EAT Pty, ¡healthy, rico y to go!

¡Hola a todos! Les cuento que voy entrando a mi casa con la panza contenta y el corazón lleno, ¿o era al revés? Y lo que pasa es que me invitaron a una degustación del Coffee Break del restaurante EAT, ubicado en la Calle 53 (detrás del St. George’s Bank) y digamos que aproveché gustosa el convite.

Hi everyone! I want to share with you that I just got home with a happy belly and a full heart; or is it the other way around? And the thing is that I got invited to a tasting at EAT, a hip restaurant/cafeteria located on Calle 53 (just behind the St. George’s Bank), and let’s just say I really took advantage of the invitation. 

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La cita fue a las 9:30 de la mañana, y a eso de las 10 ya todos los asistentes nos encontrábamos ansiosos por dar inicio a la actividad. Llegué muy puntual (¡quizá excesivamente puntual!) así que tuve bastante tiempo para mirar detenidamente el local y sus detalles. Lo primero que llamó mi atención fue la decoración del lugar. Como por fuera es pequeño y angosto, puede perderse fácilmente a la vista, pero una vez adentro descubres una cafetería tipo casual food con mucho estilo y buena vibra. El piso de mosaico blanco con negro es el canvas perfecto para los pops de color rojo de las sillas, los menús y otros frascos y utensilios de cocina que añaden a lo cool de la decoración. Los refrigeradores colocados en la entrada del local (muy limpios e iluminados), antojan ricas ensaladas, bowls de pasta, wraps de pollo y vegetales, porciones de yogur con granola y demás platillos listos para comer en las mesas o para llevar de regreso a la oficina. Y además, tienen una barra repleta de tortas, pasteles, galletas, croissants y demás panes y bizcochos para calmar ese antojito mañanero.

I arrived to EAT at 9:30 in the morning, and at around 10:00 am all the guests were gathered around a table anxious to begin with the activity. I looked around while I waited. The decoration stood out immediately. From the outside EAT is quite modest, but once inside you discover a casual food style cafeteria with tons of style and good vibes. The black and white patterned floor lays the perfect canvas for the bright pops of color the chairs, menus, jars and other cooking utensils provide. The fridges at the entrance (clean and well lit) showcase yummy pasta bowls, salads, chicken and veggie wraps, yogurt parfaits and other goodies ready for take out. Plus, EAT has a counter full of cakes, cookies, croissants and other baked goodies to ease your sweet tooth. 

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Y es que pareciera que para eso crearon EAT: para ofrecer una opción de desayuno o almuerzo de calidad y sabor fresco para todos aquellos que trabajan por la zona (toda el área financiera de la Calle 50 en Panamá y sus alrededores). Porque comer en franquicias de fast food causa estragos al cuerpo y a la mente, ¡es un alivio contar con una opción rápida, sabrosa, casera y saludable cerca de la oficina!

And it seems this is why EAT was born: to offer a quick, fresh and flavorful breakfast or lunch to all those who work in the area (the financial stretch in Panama’s busy Calle 50). Because eating constantly at fast food joints harms the body and the mind, it’s such a relief to have a fast, delicious, healthy and homey option around!

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Pero a ver, les voy a ser súper franca: me explicaron que el concepto de EAT va de la mano con lo healthy, ¡pero a mí se me antojó probablemente lo menos fit del menú! ¡Pero me valió y le di gusto a mis ganas! Pedí entonces un Grilled Cheese Sandwich con tomates, un té earl grey y un jugo de naranja recién exprimido. En lo que esperaba mi desayuno (que no fue mucho tiempo), nos platicaron un poco más sobre EAT y su origen. Como parte del Grupo Cabana (también propietarios de Cabana Restaurante y Chin Chin), en EAT se procura tener ingredientes y productos frescos y de alta calidad. Y ya con un año y dos meses en la ciudad, se puede decir que ha abastecido de ricos platillos a muchas barrigas hambrientas.

However, I have to be honest. The hosts at the event explained EAT’s concept goes hand in hand with health, but once I stepped inside and saw all my options I craved the least fit option on the menu! So I went for it! I ordered a Grilled Cheese Sandwich with Tomatoes, an earl grey tea and a fresh squeezed orange juice. While all of our breakfasts were ready, we listened to EAT’s origin and values. As a part of Grupo Cabana (also owner of Cabana Restaurante and Chin Chin), high quality and fresh ingredients are a priority at EAT. And with one year and two months in the restaurant scene, they can safely assure their little brother has catered enjoyable meals to lots of hungry bellies.  

Algo que me encantó sobre EAT es que siempre tienen un Menú Ejecutivo, el cual incluye un plato fuerte con dos contornos o guarniciones y una bebida. Todo esto por alrededor de 8 dólares, ¡lo cual es una ganga por estos rumbos! Así que no hay excusas: puedes comer  barato sin tener que sacrificar sabor y salud. Y si estás muy deprisa y no puedes quedarte a comer, tienes dos muy buenas opciones: tomar un almuerzo To Go del refrigerador u ordenar lo que más se te antoje a través de Appetito24.

What I really loved about EAT is that everyday they offer three different Fixed Menus, which include a main course, two sides and a drink for the amazingly reasonable price of 8 dollars or less! So there is no excuse for all those worker bees out there: you can eat cheap without having to sacrifice taste and health! And if you are super busy and cannot stay at the place to eat your lunch, you can always grab a salad or wrap To Go or order take out at Appetito24.

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Me devoré mi sandwich en cuanto llegó, ¡me moría de hambre! Y en lo que le daba sorbitos a mi té y seguía platicando con el resto de los comensales (¡me tocó conocer a Óscar Ruiz de Los 40 Panamá y Popcorn PTY, a Anaximena Esquivel, autora de la columna “Jóvenes de Éxito” del diario La Prensa, y a Mike de @CosasDeGorditos), me percaté de que no me podía quitar de la cabeza un pastel de chocolate que reposaba sobre la barra… Y una no está para desaprovechar invitaciones, ¿verdad?

I gobbled my sandwich as soon as it came to the table; I felt famished! And as I sipped my tea and chatted with the other attendees (I got to meet Oscar Ruiz from Los 40 Panama and Popcorn PTY; Anaximena Esquivel, author of La Prensa’s “Young People of Success”; and Mike, the foodie behind @CosasDeGorditos), I kept on thinking about a decadent looking chocolate cake I had brushed by while scanning the place. And one cannot deny a full on invitation, right?

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Total que me comí el delicioso pastel y salí muy satisfecha (¡hasta con regalitos y todo!) de mi experiencia en EAT. Recomiendo mucho, sobre todo a quienes trabajen o vivan por la zona, que visiten el local y se den la oportunidad de probar sus pastas, sopas, pechuguitas de pollo o ensaladas, antes de recurrir a su McDonald’s o KFC más cercano, ¡no se van a arrepentir!

So I ordered the rich cake and left EAT pretty satisfied (and with a gift bag!) with the whole experience. I highly recommend EAT to all of you who work in Calle 50 and its surroundings. Give yourselves the opportunity to try their pastas, soups, chicken breasts and salads before heading to your nearest McDonald’s, you will not regret it!

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Lo básico
Dirección/Adress: Calle 53 Este, Plaza Hi Tech – Obarrio (Detrás del St. George’s Bank)
Horario/Opening Hours: Lu-Vi de 7:00 – 16:00 hrs.
Sábados de 7:30 – 15:00 hrs.
Teléfono/Phone: 388-9999
Promociones: ¡Si trabajas en Banistmo o Saint George’s Bank, muestra tu carnet y consigue un 10%!
Síguelos en: @eatpty

Visita veloz en Ámsterdam

¡Hola a todos otra vez! ¿Cómo ha ido esta semana? ¿Muchos viajes? ¿Planes? ¿Vuelos comprados? Yo hoy quiero seguir con el relato de mi último viaje a Europa. Y es que, como ya les había contado, el paseo no terminó con el fin de semana romántico en París.

Luego de disfrutar todos los pain au chocolat y sentir el corazón latir con cada vista de la Torre Eiffel, tomamos nuestras maletas y nos fuimos en tren hasta Ámsterdam. ¿Por qué Ámsterdam? Primeramente, porque una de mis cuñadas vive allá con su futuro esposo y queríamos celebrar su cumpleaños con ella. Y en segundo lugar, y no menos importante, porque la ciudad más conocida de Holanda guarda entre sus canales y miles de bicicletas, una magia de pueblito pequeñito que se fusiona con el vanguardismo y la tecnología de una gran ciudad.

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Nuestra visita fue demasiado breve, pero la desquitamos bien. Con poco más de 24 horas (sin contar horas de sueño), conseguimos cenar comida Nepalí, recorrer sus hermosos canales, visitar una de las pinacotecas más importantes del mundo y cenar en el único restaurante teppanyaki en Europa con una estrella Michelín.

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Una vez que llegamos del tren al departamento de mi cuñada (¡con una hermosa vista a un canal!), salimos todos (también coincidimos por allá con mi suegro y su novia) a cenar a Sherpa. Un restaurante pequeñito, de sabores nepalís y tibetanos, fue la opción perfecta para entrar en calor y en un ambiente familiar y súper relajado. Cenamos abundante y rico: curry de pollo, curry de cordero, vegetales, espinacas a la crema, unas bolitas tipo dumplings llamadas Momo, sopa de lentejas, stir fried noodles con verduras, pan naan y un postre que parecía un arroz con leche con coco y mango también muy sabroso.

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Con las barrigas llenas y ya entrados en calor, tomamos un taxi de regreso a casa, pues hacía demasiado frío como para caminar.

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Amanecimos al día siguiente con un Ámsterdam soleado, aunque no por eso menos helado. Desayunamos huevitos en el depa, tomamos café y disfrutamos ver los patos chapoteando en el agua. Ya listos todos, a media mañana, salimos a caminar. Ya conocía yo la ciudad, pero la cantidad de ciclistas y bicis estacionadas y en movimiento no dejó de impresionarme. Aún con el frío (aún con lluvia, triques cargando, perros, tacones, viento), los holandeses son fieles a su medio de transporte favorito y debes ser precavido y caminar por las banquetas o los lugares dispuestos para peatones sino quieres terminar arrollado.

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Confieso que el frío nos ganó un par de veces, por lo que tuvimos que encontrar un par de refugios que nos regresara el calor. La primera vez entramos a la Iglesia de San Nicolás, una iglesia neobarroca y neorrenacentista donde dan misas en inglés.

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Salimos a explorar otra vez, y en nuestro recorrido entramos al famoso Red Light District. Vimos las fachadas con los focos rojos (algunos encendidos otros no), pasamos por el Museo del Sexo, miramos las mujeres en las vitrinas y continuamos con nuestro tour, pasando también por muchos coffee shops, tiendas y restaurantes.

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Cuando el frío nos volvió a vencer entramos a tomar un café en un local de carácter universitario. Y una vez más, cuando habíamos recuperado el valor para salir a la calle, nos dirigimos ahora sí sin paradas al Rijksmuseum, uno de los museos más importantes de Europa. Dentro del edificio, que fue construido a finales del siglo XIX con la intención precisa de que fuera un gran museo, se guardan obras importantísimas como La Ronda de Noche de Rembrandt y La Lechera de Johannes Vermeer.

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Para terminar la visita con broche de oro y sobre todo, para festejar a Michelle por su cumpleaños, mi suegro nos invitó a Sazanka. Del chef Masanori Tomikawa, nace la idea de un restaurante que conjugue una alta calidad de ingredientes y la amabilidad y precisión de la cocina japonesa. Así, nos sentamos todos frente a la parrilla y consideramos el menú en lo que nos abrían la primera botella de vino (Mas La Plana).

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La opción era clara: pedir un menú fijo en lugar de a la carta para poder probar de todo un poco y vivir una verdadera experiencia teppanyaki de calidad. Yo elegí el Sazanka Clásico y superó mis expectativas desde el primer tiempo. El Wagyu Beef estilo tataki, llegó lleno de color en un plato de cerámica. La carne, marmoleada y delgadita, era la propia evidencia de su contenido graso y calidad. Sinceramente yo creo que no he comido un tataki más delicioso que este. Y apenas comenzaba la noche.

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Se cocinaron frente a nuestros ojos cortes de pescado del día en claras a punto de turrón y sal; lajas de magret de pato con hongos japoneses, carne angus con vegetales de la temporada y un delicioso arroz frito con pepinillos y ensalada. Ya descorchada la segunda botella de vino y con sonrisas de parte de todos nosotros por el festín, llegó la hora de cerrar la noche con el postre: una crepa con helado de sésamo, fruta fresca de la estación y deliciosos hilos de chocolate para coronar.

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De verdad es que la comida no tiene que ser complicada para ser gourmet o deliciosa, y nuestra cena en Sazanka es testimonio de que contar con ingredientes de altísima calidad asegura una experiencia completamente nueva y digna de que saliven todos tus sentidos.

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Así terminó nuestra parada veloz por Ámsterdam. Y aunque nos hubiese gustado prolongar la visita, el deber nos empujó hacia la próxima ciudad. ¿Adivinen cuál es el siguiente punto del itinerario? Les doy una pista: chocolates.

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Sorpresas e impresiones de Panamá (I)

Ya con dos meses viviendo en la ciudad de Panamá, creo que va siendo hora de que les platique un poco sobre cómo está la onda. Ya saben, ¿cómo es la ciudad? ¿El clima? ¿La gente? ¿La comida? Obvio con tan poco tiempo no soy una experta en esta urbe y su ritmo, pero con cada día que pasa voy aprendiendo algo nuevo y entendiendo más la dinámica con la que se desarrolla.

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Les voy a ser muy franca. Yo no sabía mucho de Panamá antes de mudarme. Quizá lo que se escucha en conversaciones rápidas y generalizadas o los propios juicios que me ingenié por su mera localización geográfica: un país tropical, en desarrollo, latinoamericano, con un canal que funge como las puertas del mundo. Sin embargo, desde que llegué me he dado a la tarea de salir a explorar, de platicar con la gente local y de leer blogs y artículos de expatriados y gringos retirados en este ciudad (literal hay una guía). Y la verdad es que me he llevado muchas sorpresas, unas positivas y otras no tanto. Pero por eso hoy les quiero compartir sobre esas primeras impresiones que obtuve al llegar y lo que poco a poco a revelado y descubierto.

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Cinta Costera en Panamá

1. Edificios, edificios, edificios – Cuando llegué no sabía realmente qué esperar en cuanto a la arquitectura y construcción en sí de la ciudad, lo que sí es que no esperaba toparme con la cantidad de rascacielos que de esta tierra se dispara. Desde que sales del aeropuerto de Tocumen y comienzas tu recorrido a la zona urbana, docenas de edificios empiezan a asomarse y a delinear la costa que delimita la zona. Se me figura como un mini Miami. Y aunque la ciudad no deja de ser chica (de la urbe principal a Costa del Este son sólo 10 kilómetros), la cantidad de torres no deja de engañar al ojo y de impresionar por su hermosura (¡sobre todo de noche!) a cualquier visitante. Según entiendo, desde hace 16 años que Panamá recuperó el control del canal (antes a manos de Estados Unidos), la ciudad vio un boom inmobiliario y un desarrollo dramático, tanto que ahora es “La ciudad de los rascacielos de América Latina”. Y como la ciudad estaba imposibilitada para crecer al norte y hacia las cuencas del canal, sus opciones eran: hacia el este o hacia arriba. Nosotros, como dato curioso, ¡vivimos en el piso 60 de una de las 10 torres más altas de la ciudad!

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La vista desde nuestro departamento

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Foto de Mauricio Toussaint

2. Panamá es una ciudad pequeña – Con poco menos de un millón y medio de habitantes en toda el área metropolitana, Panamá es realmente una ciudad chiquita. En Guadalajara, por ejemplo, estamos casi llegando a los cinco millones, ¡es más de tres veces más grande! En cuestión de extensión, el área metropolitana de la ciudad de Panamá es similar a la de Guadalajara, sin embargo, la mayor parte de este territorio es rural y el núcleo urbano es mucho más pequeño y cuenta con sólo 400 mil habitantes.

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Desfile por la Independencia de Panamá

3. El Casco Viejo – Que quede claro que no todo es rascacielos en Panamá. Una de mis zonas favoritas de la ciudad es el Casco Viejo, y ahí no abundan más que construcciones coloniales e históricas que mantienen la tradición de la antigua ciudad. O, realmente, de la segunda antigua ciudad de Panamá, y es que, la primera fundada en 1519, sólo duró 152 años, pues en 1671 el Gobernador Juan Pérez de Guzmán, optó por quemarla antes de que la atacaran el pirata Henry Morgan y su tripulación. En 1673 se inauguró la nueva ciudad, construida en una península totalmente aislada por el mar y un sistema de murallas, es esto lo que ahora se conoce como Casco Viejo. La zona se encuentra en restauración, así que muchos edificios están colmados de andamios y material de construcción, sin embargo, muchos ya yerguen terminados, pintados y orgullosos de alojar hoteles boutique y bares y restaurantes de mucho diseño y cocinas gourmet. ¡Vale mucho la pena!

4. Amplia y deliciosa oferta gastronómica – Algo que me encanta de Panamá es su oferta gastronómica. Ya saben que mis fines de semana giran en torno a restaurantes y mercaditos donde pueda probar, comer, tomar y disfrutar a gusto. ¡Y Panamá nos ha colmado de riquísimos momentos culinarios! Siendo sincera, la comida tradicional panameña no ha sido mi hit: pollo frito estilo kentucky, arroz con pollo desmenuzado, pescado frito con patacones… para mí nada especial. Pero hay un “pero” y es uno grande. Y es que por ser una ciudad súper internacional y cosmopolita (por el canal y por ser un paraíso fiscal, la cantidad de extranjeros y foráneos que visitan o de plano viven en Panamá es muy significativa), los buenos restaurantes proliferan y atraen a comensales hambrientos. Thai, japonés, peruano, italiano, chino, vietnamita, india, española, ¡no hay ninguna cocina que falte! Además, he notado que los restaurantes tienen mucho detalle en su decoración, así que una buena comida en un espacio súper bonito nunca será escasa.

5. El tranque – Así le llaman los locales a los traficales y embotellamientos de miedo que se crean en la ciudad a horas pico. ¿Se preguntarán cómo es que en una ciudad tan pequeña hay tanto congestionamiento vial? Quizá la densidad de la población, la falta de vías alternas y un sistema de transporte público aún deficiente son los motivos principales. Lo que sí les puedo decir es que aquí se tiene que manejar con paciencia. Lo bueno es que están trabajando en este problema y acaban de inaugurar un metro muy moderno y hay otra línea que se encuentra en construcción.

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6. Rápido y furioso se queda corto – No es broma, los primeros días (o el primer mes) regresaba a casa estresada de estar en la calle haciendo pendientes. Y es que agarrar la camioneta me daba hasta miedo. Con una cultura vial de “quítense que ahí les voy” y de “primero yo”, manejar es un reto y una aventura todos los días. Aquí es mejor no esperar a que te den el paso -aunque sí hay personas que de pronto te sorprenden- y lanzarte a la kamikaze a ese retorno que estás a dos de pasar.

7. Claxon sin mesura – Y para terminar con el tema de las calles y la cultura vial, algo que me sorprendió mucho al llegar a Panamá es lo mucho que usan el claxon. En algunos lugares, como Estados Unidos, por ejemplo, es contra la ley usar el claxon a menos de que sea para prevenir un accidente. Pues aquí no. Aquí te pitan si vas caminando, si te cruzas o cambias de carril, si te quieren dar el paso, si vas caminando, si un taxi quiere hacerte ver que está libre y te ofrece sus servicios… Para lo que sea y a la hora que sea, el claxon es una herramienta fundamental para todo quien maneje en esta ciudad.

8. Tres aeropuertos – Sí, aunque les comenté hace rato que Panamá es una ciudad pequeña, tiene tres y medio aeropuertos. El más grande e internacional es Tocumen, a donde llegan todos los vuelos de Europa, Asia, México y Estados Unidos. También tienen el Aeropuerto Panamá Pacífico, a dónde llegan vuelos de bajo costo desde Colombia. En tercer lugar se encuentra el Albrook Marcos A. Gelabert International Airport, que solía ser una estación de la fuerza aérea. De este aeropuerto puedes viajar a otras ciudades de Panamá, Costa Rica y Colombia por AirPanama, aerolínea de bajo costo.

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9. La gente –  Muchos amigos me han preguntado que cómo es la gente por acá. Y lo primero que les respondo es que para empezar la “gente” en Panamá no se compone de sólo panameños. No, Panamá, es casa para personas de todo el mundo, y al ser una ciudad chica, la diversidad es muy notoria. Yo cada que me subo a un Uber de plano le pregunto al chofer si él o ella sí es panameño, ¡es más fácil que sea de Colombia o Venezuela! En nuestro edificio también, por ejemplo, nos topamos en el elevador con personas de España, Japón, Costa Rica, Estados Unidos, vivimos en un lugar súper multicultural. Sobre los panameños, puedo decir que son personas amables, expresivas, ruidosas y muy orgullosas de su ciudad.

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10. Moneda dolarizada – Aunque la moneda oficial de Panamá es el Balboa (el nombre viene del explorador español Vasco Nuño de Balboa, que descubrió el Pacífico en 1513 en su travesía por el istmo de Panamá), su economía, desde 1904, es una dolarizada. Esto significa que un Balboa es igual a un dólar y que sus billetes en circulación son de hecho dólares. Lo que sí tienen son monedas: de un Balboa, de medio Balboa… a mí sólo me ha tocado ver de esas, por lo demás, sigo usando quarters, dimes, nickels y pennies.

Hay muchas cosas más que les quiero platicar sobre Panamá y las sorpresas que me he llevado, así que creo que escribiré una parte dos de esta entrada para no saturarlos en esta ocasión. Me interesa mucho saber quién de ustedes conoce esta ciudad y que me cuenten de sus impresiones y experiencias. ¡No duden en platicarme y comentarme, y hasta visitar!

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Brunch en San Diego: mis lugares favoritos

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Tengo muchas ganas de platicarles sobre mi vida en Panamá, pero siento que me he saltado muchas etapas y además todavía no tengo suficientes fotos sobre mi vida en Centroamérica, así que he decidido esperarme un poquito y mejor compartirles sobre uno de mis pasatiempos favoritos en una ciudad que me encanta: ¡San Diego!

Antes de mudarme para acá, tuve la oportunidad de residir en lo que se me antoja como una extensa vacación californiana. Durante tres meses me desperté para trotar en el extenso y hermoso Balboa Park, compré mis tomates -orgánicos- en Trader Joe’s y tomé copas de rosé mientras admiraba puestas de sol espectaculares desde nuestro balcón. ¡Hay tanto que quiero contarles sobre mi estancia en el sur de California! Pero todo a su tiempo…

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Balboa Park

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Rosé en el balcón

¿Total, qué les quiero platicar? Sobre un pedacito del fin de semana que seguro ya saben que disfruto con locura: una actividad exquisita no sólo por los aromas y sabores, sino por la hora del día en que se realiza, sin madrugadas ni prisas ni desvelos: ¡el brunch!

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Admito que soy una persona mañanera. Me gusta levantarme temprano, ver el sol nacer mientras corro, tomarme el primer café a las 8 a.m., bañarme y estar lista para seguir con mi día antes de las 10. Por eso me costó un poco de trabajo encariñarme con el brunch: no me gustaba la sensación de culpa de llegar al restaurante a las 11 del día y probar bocado hasta las 12. Pero una vez que aprendes a levantarte un poquito más tarde, a bañarte con calma y a esperar con una taza de café a que tu esposo salga de la regadera para cambiarse y partir, el brunch se presenta como la comida perfecta del fin de semana.

Y aprovechando que San Diego es una ciudad muy visitada por tapatíos y mexicanos en general, quiero recomendarles tres restaurantes que ofrecen un brunch delicioso.

1. The Cottage en La Jolla Es obligatoria mi parada en The Cottage con cada visita que hago a San Diego. Ya sea sola con René, con mi familia, con visitas o con quien sea que tenga antojo de los mejores huevos benedictinos que he probado en mi vida. Literal. Esa es la especialidad de la casa y los preparan de cinco formas distintas: con lomo canadiense; con polenta y pesto; con pechuga de pavo y aguacate (California Eggs Benedict); con tocino canadiense, espinacas, champiñones y balsámico (Eggs La Jolla); o con cangrejo crocante. Mis favoritos son los California y los Eggs La Jolla y sólo pensar en ellos me pone a soñar que ahorita estoy ahí, saboreándolos todos y dándole sorbitos a un café, un bloody mary o una mimosa.

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En algunas otras ocasiones opto por ordenar el Fried Egg Sandwich, ¡que me encanta! Con pan sourdough doradito, gruyere, tocino crujiente, arúgula, cebolla, alioli de limón amarillo, jitomate y unas gotitas de salsa Cholula, este platillo me parece una transición perfecta entre desayuno y lunch. Claro que hay mil opciones más: huevos al gusto, omelettes, pancakes con limón y ricotta (¡esponjosos y riquísimos!), granola hecha en casa, ensaladas, tuna melts y hasta chilaquiles, yo sólo les hago hincapié en mis favoritos para que se animen a probar.

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Y guardé lo mejor de este lugar para el final. Y es que cada visita mía tiene tres partes: la primera es el café y el pan dulce mientras espero la mesa (¡siempre hay fila así que vayan mentalizados!); la segunda es el abundante desayuno, el jugo de frutas, el café, la mimosa; y el tercero y a veces más difícil de conseguir pues se necesita de la solidaridad de tus acompañantes: ¡el postre! Sí, leyeron bien, hay un platillo que no perdono como postre cada que visito: el Stuffed French Toast con extra topping de fresas, berries y plátanos. Este no es cualquier pan francés, es una delicia de los dioses gastronómicos: tres piezas de pan brioche con mantequilla, rellenas de compota de fresa y queso mascarpone, espolvoreadas de azúcar glass, fruta y miel… ¡Fuera de este mundo de verdad!

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Mis recomendaciones son que cada quien pida su plato principal y al final compartan el pan francés, que vayan con tiempo, con mucha hambre (para mí es el premio perfecto después de una carrera o larga corrida) y que después de todo, disfruten de un hermoso día caminando por La Jolla, por la playa soleada, por la bahía repleta de focas. Tendrán un sábado o domingo para recordar.

2. Snooze En el corazón de Hillcrest (el barrio gay de San Diego) hay un lugar de abundantes desayunos y suma popularidad. En honor a su nombre, este lugar te dará el placer de esos cinco minutitos más de sueño cuando suena tu alarma. Con un café helado recién hecho y una vibra juvenil y alegre, Snooze te espera con su propia interpretación del tradicional desayuno americano.

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¿Qué ordenar? Si son fanáticos del hash brown (papas ralladas y sofritas) les recomiendo el Snooze Spuds Deluxe: una orden de hash brown cubierta con queso cheddar gratinado, cebollines y un par de huevos estrellados. Una mezcla original, calientita y cremosa para empezar el día con el corazón y la barriga contentos. Otra opción sabrosa es un Sammie (sandwich) de corned beef, queso suizo y aderezo mil islas o, uno de mis gustos culposos, un Grilled Cheese con sopa de tomate, ¡deli!

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Sea lo que pidan, aquí también deberán dejar espacio para el postre, porque el OMG! French Toast realmente te dejará sorprendido. Un pan francés con mascarpone, crema de vainilla, caramelo salteado, fresas frescas y coco tostado es el final perfecto para una mañana con amigos.

3. Great Maple Seguramente han escuchado de las donas de maple espolvoreadas de trozos de tocino crujiente, ¡pues en Great Maple las preparan a diario y son espectaculares! Y si esa no es razón suficiente para visitar el restaurante, el resto de su menú creativo y moderno lo será. Prueben los Popovers (unos tipo muffins con un par de huevos poché encima y salsa holandesa) con flores de calabaza fritas rellenas de queso de cabra, con champiñones, tomates rostizados y una vinagreta de fresa. O si prefieren algo dulce, dense un lujo con los pancakes de fruity pebbles o los de peanut butter y plátanos fritos o los de chocolate y tocino, ¡no se arrepentirán!

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La comida es parte esencial de un buen viaje, así que no se olviden de estas tres recomendaciones la próxima vez que estén por San Diego y sus alrededores. Hay muchos otros lugares que deben probar, pero empiecen por estos y verán que quedarán súper satisfechos.

Punto y coma: guiño de Sonora en la ciudad

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Cuando escuchamos “restaurante de mariscos”, ¿qué es lo primero que viene a la mente? ¿Tostadas de ceviche? ¿Aguachile? ¿Coronitas? Pareciera que estamos acostumbrados a catalogar todos los establecimientos de mar en estos platillos típicos y nos olvidamos de que la creatividad humana ha hecho aún más variada y extensa la profundidad de los océanos.

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Ayer, Punto y Coma, en avenida Providencia 2889, me refrescó el paladar. Con una carta extensísima, donde el ceviche y el aguachile no son los protagonistas, disfruté una comida fuera de lo que cualquiera de los más de 50 restaurantes de tan cotizada calle podría otorgar. Y es que aquí, los mariscos son más estilo sonorense, que siempre suelen estar acompañados de un guiño oriental.

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Además, me sorprendió lo agradable del lugar: con paredes grises con guiños náuticos, mesas de madera, arena y conchas debajo de la escalera y una barra llena de licores y botellas, el ambiente está puesto para una tarde de satisfacción.

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El personal fue extremadamente atento, no teníamos dos minutos sentados cuando ya nos ofrecían (fui con mis padres) una bebida y algo para picar. Sin embargo, la carta es tan amplia que sí tuvimos que tomarnos varios minutos para elegir los primeros platos. A sugerencia de una de las meseras, comenzamos con una torre de atún, camarón y guacamole, y a sugerencia de uno de los socios, ordenamos también una docena de ostiones variados para cucar un poco la boca.

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La verdad me sorprendió el oyster bar de Punto y coma, y entre más de 15 preparaciones distintas, escogimos cuatro: Renata (frescos con un toque de aceite de oliva y un gajo de toronja), Alba (con una salsa especial y un toque de miel, ¡me fascinaron!), Asturias (fritos, con salsa tártara y hueva de pescado) y Premiere (con callo de hacha y camarón crudo, clamato, cebolla y chile verde). Otra opción fresca es pedir balazos: shots de ostión con distintas salsas y sabores, ¡muy sabrosos!

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Una vez que devoramos nuestras entradas al centro, continuamos con antojitos y platos fuertes. Confieso que fue difícil elegir, porque el menú es tan amplio y tiene propuestas tan diferentes a la de una marisquería tradicional, ¡que todo se me antojaba! Las tostadas con callo, camarón y pulpo, los taquitos volteados de camarón con queso añejo encostrado y salsas cítricas y japonesas, los chiles güeros rellenos de mariscos, los filetes de robalo con sabores agridulces… Finalmente yo pedí una tostada de salmón y cebolla frita, y es que ahorita la tostada de atún la encuentras en tostadas parte, pero de salmón, no me había tocado por lo menos a mí. Llegó muy abundante, con un salmón deliciosamente sazonado y de textura suave, un acierto sin duda, porque además el aguacate y el tajín resaltaban aún más los sabores.

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En la mesa también desfilaron un taquito de Pulpo Mandilón (con pulpo tierno, tortilla de maíz, queso gratinado, ajillo y cebolla caramelizada), un filete de pescado Península (una lonja de dorado sobre una cama de papas fileteadas y doradas, y adornada con chile guajillo), y, bajo insistencia del mesero, una pork chop al durazno (un rib eye de puerco con una salsita agridulce, sobre un puré de papa que no tenía madre).

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Comimos los tres muy a gusto, la verdad: todos los platos fueron vastos, las cervezas llegaron heladas y nos hicieron sentir súper bien atendidos y bienvenidos. El lugar es relativamente nuevo y tiene una ubicación inmejorable en la avenida Providencia, así que no hay excusas para no darse una vuelta para probar y conocer. Además, para mí fue un plus sentarme en una mesa en la planta alta, porque tenía una vista diferente y muy linda de esa avenida que con tanta frecuencia recorro.

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Ya para terminar la tarde, no podía faltar el postre y el café. Yo pedí mi americano y cuando vi la bandeja llena pasteles y coyotas, no pude resistirme al de chocolate, que más parecía pudín que pay y que es algo positivo porque a mí me encanta el pudín, ¡jaja!

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Ahora que el calor comienza a aletargarnos a todos en Guadalajara, los mariscos son una opción perfecta para combatirlo y mantenernos frescos, hidratados y de buen humor. Así que aprovecha este fin de semana y descubre un tu platillo favorito de Punto y Coma, tómate unas chelas con tus amigos, un carajillo con tus amigas, o hasta una piña colada con tu mamá. Estoy segura de que vas a pasar un buen rato.