Breve reflexión sobre los últimos días

engaged1Como ya muchos de ustedes estarán enterados, ¡me voy a casar! Y quiero transmitirles mi emoción, alegría y felicidad que he experimentado durante los últimos días, pero sobre todo a lo largo de casi seis años de noviazgo y amistad con quien será ahora mi compañero y esposo.

Les confieso que entre las jornadas laborales dobles que emprendí la semana pasada y esta (mi hermana salió de viaje y fui su maestra suplente), los acontecimientos del fin de semana y las celebraciones posteriores, mi cabeza sigue sin aterrizar. Por eso, hoy sólo quiero decirles que mi corazón está hinchado de alegría y mi mente llena de ideas y planes para los eventos por venir. ¡Prometo contarles más detalles pronto y darles actualizaciones (aunque no abrumarlos) de mis preparativos para la boda!

Por hoy sólo escribiré que estoy agradecida con todo lo que la vida me ha dado: mi familia, mis amigos, mis estudios, todos los viajes y alegrías, todas las pérdidas y decepciones, y ahora también la oportunidad de seguir mis sueños al lado del amor de mi vida, de quien me hace sentir hermosa, fuerte, humana y plena todos los días.

¡Los quiero mucho! Gracias por ser parte de mi trayecto, por compartir este momento conmigo y por leerme siempre.

M.

Chez Nené – tradicional sabor y cariño francés

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Un poquito de historia

Cuando hablamos de comida francesa, muchas personas suelen creer el injusto estereotipo de que su cocina y sus maneras son pretenciosas e inalcanzables. Pero no siempre es verdad. La gastronomía francesa, al igual que la mexicana, la italiana o la japonesa, tiene sus distintas variantes, sabores y maneras de preparación. No voy a negar que al provenir de un país en un continente lejano los ingredientes pueden resultar inusuales y extraños, pero eso no significa que sus platillos no están hechos con el mismo amor y cariño con los que una abuela mexicana prepara gorditas o un lomo en salsa.

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Así lo relata el chef Gérard, que al visitar su restaurante tuve la suerte de que se sentara en mi mesa y me narrara que su gusto por la cocina lo heredó de su madre. Me platicó que nació en Algeria y que cuando estalló la guerra él y su familia regresaron a Francia, donde su padre abrió un hotel y su madre se encargaba de la cocina. Así comenzó él a desarrollar su pasión y cariño por la gastronomía, en la cocina y en los brazos de su mamá. Ya más grande, Gérard viajó a Estados Unidos a estudiar y trabajar, donde conoció a la que sería su esposa, Nené. Se hicieron novios y cerca de la playa vivieron unos años de vida libre y sin lujos, “muy hippie”, me dijo riéndose. Fue hasta que viajaron a Guadalajara para la boda de un familiar, que su suegro, el padre de Nené, insistió en que se quedaran y en que entrara al negocio de la venta de cocinas. “Acepté y me fue muy bien, la verdad”, comentó con su acento francés prominente.

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En los años siguientes, Gérard puso un establecimiento de comidas corridas, que después de un rato lo enfadó, puesto que no hacía preparaciones creativas ni fieles a sus raíces. Luego, abrió un pequeño restaurante francés, pero no fue sino hasta 1999 que Chez Nené abrió sus puertas, el lugar donde Gérard logró -y logra- destapar su creatividad y amor por la cocina. “Hay dos tipos de comida”, me enseña con seriedad y alegría, “hay comida para alimentarse y hay comida para el placer. El segundo tipo de comida no todas las personas la conocen, pero aquí en Chez Nené es lo que hacemos, comida para el placer”, asegura mientras parpadea sus ojos azules.

Sobre Chez Nené

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¡Y qué mayor motivación necesitan para ir a visitar este restaurante tan querido entre los tapatíos! ¡Qué satisfacción, qué bonito que te digan que ahí son vendedores de placer! Y a mí no me quedó ningunda duda con mi experiencia, pues desde que entras al local comienzas a empaparte del amor que hay en esa cocina. Ubicado en avenida Juan Palomar y Arias #426, en la colonia Vallarta Universidad, Chez Nené espera con la mesa puesta y el corazón abierto. Entrar a Chez Nené es como entrar a casa de tu mamá o de una tía muy querida, que por alguna extraña razón vive en la campiña francesa: hay mesas de todos los tamaños, cada una con un mantel distinto (de cerezas o flores o pájaros) y sillas de colores diferentes; en el recibidor, se sienta un refrigerador lleno de licores, quesos y mermeladas hechos en casa; las paredes están cubiertas de cuadros y pinturas que a lo largo de los años han ido coleccionando; una chimenea adorna y suma a la sensación de calidez; al fondo, el agua borbotea de una fuente que alegra la tarde; en el patio amarillo, un pequeño jardín de cactáceas y helechos adorna y da frescura al aire. Te sientes acogido, querido, invitado a esta casita que te ofrecerá lo más delicioso de comer o cenar. Además, en la noche el ambiente se vuelve aún más acogedor y romántico.

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El menú

Invité a mi mamá a comer y, luego de estacionarnos e ingresar al local, elegimos sentarnos en una mesita cerca del balcón. No pasaron dos minutos y Laura, una de las chefs ya nos recibía y nos ofrecía una bebida mientras nos acercaba el pizarrrón con el menú escrito. Sí, no hay cartas impresas, y se debe a que todos los días la oferta gastronómica del restaurante cambia. Aunque hay platillos clásicos que son fijos en el menú, como los escargots, la hamburguesa y el filete de res a la pimienta, las especialidades varían dependiendo a lo que el chef Gérard encuentre fresco y sabroso en el mercado y el rancho esa mañana: un conejo, un pato, ¡quizá hasta un jabalí!

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Mientras ordenábamos agua con hielos y un par de copas de cabernet sauvignon, Laura volvió a nuestra mesa con panecito calientito, queso curado con especias y una barrita de mantequilla para untar, suficiente para abrir nuestro apetito y comenzar con la experiencia de una comida francesa hecha en casa. Leímos con detenimiento el menú y escuchamos atentos al mesero que nos explicó amablemente cada uno de los platillos. Ese día, el chef Gérard Faure, optó por preparar como entradas: escargots al vino blanco, espárragos a la vinagreta, mousaka griega, ceviche francés, calabazas al gratin, y steak tartar. Además, había elaborado una sopa de pescado a la marsellesa, varias ensaladas muy frescas y la tradicional sopa de cebolla.

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Volvió Laura con nuestros vinos y ya con la boca salivando ordenamos los primeros tiempos: los escargots y la sopa de cebolla. Al ser preparaciones francesas muy típicas, mis expectativas eran muy altas, y les admito que me sorprendieron, ¡sobre todo los caracoles! Yo no había probado en Guadalajara unos escargots mejor cocinados y sazonados que los que comí en Chez Nené: con la mantequilla derretida, el ajo muy granulado y doradito, y el caracol en su punto. Monté cada uno sobre pan y los bañé con la mantequilla al vino blanco y especias, para después llevármelos a la boca. ¡Un manjar!

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Antes de terminar con nuestras entradas, y para dar el tiempo suficiente a la preparación de calidad de los platos fuertes, pedimos al mesero nuestra comida. Todas las opciones en la pizarra me hacían ojitos, pero tuve que optar por sólo una, ya me habían advertido que los platos eran abundantes. Sándwich de roast beef y mayonesa; lonja de mero al gusto; camarones a la crema y al vino blanco; hermosos langostinos al ajillo; confit de pato con salsa de frutos rojos; pierna de gallo a la portuguesa; coq au vin Lyonnais, lomo de cordero sobre polenta; rack de jabalí, ¡casi me fue imposible elegir! Sin embargo, seguí mi instinto y las sugerencias de nuestro mesero (¡quién sabe hasta cuando durarán el pato y los langostinos en el menú!): ordené el confit de pato con salsa de frutos rojos y, ¡qué bruto! ¡Estaba exquisito! La pierna, todavía con su piel doradita, estaba bañada en una salsa agridulce y espolvoreada con frambuesas, fresas y moras azules. A un lado, unas papitas con edamame y un jitomate al horno, ¡una combinación de sabores perfecta que no puedo esperar repetir!

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Por otro lado, mi mamá pidió los langostinos: tres langostinos enormes abiertos en mariposa, bien enmantequillados y con un adobo suave, pero sustancioso, literal, ¡para chuparte los dedos! De hecho el chef Gérard ya se había sentado a la mesa con nosotros y le insistía: “¡señora, use los dedos! ¡Que no le importe si la gente la voltea a ver! ¡Aquí se come con y por placer!”.

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Tras empecinarse unos instantes, aceptamos que el chef se levantara de nuestra mesa a prepararnos un postre. “Es una sorpresa”, nos dijo. Así que esperamos pacientemente (reitero que es cocina slow food, ya que todos los platillos son preparados al momento) a que nos ofreciera su creación. ¡Valió totalmente la pena! Gérard nos sirvió un panecito dulce bañado en jarabe de naranja y caramelo, sobre un espejo de crema inglesa, queso de cabra, nieve de vainilla y almendras ralladas. Si ustedes prefieren elegir su postre, el menú es amplio y tradicional: crème brûlée, fresas jubilee, crepas, pays y tártaras.

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Además de la comida, la plática con chef Gérard también fue deliciosa: nos platicó sobre sus hijos y sus perros (sus dos grandes amores); sobre los periódicos y cartas que lee y escribe; sobre cómo se naturalizó como mexicano junto con el chef y dueño del Pierrot; nos confesó que le encanta comer tacos de sahuayo, que prepara un menudo muy sabroso, y que lo hace feliz preparar comida para sus comensales, tanto así que ofrece el servicio de ir a tu domicilio y cocinar para tus eventos especiales. También me señaló realidades que todavía me tienen en una profunda reflexión: “a México le hace falta que lo quieran. Los mexicanos tienen que querer más a su país. Yo soy mexicano y digo que tenemos que quererlo más; si realmente lo quisiéramos, podríamos levantarlo en pocos años”. Y creo que es verdad. Nuestro país necesita amor, y una manera de demostrarlo es apoyando los proyectos locales, los proyectos de quienes lo quieren vivo, seguro y abundante.

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Mi visita a Chez Nené es un ejemplo perfecto de por qué escribo y dedico mi tiempo a Ojos Mexicanos. Por eso, realmente los invito a que visiten este restaurancito francés y no sólo coman delicioso, sino que se sientan en casa, en confianza, y en un pedacito que añora a un México seguro, próspero y lleno de amor. Y para asegurarme de que por lo menos algunos de ustedes vayan, ¡les tengo una sorpresa padrísima! Voy a regalar cortesías dobles para una comida/cena parisina en Chez Nené a las tres personas que completen la siguiente dinámica:

1. Sigue a Chez Nené en Instagram (@cheznene).

2. Sígueme en Facebook, encuentra este post y responde a quién te gustaría invitar a Chez Nené y por qué. Una vez que hayas respondido comparte el post en tu muro y en el de un amigo.

3. Anunciaré a los ganadores en la noche, ¡elegiré a las mejores respuestas!

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Mazamitla, Monteverde y Green Forest Tours: ¡mezcla perfecta de aventura y relax!

monteverde1Hace no tanto escribí una reseña sobre Mazamitla, ¡pero hoy les tengo una mejor! ¿Por qué? Porque regresé a este Pueblo Mágico y descubrí que no sólo puedes pasarla a gusto con tus amigos y familia frente a un asador o una fogata, sino que hay miles de actividades más que harán que tengas un fin de semana con la combinación perfecta entre lo extremo y la relajación, lo divertido y la calma y reflexión que muchas veces la sierra provoca.

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Me fui de viernes a domingo y me llevé (sí, porque yo los invité) a mis papás, mi hermana, René, mis primas Sofi y Andrea, y a Óscar, novio de ésta última. Ocho en total, llegamos a una cabaña hermosa y súper amplia en Hotel Monteverde. ¡Tenía muchísimo sin vistar este hotel! Y verdaderamente quedé sorprendida. El lugar, ¡bellísimo! Lleno de vegetación, calles empedradas, flores, cactáceas, aves, mariposas y, ¡lo más importante!, las coníferas altas y orgullosas de ser bosque mexicano.  Me encantó Monteverde porque más que parecer un hotel del montón, parece un coto donde sabes que está tu cabaña lista para hacerte sentir tan cómoda como en tu hogar. Los espacios entre cabañas son considerables y todas están a diferentes alturas y niveles de la colina, por lo que te sientes tranquilo y en privacidad, sólo con tu familia o tus amigos.

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Te estacionas justo afuera de tu cabaña, bajas unos escalones y te encuentras con una terraza de madera, banquitas de metal, un asador y la vista más espléndida: las montañas cubiertas de pinos y musgo, el sol naranja y las nubes rosas, los techos de teja y sus figuras. Yo elegí hospedarme en una cabaña grande, y ¡realmente es grande! Abres la puerta y crujen los pisos de duela con tus pisadas. A la izquierda, un comedor con ocho sillas y la mesa puesta para la cena; a la derecha, una cocina de azulejos blancos y una barra con taburetes altos; enfrente, un baño completo, impecable, justo en medio de dos recámaras acogedoras: la primera con una cama king size y la segunda con un par de literas. Ahí mismo en la planta baja te espera una sala grande con ventanas altas y una chimenea llena de leña por si la quieres prender. Subes las escaleras y la sorpresa es grata: un cuarto de juegos con una mesa forrada de fieltro verde para jugar cartas y dominó en la noche, una televisión por si quieres ver el partido de futbol, otro baño completo y, al fondo, otra recámara con dos camas individuales y una puertita que te saca a un balcón que más parece otra terraza con la misma vista espectacular.

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Una vez instalados, salimos a explorar un poco el lugar. Seguimos un sendero de piedras y al llegar al bosque continuamos por un camino de tierra y agujas de pino. La senda tiene señalamientos, por si quisieras hacer ejercicios con distancias específicas o salir a correr. En la caminata pasamos una cancha de tenis y finalmente nos topamos con la Pista Comando, y bueno, mi papá y mi hermana se volvieron locos: rodeados de árboles treparon redes, brincaron sobre llantas, se balancearon en troncos, jugaron carreritas en telarañas de cuerda. ¡Está padrísima para hacer competencias con toda tu familia o tus amigos!

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Volvimos a la cabaña ya con algo de hambre y nos fuimos al pueblo a cenar y tomar algo. Decidimos probar un cafecito, Cantaritos Bistro, en la mera plaza principal. Nos sentamos en el balcón y nos entretuvimos jugando dominó y armando rompecabezas mientras comíamos crepas de nutella, sandwichitos de jamón y queso y tomábamos vino tinto y carajillos, suficiente para que después de un par de horas nos diera sueño, y qué bueno porque el siguiente día empezaría temprano.

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monteverde7El sábado fuimos a desayunar temprano a mi restaurante favorito, Posada Mazamitla Restaurant, porque para mí es pecado ir al pueblo y no comer sus chilaquiles, su crema y su quesito fresco, acompañados de una taza de café. Y a las 10:30 ya estabamos caminando de regreso a la cabaña, satisfechos y felices, a lavarnos los dientes y prepararnos para el primer tour del fin de semana: el paseo en caballo. Justo saliendo de Monteverde y al a derecha están las instalaciones de Green Forest Tours, con todo el equipo, los camiones, los paquetes y seguridad para que descubras el otro lado de la sierra: el intrépido.

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Hicimos la Ruta del Tigre y el paseo en caballo duró una hora y media. Recorrimos una zona rural que colinda con el bosque, llena de casas bonitas y paisajes pintorescos. Mi yegua, Gitana, y el caballo de René, Apache, convenientemente buscaban estar juntos y si él galopaba, iba yo detrás de él. Fue un recorrido, ¡una mañana!, muy pero muy bonita.

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Al término del recorrido volvimos a la cabaña. Ya las 13 horas es momento justo de destapar las cervezas, servir los mezcales, sacar el cubilete y prender el asador. Hay algo sobre asar carne que une a las familias y a los amigos: todos poner la mesa, ver cómo se preparan los alimentos, pasar la salsa, las cebollitas, contar chistes e historias, querer colaborar. Son momentos en los que realmente disfrutas tu vida y tu compañía. Nosotros tuvimos un festín: carne de Chihuahua, chorizo, nopales asados, cebollas, chistorra, chiles güeros rellenos de queso, frijolitos, quesadillas, salsas, chimichurris, vino tinto y Legendario Domingo mezcal.

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Y nos dieron las 17:30 y ya todos alegres después de semejante comilona limpiamos y guardamos todo y volvimos a Green Forest Tours para el segundo del día: un recorrido en camioncito para ver el atardecer en el Bosque de las Hadas. En compañía de otras 12 personas y con una guía muy simpática, nos trepamos al bus y nos dirigimos al corazón de la sierra para aprender acerca de la flora y fauna de la región y ver desde un mirador la caída del día y del sol. No sé si es porque nosotros íbamos llenos de alegría, pero pareciera que contagiamos a todos los tripulantes del camión. Íbamos cantando, jugando, ¡hasta dando unos traguitos a una botella de tinto que mi papá metió de contrabando!

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Por fin llegamos a un alto y la guía nos invitó a bajar y a recorrer una vereda que nos internaría a un más al bosque y a sus leyendas. A mitad de la caminata comenzó a chispear, pero el agua no pareció molestar a nadie, pues continuamos con el recorrido, tomamos mucha fotos y sólo hasta el regreso nos refugiamos en un pequeño local que vendía café de olla, cajetas, dulces y chocolate caliente recién hecho. Volvimos al camión y continuamos el trayecto de regreso. Una vez en la cabaña pusimos algo de música y platicamos un rato más hasta que nos venció el sueño y entendimos que el día llegaba a un perfecto final.

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El domingo por la mañana también nos despertamos tempranito, tocaba el último y más alocado de los tours: ¡las tirolesas! Después de desayunar unos huevitos estrellados y un jugo de naranja en el El Kiosko, ahí mismo en Monteverde, y empacar todas nuestras cosas y subir las maletas a los carros, regresamos a Green Forest Tours para la última aventura. Nuevamente nos subimos a un camión que nos llevó a lo más alto de la Sierra (un ascenso de aproximadamente 25 minutos) y nos dejó en la estación de las tirolesas.

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No les voy a mentir, yo iba nerviosa, las alturas en ambientes salvajes y naturales no son mi fuerte, pero decidida a vencer mi miedo y completar no sólo el circuito panorámico (con seis tirolesas), sino el extremo (con siete tirolesas). Como una persona con algo de miedo (terror) a las alturas les puedo asegurar que todo el equipo que te provee Green Forest Tours, además de los instructores que te orientan en la experiencia son súper seguros y profesionales; además de que las instalaciones son nuevas y están certificadas por Protección Civil (¡prometo que investigué todo antes de animarme!). Y la verdad es que no se siente tan terrible como cree uno, al revés, dejarte de ir -aunque en un principio es intimidante y aterrrador- te llena de una sensación de libertad y poder que sólo experiencias retadoras como esta te regalan. Además, las vistas son impresionantes y el aire es fresquísimo, ¡yo lo volvería a hacer! ¡Y realmente los invito a que ustedes también lo vivan! ¡No sólo dejen que yo les cuente y escriba! ¡Atrévanse!

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Realmente estoy muy agradecida por mi fin de semana en Mazamitla. A veces nos da flojera salir de nuestras casas, pero la verdad es que a pocos kilómetros de la ciudad tenemos opciones hermosas que es una obligación conocer y visitar. Podemos planear el fin de semana que se nos antoje: uno tranquilo, donde quieras relajarte y disfrutar de las vistas, la comida y los amigos; uno intrépido, lleno de emociones, aventuras y recorridos, o uno como el que yo acabo de vivir, con la mezcla perfecta de relajación y aventura, siempre acompañado de buena comida y de personas a las que quiero y con las que siempre puedo platicar, reír y disfrutar.

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¿Qué han hecho ustedes últimamente? ¿Conocen Monteverde o han participado en los tours de Green Forest? ¿A dónde más me recomiendan ir para escribir y reseñar? Espero todos sus comentarios, ¡ya saben que los quiero!

Bonito fin de semana,

M.

¡10 ideas de regalos para este Día de las Madres!

IMG_0094¡Hola a todos! Otra vez jueves, ¡qué rápido pasan las semanas! ¡De pronto ya recorrimos la mitad del año y estamos en mayo! ¿Y recuerdan qué viene con mayo? Además del extenuante calor y la inminencia del verano y sus días de playa… ¡El Día de las Madres! Estarán de acuerdo conmigo en que todo el año debemos agradecer que tenemos una mamá que nos dio la vida, nos cuida, quiere, aconseja, ayuda, limpia nuestros desastres y se empeña para que siempre tengamos lo que nos hace falta, además de un lugar al cual llamar hogar. Sin embargo, yo también soy de la idea de que el Día de las Madres hay que apapacharlas y consentirlas, recordarles que las amamos y que, así como ellas lo demuestran, también cuentan con nuestro apoyo incondicional.

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Por eso (y porque sé que a veces resulta complicado elegir un regalo para ellas) hoy les comparto una lista de diez opciones de obsequios y detalles perfectos para hacer a su mami sonreír este día tan significativo. Lo padre de mi lista es que encontrarán desde detalles hechos en casa, que no implicarán mucho gasto, hasta regalitos un poco más elaborados o que requerirán un poquito más de inversión, ¡aunque les aseguro que valdrán la pena! Lo que más tomé en cuenta al momento de armarla fue que, más que algo impersonal e indiferente, cualquiera de las opciones privilegiara el tiempo de calidad que una madre y sus hijos pueden y deberían tener. ¿No es eso lo más importante? ¿Compartir con ellas en su día? Así que, la lista:

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1. Portarretratos y scrapbooks – en estos tiempos en los que todo es digital, muchas de las fotografías que tomamos en nuestros viajes, eventos, celebraciones y hasta en el día a día quedan perdidas en algún rincón de la nube. Y por más que sea práctico saber que siempre puedes reenviar algo por mail o Whatsapp, los álbumes, scrapbooks y portarretratos nuncada dejarán de otorgar un suspiro de nostalgia y alegría que lo electrónico no logra. Además, no creo que sólo sean mi madre y mi abuela las que se la pasen diciendo: “Mony, imprímeme mis fotos” o “Mony, ¿cuándo me vas a llenar esos portas con fotos?” o “A ver cuándo me imprimes una foto grande de todos los nietos para colgarla en mi sala”. Así que anímense a explotar su creatividad y habilidades manuales y armen un álbum lleno de recortes, calcomanías, letreritos, ¡pueden incluir hasta cartitas! Será un detalle hermoso que le encantará a tu mamá.

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2. Llévala a desayunar – Siendo la foodie que soy, no falta que ésta sea una de mis opciones preferidos. Me gustan los desayunos porque siempre tienen un aire de frescura y alegría, ¡son la manera perfecta de empezar tu día! Como el 10 de mayo cae en domingo este año, puedes aprovechar para llevarla a un lugar bonito de brunch. ¡Gaspar, Cornelio, La Cafetería, Dainzú o La Boulangerie Central son opciones perfectas! O si prefieres no salir, ¿qué tal llevarle desayuno a la cama? Un par de huevitos estrellados, pan tostado con mermelada o aguacate, cafecito y un jugo de naranja… ¡no olvides adornar la bandeja con una flor!

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3. Manis y pedis para las dos (¡pasen tiempo juntas!) – A las mujeres nos fascina que nos chiqueen y nos consientan y, ¿qué mejor que un día de manicure y pedicure madre e hija? Pueden ir a un salón bonito como Biuty Bardonde pueden tomar un té, café o hasta unos cocktails, platica y ponerse al tanto, y disfrutar de un masajito en la espalda (tienen sillas masajeadoras) mientras les dejan las uñas muy coquetas para seguir con los festejos. ¡Quiero ya! ¡Lástima, Mami, que ya te tengo otra cosita! ¡Ja!

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4. Masaje – Y para seguir con los mimos, ¡un masaje! Yo ya le he regalado a mi madre un día de Spa y se los juro que quedó encantada. Además, muchos Spas lanzan promociones en estas fechas, por lo que podría no resultar tan caro como suele ser. Podrían, por ejemplo, juntarse con sus hermanos y entre todos pagar un circuito que incluya los hidromasajes, un envoltorio y exfoliante de chocolate y un masaje, ¿cómo ven? La verdad es que las mamás viven tensas y lo merecen.

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5. Cupones divertidos – Esta es una idea padrísima que además se ajusta a todos los presupuestos. Se trata de hacer cupones bonitos (¡échenle ganas! Tampoco se pasen y arranquen unas hojas de su cuaderno a las que ni les quiten las barbitas y en las que escriban con plumas Bic) y en cada uno anotar un premio que con los días podrá ir canjeando su mami. Una vez yo hice esto para un novio: horneé galletas y envolví cada una con celofán, acompañada de un cupón enmicado (por un lado decía “Cupón” y por el otro, “Vale por un abrazo” o “Vale por una nieve” o “Vale por un secreto” o “Vale por una ida al cine”). ¡Esta idea es divertida y además asegura momentos bonitos a futuro!

6. ¡Una maceta! – Sí, sí, no es sorpresa que a mí me gustan mucho las plantas, pero piénsenlo. Uno de los regalos más comunes en este día es un ramo de flores, ¿así que por qué no darle un giro? Yo sugiero que les regalen una maceta muy mona con una suculenta, que además de que se verán hermosas, ¡no necesitan mucho cuidado! Hay varios lugares donde pueden conseguir unas macetas hermosas: ¡Succulentum y Pikmi son de mis favoritas!

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7. Una blusita siempre cae bien – Literal eso fue lo que dijo mi mamá cuando le pregunté por ideas de regalos para el Día de la Madre. ¡Y sí es cierto! En esta primavera, una blusita blanca o llena de flores es una opción fácil y segura para tener a su madre feliz, fresca y satisfecha. No tiene por qué ser cara. Yo les confieso que a mí Zara nunca me falla, pues por $400 pesos encontrarás algo muy lindo que seguró apreciará.

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8. Concierto – Si tienes la suerte de que su artista favorito ofrecerá un concierto pronto en la ciudad, ¡no lo pienses más! Comprar un par de boletos para que baile y cante o se le lloren los ojos con baladas románticas garantiza un rato de diversión y estoy segura de que la tomarás por sorpresa. Por ejemplo, tómenlo o déjenlo, Miguel Bosé estará en el Auditorio Telmex el 22 y 23 de mayo y Ricky Martin se presentará en el mismo lugar el 17 y el 18 de junio.

9. Collares y detalles – Otro regalo bonito y perfecto para obsequiar este 10 de mayo es un collar sencillo, pero hermoso que demuestre que conoces los gustos y preferencias de tu mamá. Una cadena de chapa de oro con un dije significativo, o un collar de plata con características, símbolos, piedras y colores muy mexicanos, son la opción ideal. A mí me encantan los collares con dijes que deletrean tu nombre, ¡hasta pueden hacerse collares iguales (obvio cada quien con su nombre)! Si quieres conseguir modelos padrísimos y a precios razonables no dudes en ir a Tierra Rossa y Gabriela Sánchez.

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10. Carta – Por último, si quieres mantenerte en el plano de lo íntimo y tu bolsillo está más ajustado, esta regalo te parecerá el mejor (la verdad es que yo siempre procuro escribirle a mi mamá unas palabras bonitas, sin importar lo que decida regalarle). ¡Una carta! Una carta en donde le recuerdes lo mucho que la quieres, lo mucho que te ayuda, lo mucho que la amas a pesar de que algunos días puedan discutir o pelear. ¿Mis consejos para escribir una carta? ¡Sal de los clichés! No le escribas: “Mami, te quiero mil y nunca cambies”. ¡No! Trata de ser específica, de narrar los momentos exactos en los que te ha hecho sentir querida, tranquila y apoyada, como cuando te rescató de una fiesta, te consiguió las cajas de cartón que estabas buscando con desesperación, o sólo cuando se dio cuenta de que estabas triste y te invitó a tomar un café, al cine y a platicar.

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¿Cómo ven? Con tantas opciones ya no tienen excusa para no tenerle a su mamá un detalle bonito el próximo domingo. No necesitan un presupuesto amplio, ni demasiada destreza manual para armar un regalo desde el corazón que seguramente su madre agradecerá y apreciará con mucha alegría. ¿Por cuál optarán ustedes? ¡Háganmelo saber! ¡Compártanme otras ideas! Ya saben que me encanta leerlos.

Besos y abrazos a todos,

M.