Mazamitla, Monteverde y Green Forest Tours: ¡mezcla perfecta de aventura y relax!

monteverde1Hace no tanto escribí una reseña sobre Mazamitla, ¡pero hoy les tengo una mejor! ¿Por qué? Porque regresé a este Pueblo Mágico y descubrí que no sólo puedes pasarla a gusto con tus amigos y familia frente a un asador o una fogata, sino que hay miles de actividades más que harán que tengas un fin de semana con la combinación perfecta entre lo extremo y la relajación, lo divertido y la calma y reflexión que muchas veces la sierra provoca.

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Me fui de viernes a domingo y me llevé (sí, porque yo los invité) a mis papás, mi hermana, René, mis primas Sofi y Andrea, y a Óscar, novio de ésta última. Ocho en total, llegamos a una cabaña hermosa y súper amplia en Hotel Monteverde. ¡Tenía muchísimo sin vistar este hotel! Y verdaderamente quedé sorprendida. El lugar, ¡bellísimo! Lleno de vegetación, calles empedradas, flores, cactáceas, aves, mariposas y, ¡lo más importante!, las coníferas altas y orgullosas de ser bosque mexicano.  Me encantó Monteverde porque más que parecer un hotel del montón, parece un coto donde sabes que está tu cabaña lista para hacerte sentir tan cómoda como en tu hogar. Los espacios entre cabañas son considerables y todas están a diferentes alturas y niveles de la colina, por lo que te sientes tranquilo y en privacidad, sólo con tu familia o tus amigos.

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Te estacionas justo afuera de tu cabaña, bajas unos escalones y te encuentras con una terraza de madera, banquitas de metal, un asador y la vista más espléndida: las montañas cubiertas de pinos y musgo, el sol naranja y las nubes rosas, los techos de teja y sus figuras. Yo elegí hospedarme en una cabaña grande, y ¡realmente es grande! Abres la puerta y crujen los pisos de duela con tus pisadas. A la izquierda, un comedor con ocho sillas y la mesa puesta para la cena; a la derecha, una cocina de azulejos blancos y una barra con taburetes altos; enfrente, un baño completo, impecable, justo en medio de dos recámaras acogedoras: la primera con una cama king size y la segunda con un par de literas. Ahí mismo en la planta baja te espera una sala grande con ventanas altas y una chimenea llena de leña por si la quieres prender. Subes las escaleras y la sorpresa es grata: un cuarto de juegos con una mesa forrada de fieltro verde para jugar cartas y dominó en la noche, una televisión por si quieres ver el partido de futbol, otro baño completo y, al fondo, otra recámara con dos camas individuales y una puertita que te saca a un balcón que más parece otra terraza con la misma vista espectacular.

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Una vez instalados, salimos a explorar un poco el lugar. Seguimos un sendero de piedras y al llegar al bosque continuamos por un camino de tierra y agujas de pino. La senda tiene señalamientos, por si quisieras hacer ejercicios con distancias específicas o salir a correr. En la caminata pasamos una cancha de tenis y finalmente nos topamos con la Pista Comando, y bueno, mi papá y mi hermana se volvieron locos: rodeados de árboles treparon redes, brincaron sobre llantas, se balancearon en troncos, jugaron carreritas en telarañas de cuerda. ¡Está padrísima para hacer competencias con toda tu familia o tus amigos!

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Volvimos a la cabaña ya con algo de hambre y nos fuimos al pueblo a cenar y tomar algo. Decidimos probar un cafecito, Cantaritos Bistro, en la mera plaza principal. Nos sentamos en el balcón y nos entretuvimos jugando dominó y armando rompecabezas mientras comíamos crepas de nutella, sandwichitos de jamón y queso y tomábamos vino tinto y carajillos, suficiente para que después de un par de horas nos diera sueño, y qué bueno porque el siguiente día empezaría temprano.

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monteverde7El sábado fuimos a desayunar temprano a mi restaurante favorito, Posada Mazamitla Restaurant, porque para mí es pecado ir al pueblo y no comer sus chilaquiles, su crema y su quesito fresco, acompañados de una taza de café. Y a las 10:30 ya estabamos caminando de regreso a la cabaña, satisfechos y felices, a lavarnos los dientes y prepararnos para el primer tour del fin de semana: el paseo en caballo. Justo saliendo de Monteverde y al a derecha están las instalaciones de Green Forest Tours, con todo el equipo, los camiones, los paquetes y seguridad para que descubras el otro lado de la sierra: el intrépido.

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Hicimos la Ruta del Tigre y el paseo en caballo duró una hora y media. Recorrimos una zona rural que colinda con el bosque, llena de casas bonitas y paisajes pintorescos. Mi yegua, Gitana, y el caballo de René, Apache, convenientemente buscaban estar juntos y si él galopaba, iba yo detrás de él. Fue un recorrido, ¡una mañana!, muy pero muy bonita.

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Al término del recorrido volvimos a la cabaña. Ya las 13 horas es momento justo de destapar las cervezas, servir los mezcales, sacar el cubilete y prender el asador. Hay algo sobre asar carne que une a las familias y a los amigos: todos poner la mesa, ver cómo se preparan los alimentos, pasar la salsa, las cebollitas, contar chistes e historias, querer colaborar. Son momentos en los que realmente disfrutas tu vida y tu compañía. Nosotros tuvimos un festín: carne de Chihuahua, chorizo, nopales asados, cebollas, chistorra, chiles güeros rellenos de queso, frijolitos, quesadillas, salsas, chimichurris, vino tinto y Legendario Domingo mezcal.

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Y nos dieron las 17:30 y ya todos alegres después de semejante comilona limpiamos y guardamos todo y volvimos a Green Forest Tours para el segundo del día: un recorrido en camioncito para ver el atardecer en el Bosque de las Hadas. En compañía de otras 12 personas y con una guía muy simpática, nos trepamos al bus y nos dirigimos al corazón de la sierra para aprender acerca de la flora y fauna de la región y ver desde un mirador la caída del día y del sol. No sé si es porque nosotros íbamos llenos de alegría, pero pareciera que contagiamos a todos los tripulantes del camión. Íbamos cantando, jugando, ¡hasta dando unos traguitos a una botella de tinto que mi papá metió de contrabando!

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Por fin llegamos a un alto y la guía nos invitó a bajar y a recorrer una vereda que nos internaría a un más al bosque y a sus leyendas. A mitad de la caminata comenzó a chispear, pero el agua no pareció molestar a nadie, pues continuamos con el recorrido, tomamos mucha fotos y sólo hasta el regreso nos refugiamos en un pequeño local que vendía café de olla, cajetas, dulces y chocolate caliente recién hecho. Volvimos al camión y continuamos el trayecto de regreso. Una vez en la cabaña pusimos algo de música y platicamos un rato más hasta que nos venció el sueño y entendimos que el día llegaba a un perfecto final.

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El domingo por la mañana también nos despertamos tempranito, tocaba el último y más alocado de los tours: ¡las tirolesas! Después de desayunar unos huevitos estrellados y un jugo de naranja en el El Kiosko, ahí mismo en Monteverde, y empacar todas nuestras cosas y subir las maletas a los carros, regresamos a Green Forest Tours para la última aventura. Nuevamente nos subimos a un camión que nos llevó a lo más alto de la Sierra (un ascenso de aproximadamente 25 minutos) y nos dejó en la estación de las tirolesas.

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No les voy a mentir, yo iba nerviosa, las alturas en ambientes salvajes y naturales no son mi fuerte, pero decidida a vencer mi miedo y completar no sólo el circuito panorámico (con seis tirolesas), sino el extremo (con siete tirolesas). Como una persona con algo de miedo (terror) a las alturas les puedo asegurar que todo el equipo que te provee Green Forest Tours, además de los instructores que te orientan en la experiencia son súper seguros y profesionales; además de que las instalaciones son nuevas y están certificadas por Protección Civil (¡prometo que investigué todo antes de animarme!). Y la verdad es que no se siente tan terrible como cree uno, al revés, dejarte de ir -aunque en un principio es intimidante y aterrrador- te llena de una sensación de libertad y poder que sólo experiencias retadoras como esta te regalan. Además, las vistas son impresionantes y el aire es fresquísimo, ¡yo lo volvería a hacer! ¡Y realmente los invito a que ustedes también lo vivan! ¡No sólo dejen que yo les cuente y escriba! ¡Atrévanse!

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Realmente estoy muy agradecida por mi fin de semana en Mazamitla. A veces nos da flojera salir de nuestras casas, pero la verdad es que a pocos kilómetros de la ciudad tenemos opciones hermosas que es una obligación conocer y visitar. Podemos planear el fin de semana que se nos antoje: uno tranquilo, donde quieras relajarte y disfrutar de las vistas, la comida y los amigos; uno intrépido, lleno de emociones, aventuras y recorridos, o uno como el que yo acabo de vivir, con la mezcla perfecta de relajación y aventura, siempre acompañado de buena comida y de personas a las que quiero y con las que siempre puedo platicar, reír y disfrutar.

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¿Qué han hecho ustedes últimamente? ¿Conocen Monteverde o han participado en los tours de Green Forest? ¿A dónde más me recomiendan ir para escribir y reseñar? Espero todos sus comentarios, ¡ya saben que los quiero!

Bonito fin de semana,

M.

Pelotas-mundo, constelaciones y billetes viejos en Pogo, la nueva expo del Cabañas

Processed with VSCOcam with s2 preset¡Hola a todos! ¡Les tengo una buena noticia! Después de ver durante meses y meses y meses fotos de sus familiares, amigos y conocidos frente a la colorida obra de Daniel Buren frente y dentro del Instituto Cultural Cabañas (Cabañas 8, Centro Histórico), ¡llega algo nuevo a la ciudad! Y quiero decirles que si la obra minimalista-abstracta de Buren les gustó, la nueva exposición de Máximo González les va a encantar. No me malentiendan, me encantó la intervención de los patios con espejos, rayas y colores, del artista francés, pero ya era momento de refrescar el espacio, ¿o no?

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Total que el artista argentino, que desde hace más de 10 años radica en la Ciudad de México, vino a hacer justamente eso. Su exposición, Pogo, se compone de instalaciones, collage, video, escultura y fotografía y se despliega en siete salas y dos patios del Cabañas. Durante el recorrido por todo el espacio, el argentino provoca una reflexión sobre la pobreza: ¿qué es ser pobre? ¿qué es ser rico? De hecho, subraya su creencia de que algunas personas, al tenerlo todo, sólo carecen de carencia, y que es precisamente esta carencia la que los lleva a un pérdida fundamental: el valor de las cosas, el parámetro para valorar lo que cada quien tiene.

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La primera instalación es “Cielo de América”, una casita de asbestos instalada en una esquinita del patio, El Ciego. Te piden que te descalces para entrar (sé que suena algo desagradable, pero vale la pena, así que no duden en hacerlo). Una vez adentro descubres que a la oscuridad de la casita se le cuelan puntitos de luz, el techo está agujereado. La metáfora es clara, el “pobre”, el que vive en casas de asbesto, tiene el techo y el paisaje más hermoso; ¿es tan pobre, entonces?

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La siguiente parada en el recorrido te lleva a “Manifestaciones”: unos “Bancos de pobre preparados para ricos”, una imponente mesa de madera con incrustaciones de monedas fuera de circulación, un estilo de petate bordado con las orillas que le cortan a los billetes en el Banco de México antes de que salgan a circulación (sí, Máximo González las rescató), píldoras, que encierran un grano de arroz con la inscripción “tengo hambre”, enquistadas a lo largo de una de las paredes; manchas rojas que simulan sangre, pero brotan flores en otra de las esquinas…

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Ingresas a la sala que sigue aturdido por los gritos que las protestas alrededor del mundo provocan en las personas. Una video proyección de manifestaciones en México, Asia, África aumenta su volumen para luego volverse a calmar y dar lugar a imágenes de animales y sonidos de la naturaleza… ¿Quiénes, qué especie es la verdaderamente salvaje?

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“Dream” es la siguiente parada en el recorrido y una de mis favoritas. Cuatro blancas paredes son el lienzo para que con cinco mil billetes, Máximo González pudiera recrear un sueño (aunque muy real) que termina en una guerra espacial: bosques, bosques talados, fábricas, refinerías, ciudades y rascacielos, mares, mares con buques, el espacio, la guerra en el espacio. Vale la pena observar el detalle de la ilustración, tomarse sus buenos minutos para observar con minucia la obra…

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¡Pum! Después de observar, casi pegada a la pared, la pieza “Dreams”, sales al Patio Orozco y te quedas sin habla: miles y miles de globos terráqueos cuelgan, se apilan y desbordan de los arcos, de los pasillos, de las jardineras. Con 7 mil pelotas de alberca con impresión de globos terráqueos, hechas en China, Máximo González representa las 7 mil millones de personas que habitan el planeta. “Camino entre los mundos” impacta y estoy segura de que se convertirá en la parte más fotografiada de la exposición.

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Casi para terminar, González construye una advertencia con “Monumento al peligro”: jarras, tazones, tuppers, platos, todo rojo, todo colgando de cables negros con focos. El resultado es un cuarto muy rojo por el que tienes que andar con cuidado para no destruir o no tumbar nada. Es visualmente llamativo y divertido de atravesar. El penúltimo elemento de la exposición es “El bosque de la silla árbol”: una sala con varias sillas de madera de las que se ramifica un árbol.

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Y, para finalizar, una instalación que rescata los recuerdos, pues con platos viejos, pintados, recolectados, provoca la introspección, dibuja la casa de nuestra abuelita, el comedor de nuestra infancia. Son más de dos mil platos los que personas de todo el mundo han donado para esta última instalación.

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Realmente les recomiendo que se den una vuelta y disfruten de la exposición, ¡no dejen que se las cuenten a través de Instagram o Facebook! Yo fui con un montón de amigos con los que aproveché para tomar fotos (chequen #ThePogoMeet en Instagram) y luego volví para ver la exposición con calma, y les digo con mucha sinceridad que vale la pena, sean o no fanáticos o seguidores del arte contemporáneo, Pogo de Máximo González los va a impresionar.

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Si alguien ya fue no duden en comentarme qué les pareció, si les gustó o no, cuál fue su parte favorita… Y si no han ido, vayan y visítenla y después me comentan, ¡ya saben que me encanta leerlos! La exposición estará abierta hasta el 8 de febrero de 2015, un abrazo.

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El centro, mi abuela y una calandria

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Sofi mi prima tuvo la iniciativa de invitar a mi abuela al Instituto Cabañas la semana pasada. Y a sabiendas de que yo soy fanática de ir al centro, me invitaron también. Al final, el plan contagió a mi hermana y a mi mamá y planeamos para ir juntas algún día de la semana. Si tienen ganas de ir a conocer yo recomiendo que vayan un martes, ya que la entrada es gratuita ese día. Nosotras, por cuestiones de horarios terminamos visitando el sitio el miércoles por la mañana. Nos fuimos tempranito, mi abuela nos había dicho: “nos vamos desde a desayunar. Las quiero llevar a un restaurante antiguo”.

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El miércoles a las 9:30 salimos de su casa y manejamos hasta el Centro Histórico de la ciudad. Hotel Morales, dijo que se llamaba, ¡qué conveniente, ja! En realidad, el lugar solía ser la Casa Verea, pero con la llegada del tren se transformó en hotelito para recibir a los visitantes. Ubicado en av. Ramón Corona 243, esquina con Prisciliano Sánchez, ofrece una vista preciosa al Jardín de San Francisco. Desayunamos ahí: molletitos con frijoles y pan francés con azúcar, canela y fresas. En la esquina del patio interior, un pianista tocando un vals. Había algo en el ambiente, más allá de la clara disposición que las mujeres de mi familia y yo teníamos por disfrutar la frescura de la mañana, el hotel, los arcos, el techo, los muebles, todo nos iba preparando para disfrutar por unas horas de una Guadalajara distinta.

 

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Salimos del Hotel con la intención de caminar hasta el Instituto Cultural Cabañas (unas ocho cuadras de distancia), pero a cinco minutos de camino mi hermana rememoró su infancia y djio: “algún día deberíamos pasear en calandria”. ¿Sí quieren? ¿Sí? Y no tardamos ni quince segundos en cambiar el curso hasta el Jardín San Francisco. Mi madre quiso negociar con el calandrero (¿a alguien le sorprende?), pero mi Tita no le dio chance. ¡Cuando menos pensamos ya se trepaba a otra calandria estacionada y no nos dio opción! Creo que este fue mi momento favorito de todo el día: ver a mi abuela tan decidida, tan dispuesta a pasarla bien, a enseñarnos desde la calandria dónde tomaba nieve en los portales. Deberíamos hacerle caso más seguido a nuestras abuelas.  Continue reading