Casa Fuerte – ¡mi favorito en Tlaquepaque!

El fin de semana pasado cumplí seis años de novia con René y, para variarle a nuestra celebración anual y festejar con muchos ánimos y cariño nuestro último aniversario de noviazgo, decidimos ir a comer a Tlaquepaque. Ya salir a las afueras de la ciudad es suficiente para que el día tome otro ambiente y color, para que la emoción y el espíritu caminen contentos y para que las cervezas y los tequilas sepan mejor. Sobra decir que  yo además iba suspirando miel y cariño…

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Llegamos a Tlaquepaque a eso de las dos de la tarde y, como habíamos desayunado antes en Becada, tuvimos la oportunidad de no sentarnos en el restaurante inmediatamente, sino de caminar por la calle principal y curiosear entre las tiendas de artesanías y antigüedades.

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Entrar a las casonas llenas de cojines tejidos, lámparas de fierro, velas aromáticas y figurines de cerámica tomada de la mano de René fue para mí algo muy especial. No sólo nunca habíamos ido solos a recorrer Tlaquepaque, sino que sentí la ilusión de ver mesas de café y manteles que podrían llevar algo de nuestro México a nuestro futuro y extranjero hogar. No compramos nada, ¡ni siquiera sabemos en qué lugar de Estados Unidos vamos a vivir!, pero el anhelo de nuestro próximo huevito del amor no se ha esfumado de mi cabeza.

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Después de una hora, el calor nos venció y nos regresó a nuestro principal destino y quizá mi restaurante favorito en Tlaquepaque: Casa Fuerte (Independencia 224). Me gusta todo sobre este lugar: entrar por un arco de follaje y pisar y oler las agujas de pino en el ingreso; el frescor de su patio central y la música con dejos jarochos que vuela desde la esquina del fondo; el niño que baila en una fuente de cantera y mosaico; los espejos con lámina de colores que reflejan las paredes amarillas; la familia de meseros siempre amables y orgullosos de su cocina, y su comida, siempre casera y abundante.

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Pasamos a lavarnos la cara y cuando regresé a la mesa ya estaban nuestras cervezas y el guacamole esperándonos. Pedí además un molcajete con queso fundido, empanizado y bañado en una salsa verde, uno de mis favoritos de la carta, y así, Ren y yo tomamos nuestras cervezas y botaneamos el guacamole y el queso con tortillitas y totopos, tranquilos, sin prisas, platicando sobre los seis años que hemos recorrido juntos y todos los planes que tenemos para aquellos por venir. Medité un momento si pedir la Torta de Elote Colonial, ¡me encanta en Casa Fuerte! Pero no quería dejar de pedir mi plato fuerte, así que será hasta la próxima vez que la coma con su salsita cremosa de poblanos…

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Nos dimos un espacio luego de las entradas -esto es lo bonito de no tener prisa-, yo pedí una margarita de limón y leímos con calma el menú. Yo no tardé mucho en decidirme, para mí, en esta época del año la cocina mexicana sólo tiene una opción, pero René sí debatió entre ordenar unas enmoladas, un pollo con mole o un filete Pepe el Toro. Cuando llegó el mesero, yo pedí mi chile en nogada, por lo cual el mesero me felicitó muy emocionado, y Ren se decidió por la carne bañada en una salsa de vino tinto, tuétano fresco y champiñones salteados.

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Los platos llegaron pronto y mi chile estaba delicioso. Siguiendo la tradicional receta poblana, el relleno de carne, la salsa de nuez y la granada fueron un verdadero manjar. La carne también estuvo muy sabrosa, al término medio que tanto nos gusta. En otras ocasiones yo he ordenado la Sábana Huasteca, que va cubierta con frijolitos y una salsa de chile pasilla y queso Oaxaca gratinado, ¡también la disfruto un montón! Y en otras más he pedido el Chamorro Adobado con Plátano Macho, que si les gusta el chamorro, no se lo pueden perder. Sin duda la cocina de Casa Fuerte no sólo cumple, sino que supera tus expectativas, además de que en ese ambiente que crean y proponen, todo tiene mejor sabor.

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Confieso que después de tanta comida, poco espacio quedó para el postre. Pero eso sí, no perdoné el café y me lo tomé a traguitos, mientras René se recargaba en mi hombro, agotado por el mal del puerco. Salimos de ahí como a las seis de la tarde, fue una comida prolongada, deliciosa y llena de amor y Tlaquepaque fue la opción perfecta. De verdad les recomiendo que vayan y disfruten de este lugar tan bonito que tenemos tan cerquita. No tienen que ir en pareja, también es un lugar para convivir con la familia y los amigos, para comer rico, para tomar mejor, y para comprar muebles, artesanías y manteles tradicionales y llenos de color.

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¿Cuál es su restaurante favorito en Tlaquepaque? ¿Qué tienda no pueden dejar de visitar cada que van? Ya saben que me encantan sus comentarios y opiniones, así que no duden en responder.

Abrazos a todos,

M.

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3 thoughts on “Casa Fuerte – ¡mi favorito en Tlaquepaque!

  1. ¡Me dio mil nostalgia/antojo ver tanta comida mexicana! Yo simplemente AMO Tlaquepaque, ¡por algo nos casamos ahí! jajaja. Me encanta sentir que me transporto a la época en que se podía vivir en esas casonas y no sólo ir de compras… y muero por regresar y comprar cosas de decoración para nuestra casa en este lado del mundo. Y si yo fuera tú, iría comprando una que otra cosita, como manteles bordados, porta vasos bordados… ese tipo de cosas que combina con todo 😉

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