atún, empanada de pato yucateco o de cochinita pibil, papas revueltas con pancetta, cebolla, huevo y mozzarella para empezar. Desde las entradas se nota la fusión de la cocina argentina y mexicana que logra Víctor Romero, dueño y chef. Mi empanada humita (elote) la acompaño con el chimichurri y la salsita de tomate deshidratado y chiles que disponen al centro de la mesa y con unos traguitos de cerveza. Todo pinta muy bien, y voy sintiéndome cómoda en la nostalgia gauchesca del lugar.

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¿Qué sigue? Ya más de alguna vez les he platicado que no soy demasiado carnívora, pero en lugares donde las palabras “parrilla de autor” son parte del nombre, no me permito privarme de un buen corte. Vacío, picaña y cuadro de 300 o 450 gramos; costillas blackheads (ahumadas con una mantequilla de ajo rostizado) o los cortes kobe. Yo eligo un vacío de 300 gramos término medio, René, un cuadro término medio rojo. Antes de que nos traigan la comida, cambio mi cerveza por un vino rosado, un malbec rose. Hace calor, pero entra el viento y nos sentimos contentos.

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Los cortes llegan perfectos; al encajar el tenedor y rebanar la carne con el cuchillo, el jugo se escurre por la tablita de madera sobre la que vienen servidos. Además, la mesera, muy atenta, nos trae un frasco de cristal donde se marina la ensalada tradicional (lechugas, jitomate y cebolla), lo bate y luego nos sirve sus contenidos. Carne, ensalada, carne, vino. Arrasamos con nuestros platillos y se nos nota la felicidad en la cara. Es difícil encontrar un lugar donde realmente conocen y respetan la diferencia entre el término medio y el medio rojo, donde no desjugan la carne cuando pides un corte al punto y, por más que me encante ir a la Estancia Gaucha, también es agradable saber que en Guadalajara hay un lugar donde puedes disfrutar una carne de calidad en un ambiente más relajado y rústico, de cierta forma más casero (aunque no por ser menos elegante y más local los precios son más baratos, un corte de 300 g de vacío ronda los 270 pesos).

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Cabe destacar que el menú no está acotado a carnes, también hay un filete de atún, un pescado a la yucateca y sándwiches de salmón y pulpo.

Le doy los últimos sorbitos a mi copa de vino en lo que reviso los postres. Estoy entre dos: la Maria Luisa (con tres capas de hojaldre, dulce de leche, nuez y cobertura de chocolate), o el tradicional alfajor santafesino (de dulce de leche y azúcar glass). Y claro, para que yo pueda disfrutar completamente la sobremesa, un café espresso. Saboreo las últimas migajas de mi alfajor y estamos listos para pedir la cuenta. El servicio no es muy apresurado, por lo que todavía disfrutamos un par de momentos más observando el entorno y sintiendo el calor de la comida y el vino en el cuerpo. La cuenta es justa, las carnes nunca son demasiado baratas, pero para lo bien que comimos, la cantidad y la calidad de los alimentos, y el ambiente y experiencia, estamos más que satisfechos.

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¡Dense una vuelta! Vivan la experiencia de un restaurante de carnes donde el asador está a tan sólo unos pasos de su mesa, donde hay más opciones que la tradicional empanada de queso con cebolla, y donde el ambiente realmente te transporta a la vida gauchesca, y donde la decoración, como un juego de rompecabezas, como un collage y un lienzo con recortes alude al cronopio mayor. Por mi parte estoy feliz de no haber escuchado mis prejuicios, de no permitir que mis exigencias pretenciosas me cerraran las puertas de este lugar. Abren de martes a domingo a partir de las 2:00 pm. ¡Vayan y cuéntenme qué les pareció!

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6 thoughts on “Cortázar, deliciosa parilla de autor

  1. Me fascina! definitivamente es mi restaurante favorito del momento, se podría decir que voy casi desde que abrieron (mi oficina esta casi enfrente) y nunca jamás me han quedado a deber, Victor y su mujer son muy agradables y hospitalarios y los meseros son muy atentos.
    y también me parece pertinente que si no se trae el dinero o disposición para una comilona tremenda, puedes pedir un emparedado de corte, una empanadita y una cerveza por menos de $150.

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  2. Me agrada esta descripción y por lo tanto se me antojó mucho ir y comerme un corte de esos deliciosos que platicas y lo piensi acompañar de una bitellita de vino tinto. Mmmmmmm que rico! Ni habia escuchado de este lugar, gracias por la recomendación.

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  3. Este restaurante es asqueroso. Pedi una parrilla y me salió un pelo del largo de mi brazo. Los meseros se pusieron tan nerviosos porque lo más cochino fue que se me enredo en la boca. Casi me vomito en la mitad del restaurante. Los meseros corrían y me decían: es del dueño que tiene una melena poco agradable, es del cocinero, es de la cocinera. Al final daba lo mismo si el dueño, es el mesero, el lavaplatos o el cocinero fue una experiencia espantosa. Un sitio de muy mal gusto. No lo recomiendo para nada.

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