Viaje exprés a la CDMX: sorpresas y sugerencias de los que saben más

Hace poco tiempo tuve que ir a la Ciudad de México de emergencia. De esas veces que de un día para otro compras un vuelo para irte tempranito al día siguiente y regresar 24 horas después. Y bueno, quiero decirles (aunque quizá ya se lo imaginan) que Ren y yo jamás desperdiciamos una oportunidad para conocer, comer y tomar. Así que, también de un día para otro, iniciamos nuestra investigación y nuestras encuestas en redes sociales (¡seguro más de alguno de ustedes hasta respondió a mi pregunta) para llegar sabiendo dónde desayunar, comer y cenar. Deben saber que yo tenía más de 10 años sin visitar la capital, por lo que necesitaba una guía (amigos, familiares) diestra y de expertos que me orientaran.

Processed with VSCO with s2 preset

A las 5:00 am llegamos al aeropuerto y, como no llevábamos más que una maletita de mano, ni tuvimos que documentar. ¡Eso sí, las filas para pasar por revisión y seguridad no tenían fin! Les paso el tip: si tienen que viajar por algo a esas horas, ¡no subestimen los vuelos de madrugada, son súper populares!

Llegamos a las 7:30 am al Distrito Federal y con el tráfico, realmente hicimos nuestro check-in en el hotel hasta las 8:40. Nos hospedamos cerca del Ángel de la Independencia porque nuestro motivo del viaje se acotaba a a la zona y, con esa misma mentalidad (y algo de restricción en nuestros tiempos), emprendimos nuestro camino a El Cardenal. Cuando pregunté por Facebook cuál era el mejor restaurante para desayunar por la zona, ese se llevó la votación por las patas.

Processed with VSCO with s3 preset

Caminamos algunas cuadras hasta que lo encontramos: amplio, con luz calientita entrando por los ventanales, lleno de señores en desayunos laborales y señoras festejando algún cumpleaños; muy tradicional y, desde la primera interacción, anunciando que contaban con excelentes meseros.

Processed with VSCO with a6 preset

Pedí mi café negro, una conchita y un jugo de tuna. René, agua natural. El capitán de meseros muy amablemente nos explicó todos los tipos de huevos y los platillos capitalinos tradicionales que desconocíamos. A sugerencia de un garrotero pedí un omelette de huitlacoche, gratinado y en salsa de tomate. El Panzón pidió un platillo sustancioso, los Huevos Montados, así, puestos sobre un par de gordas con salsas diferentes y queso cotija, y nadando en frijoles de la olla. ¡No sé quién se chupó más los dedos! Pero el desayuno no terminó ahí. Mientras pasábamos bocados de nuestros huevos y café, yo veía que los meseros iban y venían con unas canastas de pan y lo que parecían platitos llenos de nata. Traté de ignorarlos (¡ya tengo un par de meses queriendo cuidar el tamaño creciente de mis nalgas!), pero el señor de la mesa de enfrente a la nuestra se las comía tan sabroso: embarrando el bolillo contra lo cremoso del lácteo, limpiándose el bigote con sus dedos regordos… ¡No me resistí! En dos minutos un joven muy atento me sirvió el manjar y yo, en dos segundos más, ya estaba espolvoreando azúcar sobre el primer pedacito.

Processed with VSCO with a6 preset

Saliendo con las barrigas felices caminamos a redescubrir el Zócalo. Con una feria tipo tianguis en medio de la plaza, no pude apreciar sus dimensiones extensísimas, pero sí entramos a La Catedral, la admiramos un rato, y luego terminamos de recorrer el Palacio Nacional y el resto de las oficinas de gobierno. Alegres pasamos también por Bellas Artes, donde un tumulto de entusiastas y medios esperaban la probable llegada de los restos del muy querido Juan Gabriel.

Processed with VSCO with s3 preset

img_5579

De ahí en más el día transcurrió sin mayor eventualidad. Asistimos a las citas, esperamos en el hotel, y para eso de las 8:15 pm nos encontrábamos en El Péndulo de La Roma, haciendo tiempo (y comprando libros) para la hora de cenar con Ceci mi amiga y Diego su novio.

A la mañana siguiente no teníamos ni un pendiente más que tomar un avión. Y como eso sucedería hasta la tarde, planeamos nuestra mañana para nuevamente desayunar rico y culminar el día en el Castillo de Chapultepec. Otro lugar muy mencionado en mi encuesta en Facebook fue Lardo, y como además se encuentra en La Condesa y a pocos pasos del Castillo, concluimos que era la mejor opción.

Processed with VSCO with a6 preset

¡Y qué desayuno! A diferencia de El Cardenal, en Lardo encontramos esa propuesta gastronómica de la que tanto se presume (¡y que tanto quería encontrar!) en el Distrito Federal. El lugar es informal y acogedor, lleno de plantas, con una barra extensa, una cocina abierta y el aroma de pan recién horneado y café recién preparado desprendiéndose en cada rincón. Según entiendo, Lardo es proyecto de Elena Reygadas, misma quien hornea pan delicioso en Rosetta y que lo repite en sus hornos en el restaurante del cual les hablo.

Como ya la dieta había quedado olvidada en algún portal, pedí un café y un pan danés, ¡pero doble! Y digo doble porque era como un ocho, en una oreja crema pastelera y en la otra mermelada casera de frambuesa, ¡de verdad espectacular y de repetir y de antojar!

img_2664

Para seguir ordené un latté y revisé el menú con deleite. ¡A veces hay tantas opciones tentadoras y cuesta tanto elegir! Finalmente me convenció el estofado de tomate, albahaca, calabacitas, zanahoria y parmesano con un huevo estrellado. ¿Han probado la lasaña de berenjenas o la moussaka griega? Pues este platillo me hizo pensar en una mezcla de lo anterior, sólo que con un huevo y una textura suave aunque sorpresiva. ¡Me fascinó! ¡Hasta Ren, que es cero fan de las calabazas, lo encontró espectacular! Y sobre todo me encantó que es un desayuno súper diferente a lo que estamos acostumbrado, pero no por eso se sintió o supo menos cálido u hogareño. Me lo comí con el gusto de recordar algún plato que tu mamá te hizo durante años y que tú simplemente no has logrado recrear.

Processed with VSCO with a6 preset

Por su parte, René pidió unos chilaquiles verdes, pero también tienen un twist: trozos de aguacate y un bodoque de queso burrata que a todos los paladares suele enamorar. Y claro, el Panzón le agregó un huevo.

De verdad Lardo queda recomendadísimo, y yo ya tengo ganas de regresar y probar sus tapas, vinos y cenas.

El resto de nuestra estancia en la Ciudad de México lo pasamos en un lugar que yo llevo muy cerquita del corazón: el Castillo de Chapultepec. Cuando niña iba por lo menos una vez al año al DF porque mi Tito (mi abuelo materno) nos llevaba a mí y a todas mis primas. Era un viaje especial, en verano, en carro, donde la convivencia familiar y la visita al Papalote Museo del Niño y al Disney On Ice era primordial. La última vez que fui al Castillo fue con mi Tito. Entonces podía caminar y subir escaleras sin problema, podía comer churrascos y tomar ron con cocas sin que se le cerrara la garganta, y podía abrazarme y decirme “¡mi niña adorada” porque seguía en este mundo oliendo a Azzaro y retocándose el copete con su peine de carey.

Recorrimos todos los rincones del Castillo, sus balcones con pisos de ajedrez, sus carrozas y carruajes, sus salas de lectura, su museo, su arte, sus murales; sus retratos de Allende, Hidalgo y los Niños Héroes; sus jardines, cocina y cuartos de baño. Al inicio no sabía si el corazón se me hacía chico o se me engrandecía, quizá los dos. Lo que sí es que conseguí un sosiego que desde hace mucho le hacía falta a una parte de mi alma y confirmé que para siempre ese lugar será especial.

Así terminó nuestra visita exprés al DF, con la barriga y el corazón plenos y con muchas ganas de regresar. ¡Compártanme sus restaurantes y lugares favoritos en la capital! ¡Quiero visitar muy pronto!

Processed with VSCO with s3 presetProcessed with VSCO with s3 preset

Weekend getaway a San Miguel de Allende

Processed with VSCO with s3 preset

La última vez que visité San Miguel de Allende, Guanajuato, no podía ni entrar a un bar. Sí, los más de diez años sin recorrer sus callecitas empedradas ni chacharear canastas de flores secas en la Plaza Principal, ya reclamaban una visita. Así que le insistí a René que merecíamos un descanso del estrés que los últimos días nos había sofocado, hicimos las maletas y nos fuimos.

Processed with VSCO with a6 presetimg_0906

El paseo nos duró cuatro días: de viernes a lunes. Y aunque creíamos que serían suficientes, descubrimos que la propuesta cultural y gastronómica de San Miguel alcanza para mucho más. Como reservamos nuestro hotel de un día para otro, no conseguimos llegar a Casa de Liz. En su lugar escogimos uno más modesto, pero muy limpio llamado Casa de las Conservas. En el Bed & Breakfast producen sus propias salsas, mermeladas y pan, por lo que al llegar a hacer nuestro check in, las ráfagas de mantequilla y canela nos dedicaron un baile de bienvenida.

img_0797

Luego de instalarnos en nuestro cuarto, salimos en búsqueda del Tío Lucas, un restaurante que un tío muy querido, que ya lleva años y años viviendo en Celaya, Guanajuato, con mucha emoción nos recomendó. El lugar me sorprendió: la fachada, muy pintoresca, tiene en la parte superior una fila de macetas de diferentes formas y tamaños con sus plantas verdes y rebosantes. Una vez adentro, se revela un patio muy fresco y alegre, con una concha en una esquina donde un trío desafina plácidamente un “Si nos dejan”.

img_0783

img_0785

Para brindar por nuestra escapada romántica, pido un Merlot y Ren una Corona. Al centro, un queso fundido con chorizo. Echamos un vistazo al menú, los precios son un poco altos, pero no exagerados y estamos decididos a disfrutar. El queso, con tortillas recién hechecitas, es vasto y delicioso, así que de plato fuerte me limité a ordenar una sopa de tortilla, ¡de verdad exquisitísima! El Panzón sí pidió su Tampiqueña que, como debe ser, incluye un par de enchiladas, arroz, frijoles y guacamole con totopos. Terminamos realmente satisfechos y con un soponcio que de plano nos mandó a dormir temprano, no sin antes entrar a un par de boutiques a admirar la ropa hecha a mano con bordados indígenas, pero cortes modernos.

img_0792img_0800

Nos levantamos al día siguiente y desayunamos en el hotel. Los vasos de fruta con yogur y los huevos rancheros nos revivieron los ojos y ánimos para explorar durante todo el día. Nuestra primera parada fue el Centro Cultural Ignacio Ramírez El Nigromante. El recinto es parte del Instituto Nacional de Bellas Artes y fue construido inicialmente (1755 inició) como un convento. Y después de ser convento, colegio para señoritas, cuartel de la Revolución y escuela de Bellas Artes, terminó en la ruina y fue entregado al INBA. Como centro cultural se inauguró hasta 1962. Tanta historia se filtra de sus arcos, patios y escalinatas; de sus paredes que albergan lo más reconocido de la escena artística de la región; de sus murales de Siqueiros y Pedro Martínez. ¡Vale mucho la pena entrar y además es gratuito!

img_0811img_0814img_0828

Processed with VSCO with f1 preset

Conocimos después la Iglesia de la Purísima Concepción y luego caminamos hasta Jardín Allende (el parque principal), donde sin faltan seguían vendiendo, como desde hace diez años, adornos de flores secas, globos, dulces, helados y frituras.

img_0842

img_0810

img_0849img_0851

img_0853

En nuestro recorrido por las callecitas de colores encontramos una boutique/galería enfocada a cosas de interiorismo y hogar. Con un patio iluminado y enriquecido por una pared de agua, llamó mi atención y me insistió a ingresar. Ya adentro me enamoré de una silla tejida de mimbre, como una silla Acapulco, aunque con un twist. Obviamente, el precio y nuestro cambiante paradero impedía que hiciera algo más que admirarla, así que después de ilusionarme un rato y jugar a la casita, salimos y mejor nos dirigimos a encontrar otro lugar que curiosear.

Processed with VSCO with s2 presetimg_2587

Dimos con Nudo, una galería que exponía grabados de los famosos papalotes de Francisco Toledo; avistamos tienditas con floreros y vajillas enteras con puntos coloreados; consideramos comprar macetas y jarrones en Trinitate; y seguimos a dos muñecotes de papel maché y a un par de novios que salían de la Parroquia de San Miguel Arcángel, antes de concluir que teníamos hambre y que La Parada era la siguiente parada en nuestro itinerario.

Processed with VSCO with s2 preset Processed with VSCO with s3 preset

img_0885

img_0887

Con la caminata y el calorcito, los ceviches y tiraditos de La Parada (restaurante de cocina peruana) se nos antojaban más que otra cosa. El lugar, como casi todos en este pueblo Patrimonio de la Humanidad, se mantenía fresco, ligero y lleno de buena vibra. Con un pizco sour y una copa de vino blanco bien, elegimos porciones minis de cada ceviche y tiradito para no quedarnos con las ganas. Además, un Arroz Afrodisiaco, con camarones, calamar y otros mariscos completó nuestra comida. Nos habíamos sentado en la barra (¡el lugar estaba atascado!), pero resultó un acierto, pues platicamos con un par de americanos jubilados que nos recomendaron un lugar para que desayunáramos al día siguiente, y además quedamos a la pasada de la gente que entraba y salía, y entre dicho tumulto dimos con JP Partida y Luis Lozano, ¡súper buenos amigos y mejores wedding planners del mundo!

img_0929img_0937Processed with VSCO with a6 preset

Tomar un descanso y lavarnos los dientes y la cara requirió que regresáramos al hotel. Pero una vez cambiados y refrescados, salimos directito al rooftop Luna del Rosewood Hotel a tomar unos drinks y encontrarnos nuevamente con Juan Pablo y Luis. ¡La vista es espectacular y los tragos con mezcal pronto comenzaron a hacer su efecto! En lo que menos pensábamos, ya todos nos estábamos moviendo nuevamente por las calles mágicas de San Miguel y hasta El Pescau, donde siguieron fluyendo los tequilas y también (por razones de salud), los tacos.

Processed with VSCO with s3 preset

img_2606

Terminamos la noche en La 21Única, una cantina que nos vio cantar rancheras y banda y que además nos mantuvo intactos durante la lluvia que acaecía afuera.

No les voy a mentir y confesaré que amanecía al día siguiente con una de las peores crudas que he tenido la desfortuna de vivir. Como pudimos, logramos arrastrarnos hasta Café MuRO, aquél que nos habían recomendado en La Parada. ¡Fue un éxito! Acompañamos el café calientito con un pan casero, mermelada y una salsita picante y necesaria. Ren pidió unos chilaquiles rojos muy muy muy sabrosos y yo unos huevos divorciados con guarnición de chilaquiles en salsa de chile pasilla. El servicio además fue muy atento y amable y quedamos encantados y dispuestos a volver.

img_0946

El resto de nuestro día transcurrió en más galerías y tiendas, en saborear una nieve de garrafa de fresa y dulce de leche, en entrar a la famosísima e igualmente hermosa Parroquia y en callejonear hasta que llegó la hora de cenar. ¡Y guardamos lo mejor para el final!

img_0971

En el Hotel Matilda, Enrique Olvera tiene una de sus joyas: Moxi. Ya en sí el hotel es grandioso: moderno, acogedor, de verdad un sello de diseño y vanguardia en San Miguel que vale la pena conocer. El restaurante está en la terraza del hotel, con vista a un mural que arropa la alberca y a los huéspedes que suben relajados después de una aromaterapia en el SPA. ¡La comida fue exquisita! Pedimos de entradas un tamal de frijol con crema de rancho y ceniza de cebolla, y un fetuccini con tomates cherry, aceite de anchoa, chile de árbol y queso parmesano del cual nada más no me podía saciar. De platos fuertes: un lechón confitado, con rábanos y berros y tortillitas recién hechas, y un New York con chichilo y calabacitas orgánicas. ¡Delicioso! Y de postre: un pay de limón con crumble de cacahuate, helado de yogur y merengue de cítricos que de verdad estuvo espectacular. Sin duda Moxi hace honor a su nombre (significa “antojo” en Otomí) y nos deja babeando y alucinando con el día en que regresemos.

img_0992img_1001img_1008img_1015img_2626img_1018

Así terminamos nuestra escapada a San Miguel de Allende, con la barriga feliz y nuestra mente despejada.  O por lo menos eso creíamos. Porque en nuestro regreso a Guadalajara nos encontramos con una sorpresa: cerca de La Piedad, ¡un campo de girasoles a todo florear! ¡Enloquecí! ¡Paramos el carro en el acotamiento de la carretera y corrimos a ellos a admirarlos, olerlos y tomar fotos. Y ese sí fue el verdadero y hermoso final de nuestro recorrido.

img_2980

Mercado México – trendy food en Guadalajara

EAF11FFE-51EA-4D14-936F-A47392081ACB

Hace no tanto un Mercado lleno de onda y propuesta llegó a la ciudad. Sí, leyeron bien, no es el típico mercado (aunque esos son mis favoritos) donde puedes comprar tus guayabas, chayotes y granadas, a la vez que te comes un pozolito o te tomas un champurrado, sino un mercado que busca crear un espacio de innovación gastronómica y movimiento artístico. Hablo de Mercado México. Ubicado en avenida La Paz, esquina con Colonias, en una de las zonas más bonitas de la colonia Americana, un edificio moderno y blanco nace del concreto y da vida a más de 30 proyectos de comida, postres, vinos y café típicos de un mercado, aunque con un twist creativo y joven.

82BA81E6-5F41-45BE-A99B-70EEE980B6D30BA9DEE5-46FF-43F8-AC5F-A84563E5D10C

Con tantas nuevas propuestas culinarias en la ciudad, hacía falta un lugar en Guadalajara que congregara y apoyara a más de una de ellas, que hiciera fácil que una persona pudiera probar más de alguna ocurrencia sin necesidad de moverse de lugar. A mí, Mercado México me recuerda a mis meses en Madrid, cuando iba los sábados al Mercado de San Antón (más que al Mercado de San Miguel, aunque también lo visitaba seguido) a probar en sus cinco pisos celestiales algún vino o una sidra o una caña, y a picar montaditos de chorizo ibérico, de pulpo a la gallega o de gambas al ajillo.

Hay algo sobre tener miles de opciones en un lugar, que a su vez te arropa de arte y buena vibra, que produce una sensación de aventura y alegría, que facilita las cosas para que la pases bien y disfrutes de la compañía de tus amigos, de tu familia o de tu pareja.

304E7C87-660B-4548-9FC9-BFC35DAED8CF

Volvamos a Mercado México y a sus opciones. Hay tantos lugarcitos que es difícil probarlos todos en una visita. Sin embargo, estoy segura de que después de ir la primera vez, quedarán invitados a regresar y probar el resto. Entre las posibilidades de carnes en su jugo, tortas ahogadas, sopes, asadores, pastas, mariscos y postres, hoy les voy a platicar sobre las que yo tuve el gusto de conocer y disfrutar hace un par de semanas.

F9AC65CB-A821-400A-BE39-EF907E351939

No es que sea alcohólica, pero lo primero que llamó mi atención al llegar al mercado fue La Taninoteca (Bodega de vinos). Con una barra de madera y estanterías repletas de botellas, supe que después de conseguirme el primer plato iría por un vino que maridara bien mi elección. Mi consejo (al menos fue lo que yo hice y resultó bastante bien), es que se tomen los primeros diez minutos de su visita para recorrer el lugar y sus diferentes puestos, para descubrir de qué traen antojo o qué suena más prometedor, y para además admirar todos los guiños de diseño y las ilustraciones que hacen al edificio aún más apetecible.

5D229B80-5FF1-4652-B4BB-498C1E51FFAB4E152678-F51D-4AA6-BACA-76D9EAF9786F

Yo me decidí por iniciar con un panini de barbacoa de pato con salsa de betabel e higos de Barra México, una creación muy sabrosa del afamado chef Poncho Cadena (también la mente detrás de La Leche en Puerto Vallarta y Hueso en Guadalajara). En lo que los cocineros muy cotorros me lo preparaban volví a La Taninoteca por una copa de vino rosado. Cuando me senté a probar mi panini quedé muy complacida, eso sí, pedí un chile verde para que todos los sabores resaltaran más y me lo saboree aún más a gusto. ¡De verdad lo recomiendo! No les voy a mentir, me quedé con ganas de probar su tostada de cachete de res con emulsión de chiles secos, ¡pero ya tengo algo por lo que volver!

D7A815DA-2D44-42D5-88D2-0326D5A55A34

Mi visita continuó con una parada en La Muerta (Ceviche y Antojitos) para probar la Tostada del Receso: un ceviche de atún con emulsión de chile manzano y camarón seco sobre chicharrón de cerdo; y la Tostada de Aguachile Tatemado: con camarón, pulpo y pescado con tomate tatemado y salsas negras, ¡picosita! A mí me encanan los mariscos y estas tostaditas pasaron mi prueba y quedan en mi lista de antojitos a repetir.

5A256C54-76B5-4574-8682-517411FBAD59D118630C-5C6C-4CE6-82F9-DCEEA9C48CC6

Después de algunas recomendaciones de amigos, no podía dejar de ir a Eulogio (Fonda Fina), un lugarcito naciente de la misma cabeza creadora de Alariz. De Eulogio tuve el verdadero placer de probar una ensalada fresca con moras, queso de cabra, pera, arúgula y una vinagreta dulce como de fambruesa, que vale la pena pedir sobre todo si estás en un régimen más dietético. Además, como mi padre (íbamos toda la familia) ya se había estacionado en una mesita justo enfrente del local y los mezcales del Legendario Domingo comenzaron a fluir, pude probar lo que él ordenaba. Entre sus antojos: un taquito de charal: sobre una tortilla de maíz, una embarradita de salsa tipo guacamole, charalitos fritos, pico de gallo, cebolla morada y cilantro, ¡uff!

0EB40F97-3BDA-47B4-B60E-AFAD4D5CF3156E167622-450A-4225-BB5C-12C56E67FF344B7F4BE5-5A51-40AF-9DCD-ADBEAE277201

Con esto yo estaba lista para cerrar mi porción salada del tour gastronómico, pero en eso llegó mi hermana y me comentó que su sándwich estaba muy sabroso, así que accedí a darle una mordidita y comprobar. Marifer lo compró en Deli Container (Boutique Gourmet). Si tienen antojo de algo más tradicional, pero igual de sabroso, ¡este es el lugar! Aquí puedes pedir tu baguette de salami, queso manchego, jamón de pavo y mostaza dijon y bajártelo con una cerveza Loba o alguna otra opción artesanal.

3229C807-7AE1-4916-8DF3-CAEC094C0003

Ahora sí estaba lista para el postre, ¡mi parte favorita! Desde que llegué al lugar le había echado un ojo a unos cucuruchos de churros que veía a la gente disfrutar, así que no me la pensé dos veces. Subí al segundo piso del mercado y ahí encontré Casaxurro (Churrería Artesanal). Pedí un cono de cinco piezas para poder compartir con mi familia y escogí el dip de chocolate para complementar. ¡La verdad estaban riquísimos! Dulces, pero no empalagosos, crujientes y calientitos, son motivo suficiente para volver al Mercado. En el mismo lugar puedes pedir porras, la rosca de churro completa o hasta un pastel de churro, ¡habrá que probar!

57A8EDF0-3DD5-4D2B-9A43-BA783C244F5D

Y para terminar aún más gustosa la sobremesa, pedí otra copa de vino (esta vez tinto) en La Taninoteca. Fue una manera de alargar mi estancia ahí, y es que la estaba pasando muy bien y no quería irme todavía. Acompañé también a mi mamá a que pidiera su crepa de nutella en La Crépe Parisienne y a que también pidiera una segunda copa de vino.

19508037-C031-48F5-9805-33E3863013E0

En general nuestra visita al Mercado México fue exitosa: pudimos probar antojitos de diferentes cocinas, tomar vino, comer churros, encontrarnos a amigos y disfrutar de una tarde agradable y diferente en compañía de la familia. El Mercado es un lugar donde todos encontrarán algo de su gusto, y donde los chefs jóvenes de la ciudad se dan rienda suelta y están buscando crear platos creativos y propuestas divertidas desde sus barras y cocinas. Sin duda hay que ir en viernes o domingos, cuando el ambiente se agita y alborota y se trae ganas de pasarla bien.

4936CF2A-3491-4092-ABD2-C6A03CAD23CF99D921BC-CA3C-4599-93ED-D7ABBC81C441

En mi próxima vuelta espero probar la torta de chilaquiles de Chomi Ciao, algún corte sabroso de Asador de Burgos, y una bola de nieve de Black Cherry de Helados del Mercado. ¿Ustedes ya visitaron? ¿Qué les pareció? ¿Qué han probado y qué recomiendan?

    

Maison La Crème: café francés en Providencia

5E22B845-B342-4AE4-930A-A3F3A90CC03F

Ya llevaba varias veces pasando por Maison La Crème. En el carro de camino a la tiendita o tomando algún atajo para evitar un par de cuadras de Pablo Neruda. La esquina de paredes blancas, barandal de hierro negro y la tranquilidad que parecía emanar de ahí se me antojaban. Así que hace un par de semanas que René vino a la ciudad, conseguí la ocasión perfecta para darme una vuelta y probar el nuevo restaurante de aire francés en Providencia.

27B24FC6-67B2-46D2-B9DA-073E700777FC

A9A268A1-EAB3-417D-BE15-2451B6A66852

Sobre Milán 3050 (esquina con Quebec) y enfrente del Parque Italia, Maison La Crème hornea sus croissants y prepara sus mermeladas. Fue fácil estacionarnos, con el llamado Parque de los Perros, hay mucho lugar, sobre todo si llegas tempranito en la mañana. Escogimos una mesita en la terraza; siempre me gusta tener vista a la gente que pasea, a los perros que corren, a la ardilla que cruza corriendo el cable de la luz, a toda la vida que se desenvuelve en un par de tazas de café.

13F6ABEE-56FC-4246-881F-624B689987A3

3BEB0DE3-DD62-41A9-BD0F-E4CE000F422B

Había algunos comensales más en el lugar y todo lo que tenían dispuesto en sus mesas se veía delicioso. Nos trajeron la carta y con eso una canasta de pan dulce. Ren y yo compartimos una pieza con crema pastelera y chispas de chocolate. Además, él pidió un chocolate caliente. El menú, al igual que todo el lugar, sus cajas, sobres y detalles, mantiene su elegancia y sencillez a base de líneas limpias y los acentos en negro, blanco y dorado. Muy francés, al igual que los títulos y nombres de los platillos.

4E0E5606-C1E6-40BE-8FEA-B25F21736FF6

Casi como regla, Ren leyó “Huevos Benedictinos” y encontró su desayuno. A mí también se me antojaron, pero para no ordenar lo mismo, opté por un omelette (de puras claras, siempre) con queso crema, salmón y espárragos. La verdad es que la sección de Pan Francés y todas sus variantes me tenía salivando, pero en vista de que en pocos días me iría a la playa preferí mantenerme lejos, ja. ¡Y es que de verdad se ven sabrosísimos! Imagínense, tienen uno llamado S’Mores, y sí, lleva bombones y chocolate calientitos.

A89D9A65-DD45-45F6-B090-CF22567DD869

Me sorprendí cuando llegaron nuestros platos. El omelette, doradito, venía acompañado de un par de rodajas de jitomate con sal y pimienta y un trozo de pan. La verdad muy rico, sobre todo con una cucharadita de salsa, pero debo admitir que Ren eligió la mejor opción. Sus Benedictinos cumplieron las expectativas. Ya más de alguna vez les he comentado que es difícil encontrar huevos benedictinos bien hechos en esta ciudad, pero Maison La Crème estuvo a la altura: los huevos tiernitos, la salsa (con su propio toque e interpretación de la salsa holandesa) cremosa y rica, y la ensalada de la casa como guarnición, el toque final. ¡Muy recomendables!

5E615E0E-C480-4D3D-AE1F-090B644DECA1

Me gusta Maison La Crème también para ir por la tarde con las amigas o con tu mamá, para comerme un bocadillo salado y luego compartir un postre. Y es que su lista de tartines tiene una pinta delectable. Por ejemplo, me gustaría pedir un tartine Loire: con rebanadas delgadas de jamón serrano, sobre una mermelada de higos (¡amo los higos!), con queso gorgonzola y arúgula. Y luego, una vez terminado este manjar, pedir un espresso y compartir el Pan Francés Eloise: un pan brioche forrado con una costra de nuez y glaseado con miel de maple calientita.

38C66BD2-66BF-4DB3-AACD-B11B4A5E0CF8

La última vez que visité el Maison fue con mi madre. Las dos pedimos café y yo, que la ocasión anterior me había quedado con antojo, no consentí quedarme sin probar el Pan Francés Charlotte: relleno de crema y plátanos caramelizados y cubierto con un caramelo suave como la cajeta, ¡espectacular! Como todo buen pan francés, por fuera estaba doradito, pero por dentro mantenía una suavidad húmeda y deliciosa. Mi mamá, que no conoce mejor delirio que el chocolate, pidió un Noisette: también un pan brioche, pero este más extendido, untado de nutella y decorado con fresas, plátanos y almendras rebanadas. Además de vistoso, ¡riquísimo! Sobre todo si, como mi madre, no le encuentras sentido al postre si no tiene chocolate.

57ECE1A9-71B0-4CFB-807B-1609B9286F96

FEA96330-156C-40C6-9AF7-721CA596F663

Como podrán percatarse, este no es el lugar para ir cuando estás a dieta, pero si vas con restricciones, siempre puedes pedir un plato de fruta con yogur y granola. Así que ya saben, si quieren pasar una tarde tranquila y agradable en compañía de sus amigas o su familia, ¡o hasta con ustedes mismos y su libro!, Maison La Crème es un lugar ideal para hacerlo. Se me ocurre que si viven por la colonia hasta se pueden ir caminando, paseando a su perro y parar por tentempié. ¿A poco no se les antoja? Y como siempre les recuerdo: ¡aprovechen que es fin de semana y visiten un lugar nuevo de la ciudad! Yo aquí les dejo una gran opción.

52A6A5F8-7A81-4DD5-80AB-74EA0B2779B6

Ubicación:
Milán 3050 (esquina con Quebec y frente al Parque de los Perros)

Horario:
Lunes a viernes: 8:00-22:00
Sábado: 9:00-20:00
Domingo: 9:00-16:00

Preámbulo Café – sabor, café y tranquilidad

4E7A84D5-F8CA-4D5B-A54A-8EB8457A24D9

Después de un complicado inicio de diciembre (cerró el periódico donde trabajaba y el estrés se nos subió hasta las orejas) y luego un vacacionado cierre de año, estoy de vuelta en la ciudad, desayunando en lugarcitos nuevos, degustando cafecitos y una vez más frente al monitor, lista para contarles sobre mis nuevos descubrimientos culinarios y planes de vida (¡son tantos!).

Pero para no abrumarlos ni enfadarlos con mis discursos motivacionales y muy personales, hoy les quiero recomendar un cafecito que se ha ganado mi corazón.

15C1AC42-AB19-43CD-9805-12DC083A2B72

En un rincón tranquilo de la colonia San Antonio, en una cuadra en donde López Cotilla encuentra calma después del barullo de la colonia Americana y antes del estruendo del Centro, hay una casita verde que despide notas de los años 20s, mientras en su interior gotea un café lleno de cuerpo. El interior de la casa, con piso original y paredes blancas, da hogar a una cafetería local que, con detalles sencillos y aromas alegres, da la bienvenida al comensal que busca refugio del bullicio o un lugar donde parar antes de iniciar un día atropellado y lleno de ruidos y pendientes. El preámbulo perfecto, así como lo antoja su nombre.

83F363C4-1A0C-43C7-91F1-8FB21D4BA0F5

Con mesas de madera vieja, sillas blancas y plantas en macetas de cerámica, Preámbulo tiene más de un rincón que invita a sentarse y desayunar. Las ventanas arrojan sombras y cobijan libros en los alféizares. Al fondo en la barra, un V60 en uso, y el barista dibujando una flor en un latté calientito.

El menú es breve pero delicioso y  no toma más que un platito de fruta para abrir el apetito. Pido al mesero -muy joven- un muffin inglés, los demás ordenan chilaquiles, otro, un muffin con salchicha. Llega el café y el primer sorbo despierta a Edith Piaf, que desde hace rato murmura al fondo. Platicamos. Disfrutamos el domingo. Por un resquicio nos toca el sol y alcanzamos a ver a los ciclistas que se dirigen a la Vía Recreactiva. Los jugos ya están en la mesa: naranja, verde, fresa con naranja. También chisporrotea un chocolate caliente.

8808894D-3B42-495E-9004-D12211482493

¡Mi muffin inglés está muy sabroso! El pan, con frijolitos negros, queso gratinado, un huevo estrellado, tocino crujiente y miel de maple, abraza la lengua y deja al paladar contento. Para complementar, un puré de papa suave deja una estela de mantequilla en la boca. A un lado, los chilaquiles en salsa de chile pasilla y los trozos de pancita comienzan a desaparecer. Al otro lado, otro muffin -aunque este con salchicha- es devorado.

7D31FB39-1F43-4C6C-BBF5-167075030EDD

Nos retiran los platos, pero aún quedan traguitos de café en nuestras tazas. Un charleston reanima las anécdotas y nos queremos quedar ahí un ratito más. En la carta, nos hace ojitos un pan francés con fruta y queso de cabra, pero la barriga está satisfecha y tendrá que esperar para la próxima visita. La cuenta, el dinero, y nos marchamos con el corazón alborozado, dispuesto a prolongar esa placidez, a evadir el tráfico y el trabajo aunque sea cinco minutitos más.

EB9845A0-71E4-463E-9CC7-E10C80D8D401

Preámbulo, Cafetería Local abre de lunes a sábado, de 8:30 a 22:30 horas. Los domingos, de 8:30 a 16:00 horas. ¡No lo dejen de visitar!

Si quieres escuchar un poco de música para sentirte en el ambiente de Preámbulo, da click aquí.