Días de descanso en Vallarta

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Me tomé unos días de descanso y me fui a la playa. No sé si lo sepan, pero en el periódico mis descansos no son fijos, así que mis fines de semana pasan de ser de fiesta intensa una semana (cuando tengo libre viernes y sábado) a una tranquilidad exponencial a la siguiente (cuando descanso domingo y lunes). En esta ocasión, descansar domingo y lunes (que suele ser la opción que no prefiero) tuvo sus beneficios, y es que en el periódico nos dieron libre el 15 de septiembre (no salió periódico el 16), así que yo sí, a diferencia de la gran mayoría de ustedes -y sí me estoy burlando un poquito-, tuve puente. Me fui entonces a Vallarta con mi mamá, que no pierde oportunidad para salir de la ciudad y tomarse unas vacaciones, y gocé de unos días repletos de sol, arena, mariscos y descanso.

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¿Por qué les platico esto? Sinceramente, porque la pasé tan bien que es lo que más tengo ganas de compartirles el día de hoy. Más que la recomendación de un restaurante, hoy ofrezco la recomendación de unos días de verdadero descanso, de unos días de calma, de unos días de desconectarse del trabajo y los pendientes, y hasta los compromisos sociales, para luego regresar con mayor ánimos a despacharlos. ¿Que qué me gusta hacer a mí en la playa para descansar? Todo dependerá de mi humor, aunque generalmente suele ser el mismo: uno calmo, sin prisas, con predilección por mi casa más que por algún rincón de moda o de tumultos.

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En estos días me desperté cuando el cuerpo quiso despertar; salí a correr sólo lo que las piernas me aguantaron; ¡desayuné! (aunque no lo crean casi nunca desayuno entre semana) y tomé café en el balcón y viendo al mar; bajé a la playa y leí en un camastro acurrucado en la arena; me bañé en el mar cuando el calor comenzaba a adormilarme; tomé agua de coco; comí pescado, camarones y carpaccios de pulpo; vi la televisión acostada en mi cama; volví a tomar café a las seis de la tarde y me comí un par de chocolates; platiqué con mi mamá y tomamos vino viendo puestas de sol; me dormí temprano. Sí salimos a comer a Mariscos Titi’s un día y a cenar a Frascati (¡delicioso y bonito, por cierto!) en la Cruz de Huanacaxtle en otra ocasión, pero fueron salidas breves y ricas, de esas que aumentan el descanso y no propician el agotamiento.

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No saben cuánto atesoro fines de semana como estos. Me permiten ponerme al día con mi sueño, con mis libros, con mi cuerpo. Y como no suceden con frecuencia, más los vivo con plenitud, más los agradezco. La próxima semana volveré a escribir sobre algún restaurante o cafecito que descubra, pero por hoy, es todo, sólo este breve comentario de mi felicidad.

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2 thoughts on “Días de descanso en Vallarta

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