Maido, ¡increíble experiencia en el restaurante número 8 del mundo!

¡Bonito jueves a todos! ¿Cómo va su semana? Pues sin duda la mía ha sido una de mucho calor y, no sé a ustedes, pero cuando las temperaturas suben sólo dos cosas se me antojan para comer: mariscos o sushi. Así que no saben mi emoción de recordar y compartirles una de las experiencias gastronómicas más increíbles que he tenido en la vida y que además conjuga perfecto estas dos opciones de comida.

Beautiful Thursday to you all! How’s your week going? Mine has been hot and sweaty! And I don’t know about you guys, but when the temperature is up I crave one of these two types of foods: seafood or sushi. So I’m so excited that today’s blogpost covers both these types! Oh, how I enjoy to remember this day! The day in which I reveled in one of the most amazing culinary experiences of my life!

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Ya no se las hago de emoción. ¡En mi reciente viaje a Lima tuve la oportunidad de ir al restaurante número 8 del mundo! Les hablo nada más y nada menos que de Maido, del chef limeño de ascendencia japonesa, Mitsuharu “Micha” Tsumura. Esta cena fue mi regalo de primer aniversario para René, ¡y fue un súper éxito!

To the point! In my recent trip to Lima I had the opportunity to dine at the world’s 8th best restaurant. I’m talking about Maido, by Lima’s chef with Japanese ascent,Mitsuharu “Micha” Tsumura. This dinner was my one year anniversary gift to my loving husband and it was a thorough success!

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¡Qué les cuento! Cuando por fin, casi tres meses antes de nuestro viaje, logramos reservar nuestros lugares para degustar de la “Experiencia Nikkei” que ofrece el lugar, Ren y yo nos sentimos ganadores de la lotería. Sabíamos a lo que íbamos: a un maridaje perfecto entre la cocina peruana y la japonesa; entre los sabores de las tierras andinas y las técnicas culinarias ancestrales de los nipones; entre ingredientes locales y tradicionales y las innovaciones modernas de los chefs de vanguardia.

Where do I start? When my husband and I finally booked our reservation (almost three months in advance!) for Maido’s Nikkei Experience, we felt we had just one the lottery. We knew what we were getting ourselves into: a perfect marriage between Peruvian and Japanese cuisine; between the flavors of andean lands and the ancestral culinary techniques of Nipon; between local, traditional ingredients, and the innovative minds and ideas of modern chefs. 

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Así pues, llegamos a las 21:00 horas al restaurante. Nos recibió una casa adaptada al local, con un recibidor pequeño en la planta baja y una escalera de caracol que nos llevaría al grito de “¡Maido!” (“¡Bienvenido!”, en español) en el primer piso. Con ese cariño y gozo te acoge el personal desde el inicio.

We got to the restaurant on time, 21:00 hours. An adapted house with a small receiving room and a spiraling staircase that led us to the gleeful shouts of “Maido!” (“Welcome!” in English) embraced us. It is with that same joy that the staff treats you throughout the evening. 

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Nuestro mesero estaba al tanto de que habíamos reservado la “Experiencia Nikkei” así que nos saludó muy amable y nos ofreció algunas bebidas. Yo pedí un coctel a base de tuna roja súper refrescante y Ren algo parecido a un gin tonic.

Our waiter knew we were there for the Nikkei Experience, so he greeted us kindly and took our drink order. I chose a red tuna cocktail while Ren asked for a gin tonic of some sort. 

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E inició la fiesta. Desfilaron ante nuestros ojos y paladares 13 platos espectaculares desde su presentación hasta su sabor. Cada uno merecedor de fotografía, explicación y, sobre todo, del cuidado y la atención por parte del chef para que los productos y sabores fueran de la más alta frescura, calidad y sabor.

And without hesitation, the party started. 13 beautifully crafted and tasting dishes waltzed in front of our eyes and into our mouths. Each plate deserving of its own picture, explanation and, most of all, attention. Without a doubt the ingredients we tasted were of the highest quality and freshness. 

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Sinceramente, la lista de ingredientes en cada uno de los platillos es larga y a veces hasta un poco difícil de entender, ¡hay tanto que no conocemos!, por lo que me abstendré de las descripciones detalladas y dejaré que se maravillen con las fotografías y uno que otro detalle que nos sorprendió.

Honestly, though, the list of ingredients for each dish is quite long and even complicated (there are so many edible things out there we don’t know about!). So I will refrain myself from detailed descriptions and will let you wonder at the beautiful photographs and only give you a few specifics about the feast we gobbled. 

1. Snacks

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Tres pequeños bocadines para iniciar y abrir el apetito: un pastel de cebolla con tartar de lenguado y masago (derecha); un crujiente de shari, aguacate, panza de trucha y gel de ponzu (en medio); y una galleta negra de arroz, tofu de aceitunas y pulpo (izquierda).

Three small bites to open our appetite: an onion cake with flounder tartar and masago; a shari crisp, avocado, trout belly and ponzu gel; and a black rice crisp with olive tofu and octopus.

2. Cebiche de Poda/Poda cebiche

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Este fue uno de nuestros platillos favoritos de la noche. La leche de tigre, conjugada con los echalotes, las sarandajas (frijol peruano) y el ají fueron el fondo perfecto para la pesca finamente laminada.

This was one of our favorite dishes of the night. The leche de tigre with the shallots, the Peruvian beans and the chili slices were the perfect backdrop for the gorgeously cut fish. 

3. Dim sum

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¡Otro de mis favoritos! Sobre todo por la sorpresa que te llevas al morderlo: una explosión líquida de calamar, caracol y un crunch de quinoa blanca.

Another one of my favorites! Mostly because of the surprise you uncover when you bite it: a liquid explosion of calamari and snail with a crunch from the quinoa. 

4. Choripan

IMG_0150 La salchicha era de pescado y pulpo/The sausage was made from fish and octopus

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5. Nigiris

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De la pesca del día. El de toro llevaba un huevito de codorniz. ¡De lo más sabrosos!

Made from the catch of the day. The toro one was crowned with a quail egg. So delicious!

6. Cebiche de lapas/Lapa cebiche

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Sinceramente este cebiche de lapa (un tipo de caracol) no fue tan de mi gusto. La sorpresa es que todo estaba helado y las texturas eran un poco chistosas.

Honestly, this limpet cebiche was not my favorite. I was surprised to find out that it was frozen and the texture was a little funny. 

7. Gindara misoyaki

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Esta es la primera vez que pruebo el bacalao y que me gusta/This is the first time I actually liked cod

8. Catacaos de camarones

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Este tamalito de arroz y camarones salteados se cubrió de un chupe (caldo) delicioso.

This shrimp and rice tamal was covered in a delicious broth. 

9. Soba de yuca

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Noodles de yuca con un caldo acidito de vóngoles peruanos/Yuca noodles with a yummy peruvian vongole soup.

10.  Sudado

Una sopa hirviente cubrió la pesca y las algas que las adornaban. ¡Riquísimo!/A steaming soup covered the catch of the day and the algae salad that adorned it.

11. Arroz con erizos

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¡La emoción de probar uni (erizo) por primera vez! Es una sensación suave, aterciopelada, ¡increíble! Aquí lo acompañan con choclo bebé y arroz chichlano.

The excitement of tasting uni (sea urchin) for the first time! It feels soft, velvety, amazing! It was accompanied with baby corn and rice.

12. Arrecife/Reef

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La preciosa pecera con helado de cheesecake de tofu y corales de uva y camote te dan el primer sabor dulce de la noche.

The beautiful fish bowl with tofu cheesecake ice cream and grape and sweet potato corals gift you with the first sweet taste of the night.

13. Chorito

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Sorbet de granadilla con mandarina, espuma, crocantes de cacao, helado de lúcuma y frambuesas. ¡El postre favorito de la noche! ¡Un verdadero placer!

Granadilla sorbet with mandarin, foam, cacao chips, lucuma ice cream, all topped with raspberries. The best dessert of the night! A true pleasure!

Con esto termina la Experiencia Nikkei en Maido. Sin embargo, como el staff sabía que celebrábamos nuestro aniversario, nos mandaron un detalle más. ¡Churros!

With this the Nikkei Experience comes to an end in Maido. However, the staff knew that we were celebrating our anniversary, so they sent us a small token of celebration. Churros!

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Sin duda Maido será una experiencia irrepetible en nuestras vidas. Y si ustedes son igual de fanáticos de la comida japonesa y de la comida peruana como nosotros, ¡es imperdible!

Without a doubt Maido will be an unrepeatable experience in our lives. And if you are a as big a fan of japanese and peruvian cuisine as we are, it is definitely unmissable!

Recorro el 2016

Pareciera que cada 365 días (o 366 de vez en vez) me siento frente a la computadora o un cuaderno o simplemente en el carro mientras cruzamos alguna calle transitada en nuestro recorrido a alguna fiesta, cena o discoteca, y reflexiono sobre el año que dejo atrás. Pienso en los libros que leí (este año fueron pocos, confieso), en los restaurantes que visité, en las amistades que gané y aquellas que nutrí -o también dejé morir-, en los regalos que envolví y en aquellos que me sorprendieron. Pienso en los viajes: en amanecer entre copos de nieve y la sensación de la escarcha bajo los esquís; en la sal de Playa del Carmen y las aguas iridiscentes de Bacalar; en el clink clink de los casinos y el baby doll que escogí con mi mamá y mi abuela. Pienso en los paseos por las montañas de California, en tantos vientos acariciados con la ventana del coche abajo, y en el recorrido por Coronado que hice en bicicleta con mi familia después de que desempacara la mitad de mi vida en un clóset insuficiente. Pienso en Cancún: en atravesar un camino de jungla con los pies destrozados de tanto bailar una noche antes y llegar al cuarto de palapa y mosaico donde amaneceríamos y dormiríamos desbordantes de amor. Pienso en Venecia, en la costa italiana, en el castillo que Maximiliano erigió en Trieste y en los templos rotos de Corfu. Pienso en el mar, en el azul mañanero y su profundidad durante las horas de amarnos. Pienso en Dubrovnik, en los techos rojos y la ropa colgada al sol, que junto con cada ladrillo de aquella muralla orgullosa cuidaron de nuestros besos y carreritas. Pienso en aquel ocaso, aquel que sobre los viñedos de La Toscana me ensanchaba el pecho, haciéndole un hueco más grande al corazón que tenía prisa por escapar. Pienso en Cinque Terre y los bolillos con jitomate y jamón que nos comimos mientras admirábamos los reflejos de océano y luz en cada casita de color. También pienso en la carretera que nos llevó a Lago di Como, en la champaña que descorchamos y nos tomamos en el balcón; pienso en Milán y en nuestro paseo en góndola en nuestro último día en los canales del Veneto. Pienso en San Diego, en cargar mi playera de México hasta la punta de Rock House Mountain y agitarla como diciendo “¡aquí sigo y tú en mi corazón!”. Pienso en la playa, en la costa escarpada de La Jolla, en  la extensión gris de Los Ángeles, en los taquitos Providencia que en un regreso volví a comer. Pienso en el sol de Tijuana, en los tacos de langosta de Puerto Nuevo y en la gripa que me quiso dar después. Pienso en mi México: en nuestro regreso a casa porque nos quedamos sin una, en la escapada que nos dimos a Tapalpa y y las vacas y los toros que por un ratito nos compartieron su lugar. Pienso en San Miguel de Allende: en sus tiendas y restaurantes frescos, en la silla de mimbre que en una galería fingí querer comprar; pienso en sus monos de papel maché, en la novia afuera de la iglesia, y en sus callejones y miradores que nos velaron mientras regresábamos borrachos y a carcajadas después de tanto caminar. Pienso en el castillo que volví a visitar pensando en mi abuelo. Pienso en Panamá. En sus rascacielos interminables y la vista que desde el 60 tengo al mar. Pienso en los archipiélagos: en aguas calmas y estrellas de mar que conocí por primera vez con mi mamá, que no entendía por qué los kiwis me costarían 60 pesos de ese momento en adelante. Pienso en Colombia, en descubrir un Medellín verde y amable y en hacer lo posible por acabar con una bandeja paisa que tanto disgusto me terminó por dar. Pienso en trepar y sudar 740 escalones para admirar la tierra partida en islotes, las aguas verdes -espesas desde de lo alto-, las nubes frondosas. Pienso en Cartagena: en el sopor envolviente, en los patios de los restaurantes, en la panga que nos llevó a Rosario, en el aguardiente en garrafa y en el aguardiente en tetrapack. Pienso en los muchachos de los tambores, en los disloques de cadera excitantes en el centro de la plaza. Pienso en caminar por sushi sola una noche y en el bikini y la bolsa que me regalaste. Pienso en regresar. Pienso en Casco Viejo: en la pasta con trufa que disfrutamos y la botella de vino que nos impidió pasar del restaurante al bar; en la boutique de chocolates donde me tomé un café y en la terraza que nos invitó a cenar. Pienso en Bocas del Toro: en convertir mi intuición de que cada playa es un paraíso en certeza mientras te observaba lanzar un palo de un lado a otro del cayo como si fueras un niño que sólo quisiera jugar. Y finalmente pienso en Vallarta -de donde escribo ahorita entre lágrimas y llena de humildad. Mi Vallarta tan azul y hermosa como siempre: en sus playas escondidas y verdes que mi hermana me revela, en sus atardeceres rosas, en las tortugas amorosas, en las caminatas por la arena, en Django revolcado por las olas -pero nunca soltando el frisbee de su boca-, en abrazar a mis papás, y en las ballenas que cada diciembre vienen a bailar, a ayudarme a recordar y revivir el año para que llena de agradecimiento, y siempre con un toque de melancolía, no tenga miedo de soltar.

Weekend getaway a San Miguel de Allende

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La última vez que visité San Miguel de Allende, Guanajuato, no podía ni entrar a un bar. Sí, los más de diez años sin recorrer sus callecitas empedradas ni chacharear canastas de flores secas en la Plaza Principal, ya reclamaban una visita. Así que le insistí a René que merecíamos un descanso del estrés que los últimos días nos había sofocado, hicimos las maletas y nos fuimos.

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El paseo nos duró cuatro días: de viernes a lunes. Y aunque creíamos que serían suficientes, descubrimos que la propuesta cultural y gastronómica de San Miguel alcanza para mucho más. Como reservamos nuestro hotel de un día para otro, no conseguimos llegar a Casa de Liz. En su lugar escogimos uno más modesto, pero muy limpio llamado Casa de las Conservas. En el Bed & Breakfast producen sus propias salsas, mermeladas y pan, por lo que al llegar a hacer nuestro check in, las ráfagas de mantequilla y canela nos dedicaron un baile de bienvenida.

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Luego de instalarnos en nuestro cuarto, salimos en búsqueda del Tío Lucas, un restaurante que un tío muy querido, que ya lleva años y años viviendo en Celaya, Guanajuato, con mucha emoción nos recomendó. El lugar me sorprendió: la fachada, muy pintoresca, tiene en la parte superior una fila de macetas de diferentes formas y tamaños con sus plantas verdes y rebosantes. Una vez adentro, se revela un patio muy fresco y alegre, con una concha en una esquina donde un trío desafina plácidamente un “Si nos dejan”.

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Para brindar por nuestra escapada romántica, pido un Merlot y Ren una Corona. Al centro, un queso fundido con chorizo. Echamos un vistazo al menú, los precios son un poco altos, pero no exagerados y estamos decididos a disfrutar. El queso, con tortillas recién hechecitas, es vasto y delicioso, así que de plato fuerte me limité a ordenar una sopa de tortilla, ¡de verdad exquisitísima! El Panzón sí pidió su Tampiqueña que, como debe ser, incluye un par de enchiladas, arroz, frijoles y guacamole con totopos. Terminamos realmente satisfechos y con un soponcio que de plano nos mandó a dormir temprano, no sin antes entrar a un par de boutiques a admirar la ropa hecha a mano con bordados indígenas, pero cortes modernos.

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Nos levantamos al día siguiente y desayunamos en el hotel. Los vasos de fruta con yogur y los huevos rancheros nos revivieron los ojos y ánimos para explorar durante todo el día. Nuestra primera parada fue el Centro Cultural Ignacio Ramírez El Nigromante. El recinto es parte del Instituto Nacional de Bellas Artes y fue construido inicialmente (1755 inició) como un convento. Y después de ser convento, colegio para señoritas, cuartel de la Revolución y escuela de Bellas Artes, terminó en la ruina y fue entregado al INBA. Como centro cultural se inauguró hasta 1962. Tanta historia se filtra de sus arcos, patios y escalinatas; de sus paredes que albergan lo más reconocido de la escena artística de la región; de sus murales de Siqueiros y Pedro Martínez. ¡Vale mucho la pena entrar y además es gratuito!

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Conocimos después la Iglesia de la Purísima Concepción y luego caminamos hasta Jardín Allende (el parque principal), donde sin faltan seguían vendiendo, como desde hace diez años, adornos de flores secas, globos, dulces, helados y frituras.

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En nuestro recorrido por las callecitas de colores encontramos una boutique/galería enfocada a cosas de interiorismo y hogar. Con un patio iluminado y enriquecido por una pared de agua, llamó mi atención y me insistió a ingresar. Ya adentro me enamoré de una silla tejida de mimbre, como una silla Acapulco, aunque con un twist. Obviamente, el precio y nuestro cambiante paradero impedía que hiciera algo más que admirarla, así que después de ilusionarme un rato y jugar a la casita, salimos y mejor nos dirigimos a encontrar otro lugar que curiosear.

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Dimos con Nudo, una galería que exponía grabados de los famosos papalotes de Francisco Toledo; avistamos tienditas con floreros y vajillas enteras con puntos coloreados; consideramos comprar macetas y jarrones en Trinitate; y seguimos a dos muñecotes de papel maché y a un par de novios que salían de la Parroquia de San Miguel Arcángel, antes de concluir que teníamos hambre y que La Parada era la siguiente parada en nuestro itinerario.

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Con la caminata y el calorcito, los ceviches y tiraditos de La Parada (restaurante de cocina peruana) se nos antojaban más que otra cosa. El lugar, como casi todos en este pueblo Patrimonio de la Humanidad, se mantenía fresco, ligero y lleno de buena vibra. Con un pizco sour y una copa de vino blanco bien, elegimos porciones minis de cada ceviche y tiradito para no quedarnos con las ganas. Además, un Arroz Afrodisiaco, con camarones, calamar y otros mariscos completó nuestra comida. Nos habíamos sentado en la barra (¡el lugar estaba atascado!), pero resultó un acierto, pues platicamos con un par de americanos jubilados que nos recomendaron un lugar para que desayunáramos al día siguiente, y además quedamos a la pasada de la gente que entraba y salía, y entre dicho tumulto dimos con JP Partida y Luis Lozano, ¡súper buenos amigos y mejores wedding planners del mundo!

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Tomar un descanso y lavarnos los dientes y la cara requirió que regresáramos al hotel. Pero una vez cambiados y refrescados, salimos directito al rooftop Luna del Rosewood Hotel a tomar unos drinks y encontrarnos nuevamente con Juan Pablo y Luis. ¡La vista es espectacular y los tragos con mezcal pronto comenzaron a hacer su efecto! En lo que menos pensábamos, ya todos nos estábamos moviendo nuevamente por las calles mágicas de San Miguel y hasta El Pescau, donde siguieron fluyendo los tequilas y también (por razones de salud), los tacos.

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Terminamos la noche en La 21Única, una cantina que nos vio cantar rancheras y banda y que además nos mantuvo intactos durante la lluvia que acaecía afuera.

No les voy a mentir y confesaré que amanecía al día siguiente con una de las peores crudas que he tenido la desfortuna de vivir. Como pudimos, logramos arrastrarnos hasta Café MuRO, aquél que nos habían recomendado en La Parada. ¡Fue un éxito! Acompañamos el café calientito con un pan casero, mermelada y una salsita picante y necesaria. Ren pidió unos chilaquiles rojos muy muy muy sabrosos y yo unos huevos divorciados con guarnición de chilaquiles en salsa de chile pasilla. El servicio además fue muy atento y amable y quedamos encantados y dispuestos a volver.

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El resto de nuestro día transcurrió en más galerías y tiendas, en saborear una nieve de garrafa de fresa y dulce de leche, en entrar a la famosísima e igualmente hermosa Parroquia y en callejonear hasta que llegó la hora de cenar. ¡Y guardamos lo mejor para el final!

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En el Hotel Matilda, Enrique Olvera tiene una de sus joyas: Moxi. Ya en sí el hotel es grandioso: moderno, acogedor, de verdad un sello de diseño y vanguardia en San Miguel que vale la pena conocer. El restaurante está en la terraza del hotel, con vista a un mural que arropa la alberca y a los huéspedes que suben relajados después de una aromaterapia en el SPA. ¡La comida fue exquisita! Pedimos de entradas un tamal de frijol con crema de rancho y ceniza de cebolla, y un fetuccini con tomates cherry, aceite de anchoa, chile de árbol y queso parmesano del cual nada más no me podía saciar. De platos fuertes: un lechón confitado, con rábanos y berros y tortillitas recién hechas, y un New York con chichilo y calabacitas orgánicas. ¡Delicioso! Y de postre: un pay de limón con crumble de cacahuate, helado de yogur y merengue de cítricos que de verdad estuvo espectacular. Sin duda Moxi hace honor a su nombre (significa “antojo” en Otomí) y nos deja babeando y alucinando con el día en que regresemos.

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Así terminamos nuestra escapada a San Miguel de Allende, con la barriga feliz y nuestra mente despejada.  O por lo menos eso creíamos. Porque en nuestro regreso a Guadalajara nos encontramos con una sorpresa: cerca de La Piedad, ¡un campo de girasoles a todo florear! ¡Enloquecí! ¡Paramos el carro en el acotamiento de la carretera y corrimos a ellos a admirarlos, olerlos y tomar fotos. Y ese sí fue el verdadero y hermoso final de nuestro recorrido.

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Preámbulo Café – sabor, café y tranquilidad

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Después de un complicado inicio de diciembre (cerró el periódico donde trabajaba y el estrés se nos subió hasta las orejas) y luego un vacacionado cierre de año, estoy de vuelta en la ciudad, desayunando en lugarcitos nuevos, degustando cafecitos y una vez más frente al monitor, lista para contarles sobre mis nuevos descubrimientos culinarios y planes de vida (¡son tantos!).

Pero para no abrumarlos ni enfadarlos con mis discursos motivacionales y muy personales, hoy les quiero recomendar un cafecito que se ha ganado mi corazón.

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En un rincón tranquilo de la colonia San Antonio, en una cuadra en donde López Cotilla encuentra calma después del barullo de la colonia Americana y antes del estruendo del Centro, hay una casita verde que despide notas de los años 20s, mientras en su interior gotea un café lleno de cuerpo. El interior de la casa, con piso original y paredes blancas, da hogar a una cafetería local que, con detalles sencillos y aromas alegres, da la bienvenida al comensal que busca refugio del bullicio o un lugar donde parar antes de iniciar un día atropellado y lleno de ruidos y pendientes. El preámbulo perfecto, así como lo antoja su nombre.

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Con mesas de madera vieja, sillas blancas y plantas en macetas de cerámica, Preámbulo tiene más de un rincón que invita a sentarse y desayunar. Las ventanas arrojan sombras y cobijan libros en los alféizares. Al fondo en la barra, un V60 en uso, y el barista dibujando una flor en un latté calientito.

El menú es breve pero delicioso y  no toma más que un platito de fruta para abrir el apetito. Pido al mesero -muy joven- un muffin inglés, los demás ordenan chilaquiles, otro, un muffin con salchicha. Llega el café y el primer sorbo despierta a Edith Piaf, que desde hace rato murmura al fondo. Platicamos. Disfrutamos el domingo. Por un resquicio nos toca el sol y alcanzamos a ver a los ciclistas que se dirigen a la Vía Recreactiva. Los jugos ya están en la mesa: naranja, verde, fresa con naranja. También chisporrotea un chocolate caliente.

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¡Mi muffin inglés está muy sabroso! El pan, con frijolitos negros, queso gratinado, un huevo estrellado, tocino crujiente y miel de maple, abraza la lengua y deja al paladar contento. Para complementar, un puré de papa suave deja una estela de mantequilla en la boca. A un lado, los chilaquiles en salsa de chile pasilla y los trozos de pancita comienzan a desaparecer. Al otro lado, otro muffin -aunque este con salchicha- es devorado.

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Nos retiran los platos, pero aún quedan traguitos de café en nuestras tazas. Un charleston reanima las anécdotas y nos queremos quedar ahí un ratito más. En la carta, nos hace ojitos un pan francés con fruta y queso de cabra, pero la barriga está satisfecha y tendrá que esperar para la próxima visita. La cuenta, el dinero, y nos marchamos con el corazón alborozado, dispuesto a prolongar esa placidez, a evadir el tráfico y el trabajo aunque sea cinco minutitos más.

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Preámbulo, Cafetería Local abre de lunes a sábado, de 8:30 a 22:30 horas. Los domingos, de 8:30 a 16:00 horas. ¡No lo dejen de visitar!

Si quieres escuchar un poco de música para sentirte en el ambiente de Preámbulo, da click aquí.

 

Funícula – la mejor pizza, un buen vino y mi tiramisú favorito

funicula1Con mucha emoción hoy escribo sobre uno de mis lugares favoritos de la ciudad. Siempre que alguien me pide una recomendación de un restaurante italiano, ¡mi cabeza automáticamente piensa en esta opción! Para mí, este lugar es la combinación perfecta de lo delicioso, casero, agradable, joven, tranquilo, familiar, pero perfecto para un viernes por la noche con tu pareja o amigos. Y lo mejor: tienen una de las mejores pizzas de la ciudad. funicula2 Les hablo de Funícula, un lugarcito ubicado en López Cotilla 1906, justo en el corazón de la colonia Americana, por lo que siempre está lleno de vida, dinamismo y gente joven, sobre todo si lo visitas por la noche. Los restaurantes abundan en esa zona -siendo una de las más hip trendy de Guadalajara-, y no es raro que algunos abran y otros cierren, unos inauguren y otros clausuren, pero desde 2010, Funícula te recibe con cariño y el mejor sabor de la cuadra. Eso sí, suele haber fila y no hacen reservaciones, por lo que es mejor tomarse su tiempo o llegar antes de las horas pico. funicula3 ¿Que por qué hago tanto brete sobre este lugar? Les cuento: además de su ambiente acogedor, Funícula prepara y sirve auténtica comida italiana; que el lugar siempre tenga más de algún comensal italiano es la primera evidencia de su legitimidad. Yo voy y lo recomiendo con frecuencia y siempre -vaya con quien vaya y todos coinciden conmigo- la comida está fresca y en su punto. ¿Qué ordenar? A mí me encanta iniciar con su carpaccio de pulpo: finas láminas de pulpo en aceite de oliva y reducción de limón y perejil, las acompañas de pan caliente y, ¡de verdad es un manjar! Es perfecto para compartir con una o dos personas más e ir abriendo el apetito para los platos fuertes. También pueden pedir un carpaccio de trucha o de salmón, los dos súper ricos, pero realmente los aliento a que pidan el de pulpo, ¡es el mejor! funicula4 Lo siguiente que tienen que pedir es LA MEJOR PIZZA DE LA CIUDAD, o sin duda una de mis consentidas (¡y vaya que he probado muchas pizzas, ja!). La pizza es a la leña, claro, de tamaño grande -perfecta para dos personas o para tres si van a ordenar más platillos- y tienen muchas variedades de ingredientes y preparaciones. Por ejemplo, podrías pedir una pizza blanca (sin salsa de tomate), una clásica (de pepperoni o vegetales), o una especial. De hecho, yo les propongo que pidan la pizza Toscana, ¡la mejor de la casa y les insisto que entre mis favoritas de la ciudad!: una masa delgadita y crujiente con una combinación de setas, champiñones y portobellos, y lajas de prosciutto para darle un toque aún más delicioso. Prepárala con un poco de chiles en aceite y chilito en polvo y, ¡uff! funicula5 funicula6 También les recomiendo que pidan los ravioles pesto rosso. Rellenos de tres quesos o de requesón con espinacas -será a su elección- esta salsa es de jitomate con un poquito de crema y tomates deshidratados, ¡exquisita! Yo sugiero que pidan la pizza y los ravioles al mismo tiempo, así, cuando todo les llegue a la mesa, podrán compartir y alegrar la convivencia con sus amigos, familia o pareja, mientras prueban de todo. Yo con mi carpaccio de pulpo, mi pizza y mis ravioles -obvio acompañado de un par de copas de Montepulciano- ya estoy más que lista para ordenar el postre y mi café, pero la verdad es que Funícula tiene mucho más que sólo sus sabrosísimas pizzas o pastas caseras. funicula7 funicula8 Puedes ordenar una ensalda con lechugas, berros y aderezo de yogur, un pollo al sésamo (una pechuga rellena de cebolla, jitomate, jamón y almendras con una salsa cremosa de ajonjolí), un filete de salmón almendrado, un filete de res en salsa de champiñones o en salsa de roquefort sobre una cama de arúgula, o alocarte y pedir un calzone picosito de mozzarella, alcachofas y jamón de pierna. ¡Todo lo que pidan les va a encantar! ¡Estoy segurísima! funicula9 funicula10 Para concluir la comida o cena con un dulce y un café, no se pueden perder el tiramisú y la panna cotta. Yo no he probado un tiramisú tan rico como el que hacen en Funícula: es suave, cremoso, esponjoso, aunque sin demasiado pan, y tiene justo el toque exacto de licor. Y la panna cotta, ¡es la favorita de René! Él casi nunca pide postre, ¡pero éste no lo perdona! funicula11 Funícula está definitivamente entre mis lugares consentidos de Guadalajara. Es rico, acogedor, auténtico, tiene precios justos y está en medio de una de las zonas más vivas de la ciudad, ¿qué más puedes pedir? ¡Vayan y visiten y díganme qué opinan de mi recomendación! ¡No les voy a fallar! M.