Casa Fuerte – ¡mi favorito en Tlaquepaque!

El fin de semana pasado cumplí seis años de novia con René y, para variarle a nuestra celebración anual y festejar con muchos ánimos y cariño nuestro último aniversario de noviazgo, decidimos ir a comer a Tlaquepaque. Ya salir a las afueras de la ciudad es suficiente para que el día tome otro ambiente y color, para que la emoción y el espíritu caminen contentos y para que las cervezas y los tequilas sepan mejor. Sobra decir que  yo además iba suspirando miel y cariño…

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Llegamos a Tlaquepaque a eso de las dos de la tarde y, como habíamos desayunado antes en Becada, tuvimos la oportunidad de no sentarnos en el restaurante inmediatamente, sino de caminar por la calle principal y curiosear entre las tiendas de artesanías y antigüedades.

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Entrar a las casonas llenas de cojines tejidos, lámparas de fierro, velas aromáticas y figurines de cerámica tomada de la mano de René fue para mí algo muy especial. No sólo nunca habíamos ido solos a recorrer Tlaquepaque, sino que sentí la ilusión de ver mesas de café y manteles que podrían llevar algo de nuestro México a nuestro futuro y extranjero hogar. No compramos nada, ¡ni siquiera sabemos en qué lugar de Estados Unidos vamos a vivir!, pero el anhelo de nuestro próximo huevito del amor no se ha esfumado de mi cabeza.

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Después de una hora, el calor nos venció y nos regresó a nuestro principal destino y quizá mi restaurante favorito en Tlaquepaque: Casa Fuerte (Independencia 224). Me gusta todo sobre este lugar: entrar por un arco de follaje y pisar y oler las agujas de pino en el ingreso; el frescor de su patio central y la música con dejos jarochos que vuela desde la esquina del fondo; el niño que baila en una fuente de cantera y mosaico; los espejos con lámina de colores que reflejan las paredes amarillas; la familia de meseros siempre amables y orgullosos de su cocina, y su comida, siempre casera y abundante.

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Pasamos a lavarnos la cara y cuando regresé a la mesa ya estaban nuestras cervezas y el guacamole esperándonos. Pedí además un molcajete con queso fundido, empanizado y bañado en una salsa verde, uno de mis favoritos de la carta, y así, Ren y yo tomamos nuestras cervezas y botaneamos el guacamole y el queso con tortillitas y totopos, tranquilos, sin prisas, platicando sobre los seis años que hemos recorrido juntos y todos los planes que tenemos para aquellos por venir. Medité un momento si pedir la Torta de Elote Colonial, ¡me encanta en Casa Fuerte! Pero no quería dejar de pedir mi plato fuerte, así que será hasta la próxima vez que la coma con su salsita cremosa de poblanos…

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Nos dimos un espacio luego de las entradas -esto es lo bonito de no tener prisa-, yo pedí una margarita de limón y leímos con calma el menú. Yo no tardé mucho en decidirme, para mí, en esta época del año la cocina mexicana sólo tiene una opción, pero René sí debatió entre ordenar unas enmoladas, un pollo con mole o un filete Pepe el Toro. Cuando llegó el mesero, yo pedí mi chile en nogada, por lo cual el mesero me felicitó muy emocionado, y Ren se decidió por la carne bañada en una salsa de vino tinto, tuétano fresco y champiñones salteados.

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Los platos llegaron pronto y mi chile estaba delicioso. Siguiendo la tradicional receta poblana, el relleno de carne, la salsa de nuez y la granada fueron un verdadero manjar. La carne también estuvo muy sabrosa, al término medio que tanto nos gusta. En otras ocasiones yo he ordenado la Sábana Huasteca, que va cubierta con frijolitos y una salsa de chile pasilla y queso Oaxaca gratinado, ¡también la disfruto un montón! Y en otras más he pedido el Chamorro Adobado con Plátano Macho, que si les gusta el chamorro, no se lo pueden perder. Sin duda la cocina de Casa Fuerte no sólo cumple, sino que supera tus expectativas, además de que en ese ambiente que crean y proponen, todo tiene mejor sabor.

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Confieso que después de tanta comida, poco espacio quedó para el postre. Pero eso sí, no perdoné el café y me lo tomé a traguitos, mientras René se recargaba en mi hombro, agotado por el mal del puerco. Salimos de ahí como a las seis de la tarde, fue una comida prolongada, deliciosa y llena de amor y Tlaquepaque fue la opción perfecta. De verdad les recomiendo que vayan y disfruten de este lugar tan bonito que tenemos tan cerquita. No tienen que ir en pareja, también es un lugar para convivir con la familia y los amigos, para comer rico, para tomar mejor, y para comprar muebles, artesanías y manteles tradicionales y llenos de color.

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¿Cuál es su restaurante favorito en Tlaquepaque? ¿Qué tienda no pueden dejar de visitar cada que van? Ya saben que me encantan sus comentarios y opiniones, así que no duden en responder.

Abrazos a todos,

M.

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Días de descanso en Vallarta

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Me tomé unos días de descanso y me fui a la playa. No sé si lo sepan, pero en el periódico mis descansos no son fijos, así que mis fines de semana pasan de ser de fiesta intensa una semana (cuando tengo libre viernes y sábado) a una tranquilidad exponencial a la siguiente (cuando descanso domingo y lunes). En esta ocasión, descansar domingo y lunes (que suele ser la opción que no prefiero) tuvo sus beneficios, y es que en el periódico nos dieron libre el 15 de septiembre (no salió periódico el 16), así que yo sí, a diferencia de la gran mayoría de ustedes -y sí me estoy burlando un poquito-, tuve puente. Me fui entonces a Vallarta con mi mamá, que no pierde oportunidad para salir de la ciudad y tomarse unas vacaciones, y gocé de unos días repletos de sol, arena, mariscos y descanso.

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¿Por qué les platico esto? Sinceramente, porque la pasé tan bien que es lo que más tengo ganas de compartirles el día de hoy. Más que la recomendación de un restaurante, hoy ofrezco la recomendación de unos días de verdadero descanso, de unos días de calma, de unos días de desconectarse del trabajo y los pendientes, y hasta los compromisos sociales, para luego regresar con mayor ánimos a despacharlos. ¿Que qué me gusta hacer a mí en la playa para descansar? Todo dependerá de mi humor, aunque generalmente suele ser el mismo: uno calmo, sin prisas, con predilección por mi casa más que por algún rincón de moda o de tumultos.

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En estos días me desperté cuando el cuerpo quiso despertar; salí a correr sólo lo que las piernas me aguantaron; ¡desayuné! (aunque no lo crean casi nunca desayuno entre semana) y tomé café en el balcón y viendo al mar; bajé a la playa y leí en un camastro acurrucado en la arena; me bañé en el mar cuando el calor comenzaba a adormilarme; tomé agua de coco; comí pescado, camarones y carpaccios de pulpo; vi la televisión acostada en mi cama; volví a tomar café a las seis de la tarde y me comí un par de chocolates; platiqué con mi mamá y tomamos vino viendo puestas de sol; me dormí temprano. Sí salimos a comer a Mariscos Titi’s un día y a cenar a Frascati (¡delicioso y bonito, por cierto!) en la Cruz de Huanacaxtle en otra ocasión, pero fueron salidas breves y ricas, de esas que aumentan el descanso y no propician el agotamiento.

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No saben cuánto atesoro fines de semana como estos. Me permiten ponerme al día con mi sueño, con mis libros, con mi cuerpo. Y como no suceden con frecuencia, más los vivo con plenitud, más los agradezco. La próxima semana volveré a escribir sobre algún restaurante o cafecito que descubra, pero por hoy, es todo, sólo este breve comentario de mi felicidad.

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Tikuun, comedor de un México contemporáneo

El sábado pasado -y en realidad toda la semana- la lluvia tupía las calles y abría un hueco en mi estómago, listo para absorber una sopa caliente. Con René en la ciudad y la excusa de los pies fríos, quise ir en busca de un lugar diferente que ofreciera un caldo sabroso. Así que pensamos en Peko Peko, ¿qué mejor que un ramen para calmar el frío y el hambre? Pero, ¿qué creen? Llegamos al local a eso de las 5:00 pm, ¡y había muchísima fila! Y como la verdad sí teníamos mucha hambre, decidimos cambiar la jugada y pararnos a probar un lugarcito que se veía muy lindo a una esquina de donde estábamos.

IMG_1874Así dimos con Tikuun – comedor local, ¡y qué suerte la nuestra! Ya entrar a la casona es una delicia: las paredes blancas, el piso de mosaico, los ventanales abiertos, la música tranquila, las mesas de madera y los techos altos te reciben con cariño y con ganas de que te quedes. Además, a la entrada de la casa, el restaurante te guiña el ojo con un pizarrón que anuncia los especiales del día. Ren y yo leímos sopes de pulpo al ajillo y aguachile rojo de callo de hacha y ya nos habíamos convencido de entrar.

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Así que eso hicimos y nos sentamos en una mesita en la terraza. Pronto un joven nos entregó un par de hojas de papel con el menú impreso en ellas. Después del nombre y el logotipo -un quetzal elegante posando sobre las letras-, que ya daban indicios del tipo de comida que íbamos a encontrar, lo primero que noté fue la introducción: “la cocina en Tikuun surge como un elogio a la gastronomía mexicana y sus infinitas posibilidades e ingredientes”. Su comida, un elogio, un homenaje a la cocina mexicana, ¡qué bonito! ¡Y qué altas expectativas se crean! Lo segundo que captó mi ojo que que la carta dice: “Menú 1.7”, por lo que además te informan que el menú que ese día te ofrecen no estará disponible por largo rato, sino que su oferta está en constante cambio y evolución. Para mí eso siempre es un atractivo, porque siempre puedes confiar en que los chefs y cocineros se interesan por buscar nuevos sabores y texturas, nuevas maneras de sorprender a su comensal y también a ellos mismos.

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Ya llena de emoción me aventuré a explorar los platillos, mientras daba sorbitos a mi copa de Correos 10, además, escuchaba a René hacer sonidos de agrado y aprobación, y me emocionaba más. Él pidió una cerveza 7 Mareas Tortuga. Todo en el menú, hasta el platillo con dejos de camarones secos (los detesto) se me antojaba. El chavo que nos atendió se portó muy atento con nosotros, respondió a todas nuestras preguntas y nos hizo sugerencias muy atinadas. Finalmente optamos por pedir el Cebiche de pesca del día (el pescado era canario y venía en trozos con maracuyá, granos de elote asados, piña, camote glaseado, tomatitos, acepite de jalapeño seco y un toque de toronja), estuvo delicioso, lleno de sabores cítricos, dulces y picositos, además de que la presentación era hermosa.

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Luego ordenamos, también como entrada, la codorniz, que venía preparada con mole de xoconostle, mermelada de pera y praliné de ajonjolí y un poquito de ajo. Aunque la porción es pequeña, la mezcla de sabores vale muchísimo la pena: lo dulce de la pera con lo salado del ajo hace que te quedes con ganas de un par de bocados más.

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Para terminar la trilogía de entradas ordenamos el Uchepo, un tamal de elote michoacano bañado en un caldillo de jitomate (sí, fui fiel a mi antojo de algo calientito) y chile pasilla, con nopalitos asados, huitlacoche deshidratado y crema de rancho fresquísima.

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Los tres primeros tiempos estuvieron deliciosos y los recomiendo con insistencia, pero no puedo dejar de mencionarles otro par que también nos tentaron: el huarache de conejo (sobre todo René estaba muy emocionado por este), con pipián de pepita de girasol, queso cotija y frijol negro refrito, y la tostada de pata de res, con crema de rancho, zanahorias baby, queso de oveja y aguacate.

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Después de las tres entradas, decidimos que sólo pediríamos un plato fuerte, así reservaríamos un espacio para el postre y el café. La elección nos costó mucho trabajo, pues el pulpo almendrado con quinoa cremosa y sofrito de jitomate y el cerdo en salsa de frijol negro y ensalada de papas escabechadas hacían fuerte competencia. Nos decidimos por el Moné de pesca del día, una lonja de pescado en salsa de chile poblano tatemado, puré de platano macho y cebollitas cambray encurtidas, ¡otro nivel de delicioso! Sobre todo el puré de plátano macho en combinación con la salsa de chile poblano para mí fue un acierto total.

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Creo que ese esquema de ir con alguien más (o muchos más) y pedir muchos platillos al centro es la mejor opción, porque todo está delicioso y así te das la oportunidad de probar más de uno de los platos del menú. Además, con eso de que cambia, así tienes la seguridad de que lo probaste todo antes de que evolucione.

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Para culminar la tarde pedí un espresso y compartimos un postre. Aunque el bizcocho de cocoa con sorbete de cacao y coulis de frutas se me antojaba mucho, consideramos que teníamos que pedir algo más experimental. La panna cotta de aguacate fue la ganadora, acompañada de un sorbete de zarzamora, gel de limón, un crumble de chía (¡riquísimo!) y piel de naranja confitada, nos regaló la conclusión perfecta.

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Pero para qué les digo tanto, ¡mejor vayan y pruébenlo todo ustedes! El comedor tan sólo tiene dos meses (aunque antes había una versión de él -Ayuuk- en Santa Tere) y es importante apoyar proyectos frescos y amantes de la cultura mexicana para que nos deleiten con sus comida durante mucho tiempo. ¡Los invito a que vayan este fin de semana!

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Ubicación:
Robles Gil 50, equina con Pedro Moreno

Horario:
Lunes a viernes: 13:30-23:00

Mazamitla, Monteverde y Green Forest Tours: ¡mezcla perfecta de aventura y relax!

monteverde1Hace no tanto escribí una reseña sobre Mazamitla, ¡pero hoy les tengo una mejor! ¿Por qué? Porque regresé a este Pueblo Mágico y descubrí que no sólo puedes pasarla a gusto con tus amigos y familia frente a un asador o una fogata, sino que hay miles de actividades más que harán que tengas un fin de semana con la combinación perfecta entre lo extremo y la relajación, lo divertido y la calma y reflexión que muchas veces la sierra provoca.

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Me fui de viernes a domingo y me llevé (sí, porque yo los invité) a mis papás, mi hermana, René, mis primas Sofi y Andrea, y a Óscar, novio de ésta última. Ocho en total, llegamos a una cabaña hermosa y súper amplia en Hotel Monteverde. ¡Tenía muchísimo sin vistar este hotel! Y verdaderamente quedé sorprendida. El lugar, ¡bellísimo! Lleno de vegetación, calles empedradas, flores, cactáceas, aves, mariposas y, ¡lo más importante!, las coníferas altas y orgullosas de ser bosque mexicano.  Me encantó Monteverde porque más que parecer un hotel del montón, parece un coto donde sabes que está tu cabaña lista para hacerte sentir tan cómoda como en tu hogar. Los espacios entre cabañas son considerables y todas están a diferentes alturas y niveles de la colina, por lo que te sientes tranquilo y en privacidad, sólo con tu familia o tus amigos.

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Te estacionas justo afuera de tu cabaña, bajas unos escalones y te encuentras con una terraza de madera, banquitas de metal, un asador y la vista más espléndida: las montañas cubiertas de pinos y musgo, el sol naranja y las nubes rosas, los techos de teja y sus figuras. Yo elegí hospedarme en una cabaña grande, y ¡realmente es grande! Abres la puerta y crujen los pisos de duela con tus pisadas. A la izquierda, un comedor con ocho sillas y la mesa puesta para la cena; a la derecha, una cocina de azulejos blancos y una barra con taburetes altos; enfrente, un baño completo, impecable, justo en medio de dos recámaras acogedoras: la primera con una cama king size y la segunda con un par de literas. Ahí mismo en la planta baja te espera una sala grande con ventanas altas y una chimenea llena de leña por si la quieres prender. Subes las escaleras y la sorpresa es grata: un cuarto de juegos con una mesa forrada de fieltro verde para jugar cartas y dominó en la noche, una televisión por si quieres ver el partido de futbol, otro baño completo y, al fondo, otra recámara con dos camas individuales y una puertita que te saca a un balcón que más parece otra terraza con la misma vista espectacular.

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Una vez instalados, salimos a explorar un poco el lugar. Seguimos un sendero de piedras y al llegar al bosque continuamos por un camino de tierra y agujas de pino. La senda tiene señalamientos, por si quisieras hacer ejercicios con distancias específicas o salir a correr. En la caminata pasamos una cancha de tenis y finalmente nos topamos con la Pista Comando, y bueno, mi papá y mi hermana se volvieron locos: rodeados de árboles treparon redes, brincaron sobre llantas, se balancearon en troncos, jugaron carreritas en telarañas de cuerda. ¡Está padrísima para hacer competencias con toda tu familia o tus amigos!

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Volvimos a la cabaña ya con algo de hambre y nos fuimos al pueblo a cenar y tomar algo. Decidimos probar un cafecito, Cantaritos Bistro, en la mera plaza principal. Nos sentamos en el balcón y nos entretuvimos jugando dominó y armando rompecabezas mientras comíamos crepas de nutella, sandwichitos de jamón y queso y tomábamos vino tinto y carajillos, suficiente para que después de un par de horas nos diera sueño, y qué bueno porque el siguiente día empezaría temprano.

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monteverde7El sábado fuimos a desayunar temprano a mi restaurante favorito, Posada Mazamitla Restaurant, porque para mí es pecado ir al pueblo y no comer sus chilaquiles, su crema y su quesito fresco, acompañados de una taza de café. Y a las 10:30 ya estabamos caminando de regreso a la cabaña, satisfechos y felices, a lavarnos los dientes y prepararnos para el primer tour del fin de semana: el paseo en caballo. Justo saliendo de Monteverde y al a derecha están las instalaciones de Green Forest Tours, con todo el equipo, los camiones, los paquetes y seguridad para que descubras el otro lado de la sierra: el intrépido.

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Hicimos la Ruta del Tigre y el paseo en caballo duró una hora y media. Recorrimos una zona rural que colinda con el bosque, llena de casas bonitas y paisajes pintorescos. Mi yegua, Gitana, y el caballo de René, Apache, convenientemente buscaban estar juntos y si él galopaba, iba yo detrás de él. Fue un recorrido, ¡una mañana!, muy pero muy bonita.

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Al término del recorrido volvimos a la cabaña. Ya las 13 horas es momento justo de destapar las cervezas, servir los mezcales, sacar el cubilete y prender el asador. Hay algo sobre asar carne que une a las familias y a los amigos: todos poner la mesa, ver cómo se preparan los alimentos, pasar la salsa, las cebollitas, contar chistes e historias, querer colaborar. Son momentos en los que realmente disfrutas tu vida y tu compañía. Nosotros tuvimos un festín: carne de Chihuahua, chorizo, nopales asados, cebollas, chistorra, chiles güeros rellenos de queso, frijolitos, quesadillas, salsas, chimichurris, vino tinto y Legendario Domingo mezcal.

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Y nos dieron las 17:30 y ya todos alegres después de semejante comilona limpiamos y guardamos todo y volvimos a Green Forest Tours para el segundo del día: un recorrido en camioncito para ver el atardecer en el Bosque de las Hadas. En compañía de otras 12 personas y con una guía muy simpática, nos trepamos al bus y nos dirigimos al corazón de la sierra para aprender acerca de la flora y fauna de la región y ver desde un mirador la caída del día y del sol. No sé si es porque nosotros íbamos llenos de alegría, pero pareciera que contagiamos a todos los tripulantes del camión. Íbamos cantando, jugando, ¡hasta dando unos traguitos a una botella de tinto que mi papá metió de contrabando!

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Por fin llegamos a un alto y la guía nos invitó a bajar y a recorrer una vereda que nos internaría a un más al bosque y a sus leyendas. A mitad de la caminata comenzó a chispear, pero el agua no pareció molestar a nadie, pues continuamos con el recorrido, tomamos mucha fotos y sólo hasta el regreso nos refugiamos en un pequeño local que vendía café de olla, cajetas, dulces y chocolate caliente recién hecho. Volvimos al camión y continuamos el trayecto de regreso. Una vez en la cabaña pusimos algo de música y platicamos un rato más hasta que nos venció el sueño y entendimos que el día llegaba a un perfecto final.

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El domingo por la mañana también nos despertamos tempranito, tocaba el último y más alocado de los tours: ¡las tirolesas! Después de desayunar unos huevitos estrellados y un jugo de naranja en el El Kiosko, ahí mismo en Monteverde, y empacar todas nuestras cosas y subir las maletas a los carros, regresamos a Green Forest Tours para la última aventura. Nuevamente nos subimos a un camión que nos llevó a lo más alto de la Sierra (un ascenso de aproximadamente 25 minutos) y nos dejó en la estación de las tirolesas.

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No les voy a mentir, yo iba nerviosa, las alturas en ambientes salvajes y naturales no son mi fuerte, pero decidida a vencer mi miedo y completar no sólo el circuito panorámico (con seis tirolesas), sino el extremo (con siete tirolesas). Como una persona con algo de miedo (terror) a las alturas les puedo asegurar que todo el equipo que te provee Green Forest Tours, además de los instructores que te orientan en la experiencia son súper seguros y profesionales; además de que las instalaciones son nuevas y están certificadas por Protección Civil (¡prometo que investigué todo antes de animarme!). Y la verdad es que no se siente tan terrible como cree uno, al revés, dejarte de ir -aunque en un principio es intimidante y aterrrador- te llena de una sensación de libertad y poder que sólo experiencias retadoras como esta te regalan. Además, las vistas son impresionantes y el aire es fresquísimo, ¡yo lo volvería a hacer! ¡Y realmente los invito a que ustedes también lo vivan! ¡No sólo dejen que yo les cuente y escriba! ¡Atrévanse!

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Realmente estoy muy agradecida por mi fin de semana en Mazamitla. A veces nos da flojera salir de nuestras casas, pero la verdad es que a pocos kilómetros de la ciudad tenemos opciones hermosas que es una obligación conocer y visitar. Podemos planear el fin de semana que se nos antoje: uno tranquilo, donde quieras relajarte y disfrutar de las vistas, la comida y los amigos; uno intrépido, lleno de emociones, aventuras y recorridos, o uno como el que yo acabo de vivir, con la mezcla perfecta de relajación y aventura, siempre acompañado de buena comida y de personas a las que quiero y con las que siempre puedo platicar, reír y disfrutar.

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¿Qué han hecho ustedes últimamente? ¿Conocen Monteverde o han participado en los tours de Green Forest? ¿A dónde más me recomiendan ir para escribir y reseñar? Espero todos sus comentarios, ¡ya saben que los quiero!

Bonito fin de semana,

M.

¡10 cosas que hacer en vacaciones si te quedas en la ciudad!

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¡Ya llegaron las vacaciones! O por lo menos un par de días para algunos. Si tienen la suerte que yo tengo, saldrán unos días a la playa, o a esquiar, o de compras, o a cualquier destino fantástico que ya tengan preparado, pero si no la tienen, ¡no se mortifiquen! La ciudad de Guadalajara y sus alrededores tienen muchas actividades y cosas divertidas que hacer.

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Y sobre eso trata mi post el día de hoy, quiero asegurarme de que todos los que se quedan en la ciudad (o donde sea que vivan) puedan disfrutar de estos días con su familia, amigos, parejas ¡o sólo con ustedes mismos! Además, que no salgas de viaje no quiere decir que te tengas que quedar encerrado, así que aquí les dejo una lista de 10 cosas que pueden hacer estas vacaciones:

1. Chapala aprovecha y recorre algún lugar folklórico: puedes ir a pasar un día a Chapala y comer en El Tango (en Ajijic) o tomar un delicioso helado del Nevado de Toluca mientras caminas por el malecón.

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2. Los Guachimontones a tan sólo 45 minutos de Guadalajara, esta zona arqueólogica representativa de nuestro estado, es todavía un misterio para muchos tapatíos, y las vacaciones son un perfecto momento para ir a conocer las pirámides circulares y la vegetación del lugar. Además, cerca de la zona hay casitas donde preparan pulque de sabores, ¡que también es una aventura probar! El parque está abierto desde las 9 am.

3. Meliés Autocinema – Justo frente al Tec de Monterrey puedes encontrar una opción que remite a lo romántico y lo vintage: Meliés Autocinema recrea la atmósfera de un cine al aire libre (donde tu mascota tiene lugar reservado en primera fila), con una dulcería que ofrece vino tinto, malteadas, refrescos, churros, esquites, lonches bañados y, claro, palomitas. Este viernes, sábado y domingo ve y disfruta de su cartelera, que incluye Bajo la misma estrella, Casablanca, Monsters Inc.Gutentag RamonThe Shawshank Redemption Batman. Pueden visitar su página de internet para consultar los horarios.

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4. Barranca de Huentitán si son de los que prefieren días activos, llenos de vistas deslumbrantes y aire fresco en los pulmones, esta es la opción perfecta. Llena de árboles verdes y con una cola de caballo refrescante, esta Área Natural Protegida ofrece uno de los paisajes más hermosos de la zona. De hecho, se puede observar desde tres miradores distintos y el Zoológico Guadalajara está a sólo unos minutos de ahí, por lo que puede ser un plan conjunto. Una vez ahí se puede trepar hasta el mirador, comer un refrigerio y disfrutar de la naturaleza.

5. Picnic con amigos – ir a un parque con una canasta llena de baguettes de carnes frías, quesos, uvas, galletas, pastel, agua mineral y alguna botellita de vino (disfrazada, obvio), también es un plan perfecto para estos días. Con el calorcito, resguardarse del sol debajo de un árbol y jugar un juego de mesa o futbol con los amigos hará que pases una día relajado y lleno de buena vibra. Sugiero el Parque Metropolitano, el Bosque La Primavera, Los Colomos o cualquier parque arbolado cerquita de su casa será la locación ideal.

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6. Recorridos nocturnos y leyendas – En el Centro Cultural El Refugio en el corazón de Tlaquepaque, historias y leyendas cobran vida en un recorrido nocturno que incluye representaciones teatrales con escenas terroríficas iluminadas por la luna. Si buscan una noche de emociones fuertes, ¡esta es su opción! El costo es de $80 pesos, es para mayores de edad y tiene un cupo limitado a 45 personas.

7. Tapalpa o Mazamitla Otra opción típica para los tapatíos es ir a pasar el fin de semana a Tapalpa o Mazamitla. La verdad es que ahorita la ocupación hotelera debe ser muy alta, pero eso no impide que vayan de ida y vuelta. Además, estos paraísos montañosos ofrecen mucho más que una cabaña rústica y una fogata con bombones. Por ejemplo, en Tapalpa pueden contactar a los expertos de Gravedad Cero (y yo lo confirmo porque ya me animé) y lanzarse en parapente, ¡una experiencia inolvidable! Y en Mazamitla, pueden montar a caballo y recorrer el bosque hasta llegar a la cascada.

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8. Albercada y carne asada con los amigos – si quieren un plan más relajado, que incluya, además, muchas cubas y cervezas, una carne asada y un chapuzón a la alberca con todos sus amigos y su familia es un plan delicioso. No se necesita mucho: unos cartones, una alberca, un asador (o pueden ordenar pizzas o tacos al vapor) y un día soleado.

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9. Disfruta tu ciudad – a veces, entre tantas prisas, pendientes y compromisos se nos olvida que Guadalajara es una ciudad hermosa que vale la pena recorrer y observar. Por eso, cuando la ciudad se vacía y el tráfico desaparece, siempre es delicioso salir a pasear: ir a un parque, caminar por las calles con tu perro y admirar la arquitectura de sus colonias, sentarte en un café y armar un crucigrama, animarte a entrar a un museo, ponerte al día con los amigos y salir a comer o desayunar, son todas buenas opciones.

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10. Series y lecturas – y por último, uno de mis planes favoritos. Y es que a veces las vacaciones también hay que aprovecharlas para descansar, ¿no? Así que acurrucarse con un libro y ponerse al corriente con sus personajes o tener un maratón de tu serie favorita de Netflix, es otra opción súper rica para estos días de relax. 

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Así que ahí lo tienen, una lista de 10 cosas que pueden hacer estos días de descanso y recreación sin tener que gastar demasiado o salir muy lejos. ¡Anímense! ¡Cuéntenme sus experiencias y disfruten al máximo!