Bocas del Toro, paraíso en Panamá

No cabe duda de que en el mar, la vida es más sabrosa… Relajas el cuerpo, despejas la cabeza, te tomas unos tragos a las once de la mañana sin remordimientos y los mariscos son frescos y deliciosos. ¡Las ventajas de vivir cerca de la playa! Y si algo he desquitado de radicar en la ciudad de Panamá, es la cercanía a islas paradisiacas. Aunque lo que se dice cerca, cerca, tampoco estamos, o mejor dicho, es relativo. Aquí en la ciudad no hay playa y la desafortunada y triste verdad es que las que están a sólo cuarenta minutos están tan contaminadas que te recomiendan no meterte al agua. Así que si quieres disfrutar un día playero tienes que manejar un par de horas, o bien, tomar un vuelo de tan sólo 40 minutos y escaparte a un archipiélago irreal cerquita de las aguas costarricenses (¡por carretera haces como 10 horas!, así que por 120 dólares vale la pena tomar el avión).

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En Santa Clara, cerca de Coclé, a dos horas de la ciudad en carro

Bocas del Toro se llama este paraíso protegido por la UNESCO y parque nacional, y es un conjunto de nueve islas mayores, 52 cayos y miles de islitas pequeñas. También conocido como el Galápagos caribeño, Bocas es una de las regiones más diversas del planeta, hogar de una fauna tropical lustrosa, de corales resplandecientes y animales que sólo en ecosistemas privilegiados como este podrás observar.

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La vista desde el avión

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Isla Carenero

René y yo tuvimos la oportunidad de conocer este espacio caribeño hace unos días, ¡y quedamos maravillados! Para empezar, creo que la suerte estuvo de nuestro lado, porque sin saber planeamos el viaje durante una de las épocas más lluviosas del año, y aunque unos días antes el país fue azotado por una serie de agresivas tormentas tropicales, la vida nos regaló puros días soleados y escasos de nubarrones. Llegamos un sábado a las 2:30 pm y caminamos del aeropuerto al hotel (10 minutos máximo; el pueblo mide como 15 cuadras, sin exagerar). Nos hospedamos en lo que concluimos, luego de nuestra estancia y de nuestro juicio, en uno de los mejores hoteles de Isla Colón (la más grande): Tropical Suites. Sin mayor lujo, pero con clara limpieza, un equipo amabilísimo y un acceso privado al agua, el hotel se impone ante los muchos hostalitos que salpican el lugar.

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Hotel El Faro

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Isla Carenero

La conciérge nos explicó que en Bocas el medio de transporte cotidiano son las lanchas, que te llevan de una isla a otra por entre 2 y 8 dólares por persona (viaje sencillo) dependiendo de la distancia. Así que luego de cambiarnos y refrescarnos la cara esperamos una que nos llevaría a Isla Carenero (la más próxima). No sé si lo sepan, pero a mí me encantan pasearme en lancha: sentir el viento revolverme el pelo, respirar la sal, admirar el cambio de tonos en el mar… La vacación cobra un sentido más trascendente arriba de una lancha, los ojos se rebosan y los corazones se hinchan, o por lo menos así me pasa a mí.

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Encontramos un paraíso en Carenero (¡pareciera que cada isla y cada playa me regala uno!) con su mar verde, sus palmeras serenas y su Bibi’s (un restaurante sobre el agua), con jugos frescos de papaya y ceviche con maracuyá. Comimos gustosos, aprovechamos la hora feliz, flotamos un rato en la orilla del mar y con la puesta de sol regresamos al hotel para cambiarnos y recorrer el pueblo en busca de un lugarcito para cenar.

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Caminamos cinco cuadritas, haciendo paradas para revisar los menús y absorber la vibra relajada de cada local. Finalmente nos decidimos por Bocart, donde pedimos un par de copas de vino, un tiradito, y un surtido de nigiris para picar. Al fondo, tres chavos tocaban música y alegraban el ambiente ya colorido por las paredes pintadas con motivos tribales.

Al día siguiente nos alistamos tempranito para salir a desayunar antes de tomar el tour que contratamos para visitar diferentes islas y observar su vegetación y fauna. El desayuno en Buena Vista nos dejó muy satisfechos: café, fruta, huevos estrellados, salsita picante, tocino… Y a las 9:15 estábamos listos en el hotel esperando a que Ariel de Coopegui Tours (Cooperativa de Guías de Tours) nos recogiera. Hay muchas empresas que ofrecen el tour (porque realmente es el mismo) y en todas sale al mismo precio (30 dólares por persona), pero de regresar a Bocas, buscaríamos nuevamente a Ariel, que fue muy amable y nos atendió súper bien. ¿Qué incluye el paseo? El transporte en lancha a Dolphin Cove para ver los delfines, una parada en Starfish Bay para ver estrellas de mar y medusas, el transporte a Cayo Zapatilla para pasar tres horas en sus aguas turquesas, una hora de snorkeling, la parada en un restaurante (la comida no está incluida) y una parada a la Isla de los Perezosos para ver los osos y tomar fotos.

¡La verdad es que cada dólar invertido en el tour vale la pena! Los trayectos en la lancha son hermosos: de aguas profundas, verdes y silenciosas a mareas brinconas, alegres, de color índigo. En efecto vimos los delfines jugar y saltar, las estrellas tomar el sol tranquilas, las medusas pulular. Gozamos un par de horas soleadas en las arenas blancas de Cayo Zapatilla, tomamos cervezas heladas, encontramos frescura en el mar. También nos sumergimos en tierra de corales y avistamos peces haciendo cosas de peces, comimos mariscos y para culminar, vimos a un perezoso bajar de las ramas para llegar al mar.

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Perezoso en la Isla de los Perezosos

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A las cinco de la tarde, quemados y felices llegamos al hotel a bañarnos, descansar un ratito y cambiarnos para cenar. La primera parada fue en La Buguita para tomar unos drinks y una botanita (hummus con tostas de coco) frente al mar. También con música en vivo, disfrutamos el inicio de la noche. Luego nos trasladamos a Raw Fusión, donde nos encontramos a otra pareja que tomó el mismo tour con nosotros y con quien compartimos la mesa llena de noodles y sushi.

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Nuestro último día en Bocas del Toro lo aprovechamos para conocer la famosa playa Red Frog. Como su nombre lo dice, esta isla es hogar para hermosas ranas rojas, además de monos, perezosos, un par de caimanes pequeños y una vegetación cercana a la de un manglar. Además de echarte en la arena a asolearte, esta playa es perfecta para aprender a surfear (puedes tomar clases) y caminar en la selva a descubrir sus secretos.

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Cerramos el día y el viaje con una rica comida en Buena Vista. Pedimos una ensalada thai que resultó ser más pasta que verduras y una hamburguesa, y con la barriga satisfecha caminamos al aeropuerto a tomar nuestro avión de regreso a la ciudad.

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Bocas del Toro se ganó un lugar especial en mi corazón. Su belleza vegetal y animal, sus atardeceres, su vibra relajada, y la oportunidad de descubrir paisajes y especies para mí sólo antes vistas en televisión me convenció de que este archipiélago es una joya natural que debe conocerse y a la que tendré que regresar. Además me queda pendiente aprender a bucear y descubrir su fondo marino, pasear en algún catamarán y visitar Playa Estrella para encontrarme con otro paraíso que este mundo tan generoso ofrece a sus habitantes.

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Mazamitla, Monteverde y Green Forest Tours: ¡mezcla perfecta de aventura y relax!

monteverde1Hace no tanto escribí una reseña sobre Mazamitla, ¡pero hoy les tengo una mejor! ¿Por qué? Porque regresé a este Pueblo Mágico y descubrí que no sólo puedes pasarla a gusto con tus amigos y familia frente a un asador o una fogata, sino que hay miles de actividades más que harán que tengas un fin de semana con la combinación perfecta entre lo extremo y la relajación, lo divertido y la calma y reflexión que muchas veces la sierra provoca.

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Me fui de viernes a domingo y me llevé (sí, porque yo los invité) a mis papás, mi hermana, René, mis primas Sofi y Andrea, y a Óscar, novio de ésta última. Ocho en total, llegamos a una cabaña hermosa y súper amplia en Hotel Monteverde. ¡Tenía muchísimo sin vistar este hotel! Y verdaderamente quedé sorprendida. El lugar, ¡bellísimo! Lleno de vegetación, calles empedradas, flores, cactáceas, aves, mariposas y, ¡lo más importante!, las coníferas altas y orgullosas de ser bosque mexicano.  Me encantó Monteverde porque más que parecer un hotel del montón, parece un coto donde sabes que está tu cabaña lista para hacerte sentir tan cómoda como en tu hogar. Los espacios entre cabañas son considerables y todas están a diferentes alturas y niveles de la colina, por lo que te sientes tranquilo y en privacidad, sólo con tu familia o tus amigos.

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Te estacionas justo afuera de tu cabaña, bajas unos escalones y te encuentras con una terraza de madera, banquitas de metal, un asador y la vista más espléndida: las montañas cubiertas de pinos y musgo, el sol naranja y las nubes rosas, los techos de teja y sus figuras. Yo elegí hospedarme en una cabaña grande, y ¡realmente es grande! Abres la puerta y crujen los pisos de duela con tus pisadas. A la izquierda, un comedor con ocho sillas y la mesa puesta para la cena; a la derecha, una cocina de azulejos blancos y una barra con taburetes altos; enfrente, un baño completo, impecable, justo en medio de dos recámaras acogedoras: la primera con una cama king size y la segunda con un par de literas. Ahí mismo en la planta baja te espera una sala grande con ventanas altas y una chimenea llena de leña por si la quieres prender. Subes las escaleras y la sorpresa es grata: un cuarto de juegos con una mesa forrada de fieltro verde para jugar cartas y dominó en la noche, una televisión por si quieres ver el partido de futbol, otro baño completo y, al fondo, otra recámara con dos camas individuales y una puertita que te saca a un balcón que más parece otra terraza con la misma vista espectacular.

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Una vez instalados, salimos a explorar un poco el lugar. Seguimos un sendero de piedras y al llegar al bosque continuamos por un camino de tierra y agujas de pino. La senda tiene señalamientos, por si quisieras hacer ejercicios con distancias específicas o salir a correr. En la caminata pasamos una cancha de tenis y finalmente nos topamos con la Pista Comando, y bueno, mi papá y mi hermana se volvieron locos: rodeados de árboles treparon redes, brincaron sobre llantas, se balancearon en troncos, jugaron carreritas en telarañas de cuerda. ¡Está padrísima para hacer competencias con toda tu familia o tus amigos!

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Volvimos a la cabaña ya con algo de hambre y nos fuimos al pueblo a cenar y tomar algo. Decidimos probar un cafecito, Cantaritos Bistro, en la mera plaza principal. Nos sentamos en el balcón y nos entretuvimos jugando dominó y armando rompecabezas mientras comíamos crepas de nutella, sandwichitos de jamón y queso y tomábamos vino tinto y carajillos, suficiente para que después de un par de horas nos diera sueño, y qué bueno porque el siguiente día empezaría temprano.

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monteverde7El sábado fuimos a desayunar temprano a mi restaurante favorito, Posada Mazamitla Restaurant, porque para mí es pecado ir al pueblo y no comer sus chilaquiles, su crema y su quesito fresco, acompañados de una taza de café. Y a las 10:30 ya estabamos caminando de regreso a la cabaña, satisfechos y felices, a lavarnos los dientes y prepararnos para el primer tour del fin de semana: el paseo en caballo. Justo saliendo de Monteverde y al a derecha están las instalaciones de Green Forest Tours, con todo el equipo, los camiones, los paquetes y seguridad para que descubras el otro lado de la sierra: el intrépido.

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Hicimos la Ruta del Tigre y el paseo en caballo duró una hora y media. Recorrimos una zona rural que colinda con el bosque, llena de casas bonitas y paisajes pintorescos. Mi yegua, Gitana, y el caballo de René, Apache, convenientemente buscaban estar juntos y si él galopaba, iba yo detrás de él. Fue un recorrido, ¡una mañana!, muy pero muy bonita.

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Al término del recorrido volvimos a la cabaña. Ya las 13 horas es momento justo de destapar las cervezas, servir los mezcales, sacar el cubilete y prender el asador. Hay algo sobre asar carne que une a las familias y a los amigos: todos poner la mesa, ver cómo se preparan los alimentos, pasar la salsa, las cebollitas, contar chistes e historias, querer colaborar. Son momentos en los que realmente disfrutas tu vida y tu compañía. Nosotros tuvimos un festín: carne de Chihuahua, chorizo, nopales asados, cebollas, chistorra, chiles güeros rellenos de queso, frijolitos, quesadillas, salsas, chimichurris, vino tinto y Legendario Domingo mezcal.

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Y nos dieron las 17:30 y ya todos alegres después de semejante comilona limpiamos y guardamos todo y volvimos a Green Forest Tours para el segundo del día: un recorrido en camioncito para ver el atardecer en el Bosque de las Hadas. En compañía de otras 12 personas y con una guía muy simpática, nos trepamos al bus y nos dirigimos al corazón de la sierra para aprender acerca de la flora y fauna de la región y ver desde un mirador la caída del día y del sol. No sé si es porque nosotros íbamos llenos de alegría, pero pareciera que contagiamos a todos los tripulantes del camión. Íbamos cantando, jugando, ¡hasta dando unos traguitos a una botella de tinto que mi papá metió de contrabando!

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Por fin llegamos a un alto y la guía nos invitó a bajar y a recorrer una vereda que nos internaría a un más al bosque y a sus leyendas. A mitad de la caminata comenzó a chispear, pero el agua no pareció molestar a nadie, pues continuamos con el recorrido, tomamos mucha fotos y sólo hasta el regreso nos refugiamos en un pequeño local que vendía café de olla, cajetas, dulces y chocolate caliente recién hecho. Volvimos al camión y continuamos el trayecto de regreso. Una vez en la cabaña pusimos algo de música y platicamos un rato más hasta que nos venció el sueño y entendimos que el día llegaba a un perfecto final.

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El domingo por la mañana también nos despertamos tempranito, tocaba el último y más alocado de los tours: ¡las tirolesas! Después de desayunar unos huevitos estrellados y un jugo de naranja en el El Kiosko, ahí mismo en Monteverde, y empacar todas nuestras cosas y subir las maletas a los carros, regresamos a Green Forest Tours para la última aventura. Nuevamente nos subimos a un camión que nos llevó a lo más alto de la Sierra (un ascenso de aproximadamente 25 minutos) y nos dejó en la estación de las tirolesas.

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No les voy a mentir, yo iba nerviosa, las alturas en ambientes salvajes y naturales no son mi fuerte, pero decidida a vencer mi miedo y completar no sólo el circuito panorámico (con seis tirolesas), sino el extremo (con siete tirolesas). Como una persona con algo de miedo (terror) a las alturas les puedo asegurar que todo el equipo que te provee Green Forest Tours, además de los instructores que te orientan en la experiencia son súper seguros y profesionales; además de que las instalaciones son nuevas y están certificadas por Protección Civil (¡prometo que investigué todo antes de animarme!). Y la verdad es que no se siente tan terrible como cree uno, al revés, dejarte de ir -aunque en un principio es intimidante y aterrrador- te llena de una sensación de libertad y poder que sólo experiencias retadoras como esta te regalan. Además, las vistas son impresionantes y el aire es fresquísimo, ¡yo lo volvería a hacer! ¡Y realmente los invito a que ustedes también lo vivan! ¡No sólo dejen que yo les cuente y escriba! ¡Atrévanse!

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Realmente estoy muy agradecida por mi fin de semana en Mazamitla. A veces nos da flojera salir de nuestras casas, pero la verdad es que a pocos kilómetros de la ciudad tenemos opciones hermosas que es una obligación conocer y visitar. Podemos planear el fin de semana que se nos antoje: uno tranquilo, donde quieras relajarte y disfrutar de las vistas, la comida y los amigos; uno intrépido, lleno de emociones, aventuras y recorridos, o uno como el que yo acabo de vivir, con la mezcla perfecta de relajación y aventura, siempre acompañado de buena comida y de personas a las que quiero y con las que siempre puedo platicar, reír y disfrutar.

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¿Qué han hecho ustedes últimamente? ¿Conocen Monteverde o han participado en los tours de Green Forest? ¿A dónde más me recomiendan ir para escribir y reseñar? Espero todos sus comentarios, ¡ya saben que los quiero!

Bonito fin de semana,

M.

La Jardinera, ¡un proyecto que tienen que conocer!

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¡Bonita semana a todos! Hoy estoy muy contenta porque les voy a compartir un proyecto que por su diseño y su naturaleza sustentable ha llamado mucho mi atención. Se trata de La Jardinera – Colectivo Artesanal, una tienda online que ofrece productos mexicanos de diseño muy original que además son amigables y sustentables para el medio ambiente. Esto significa que todos los productos y accesorios que venden están hechos a mano, con materiales reciclados o de reuso, para que así su fabricación tenga menos impacto ecológico.

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El papel del diseño juega un rol importantísimo en el colectivo, como en la mayoría de los negocios. Lo que hace especial a La Jardinera es que los productos que venden promueven la creación de espacios verdes; las macetas, por ejemplo: a lo mejor nunca habías pensado en tener plantas en tu escritorio, en tu cuarto, en tu oficina, pero te cruzas con una maceta con una frase divertida o un diseño coqueto y dices, ¿por que´no? Así que te animas, compras la maceta sustentable y no te queda más que plantar un arbolito, o unas flores o, como es mi caso, una suculenta. Si me siguen en Instagram ya se habrán dado cuenta de que tengo una maceta con suculentas y que se comienzan a reproducir, “mis bebés”, les digo yo. Desde que me percaté de lo bonita y fácil que es cuidar esta variedad de planta, comenzaron mis ganas de tener mi propio jardincito, ¡así que me cayó del cielo cuando La Jardinera me contactó para que conociera su proyecto!

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La familia

Una vez que entendí los valores y el objetivo del proyecto, me metí a la tienda en http://lajardinera.mx y me puse a curiosear. ¿Y qué creen? ¡Encontré una maceta que me enamoró!

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Sin embargo, no sólo venden macetas, venden tazas, fundas y cases para celulares, bolsas, estuches, dulceros, cestas para la basura, entre otros accesorios que les recomiendo revisar. Además, te dan la oportunidad de personalizar lo que compres. Yo escogí, la maceta “I will survive” y la taza “Love” porque tiene una máquina de escribir y se me hizo padrísima y ¡los chavos del colectivo me la entregaron con mi nombre y con la página de mi blog! Así que ya tengo una taza perfecta para tomar mi café cada vez que me siento a platicar con ustedes.

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Vale la pena conocer la propuesta de La Jardinera, y justo es un buen momento para hacerlo, porque ya viene Navidad y siempre necesitamos comprar detallitos para las posadas, los amigos, la familia, y ¡qué mejor que regalar productos originales, creativos y que sean amistosos con el medio ambiente! Al ser una tienda online, La Jardinera tiene envíos a toda la República; las compras son seguras y los paquetes no tardan en llegar.

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Otro detalle que me encantó del proyecto es que tienen un programa de responsabilidad social, Plantando Conciencia, donde te invitan a que te suscribas a su newsletter para que recibas información sobre las ventajas de tener plantas en tu escritorio, de comprar productos artesanales, de llevar una vida ecofriendly en general; lo bonito del programa es que por cada 20 registros que obtengan, ellos se comprometen a sembrar un árbol. Los invito, entonces, a que se suscriban, a ustedes no les cuesta nada y todos recibimos un beneficio. ¿Qué cool, no?

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¡Les recomiendo checar el proyecto y los animo a que se compren una macetita como la mía! Y no sólo por apoyar la causa, sino por iniciar algo nuevo. Yo he descubierto que las plantas me generan felicidad. Me emociona ver que brotan nuevas suculentas, y que las que tengo cada vez están más grandes; me inspiran a ir al vivero y comprar un par más y luego otro par más para luego armar mi propio jardincito: me siento en contacto con mi parte más natural, me tranquiliza y, de cierta manera, siento que estoy haciendo un bien a mi casa y a mi comunidad.

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Espero haberlos contagiado un poquito y alentado a que se metan a conocer La Jardinera, o por lo menos a que compren el primer arbusto de su jardín.

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