Il Duomo: tradición italiana, excelente servicio y calidad

¡Hola a todos! ¡Ya casi es fin de semana! ¿A poco no les emociona un montón? A mí sí, sobre todo porque significa que tengo tres días casi libres de pendientes para ir a desayunar, comer y cenar a restaurantes nuevos o ya favoritos con mucha calma.

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Hoy les quiero platicar de un restaurante ya tradicional en Guadalajara. Uno de los mejores italianos de la ciudad, donde además de servirte comida deliciosa, te atienden con un servicio excelente. Les estoy hablando de Il Duomo, (que antes era Macomeno y sigue en el mismo lugar, Américas 302). Y les digo que ya es tradicional porque en esta escena tapatía donde los restaurantes duran tan sólo un par de meses, Il Duomo ya cuenta con más de dos décadas. De hecho, Il Duomo fue el restaurante con el que Grupo Pasta, en 1994, inició su actividad culinaria. Sí, antes de que existieran Il Diavolo y La Pastería, Il Duomo ya deleitaba a los ciudadanos de Guadalajara con sus platillos apegados a la cocina original del país de la bota.

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¿Qué me gusta de Il Duomo? La verdad es que todo. Empecemos por su ambiente y decoración. El lugar tiene una ubicación excelente (eso sí, el estacionamiento es un poco complicado y el valet parking cuesta $30 pesos, ¡carito para mi gusto!), puedes estacionarte a un par de cuadras o, si tienes suerte, en la misma calle con la que hace esquina, Joaquín Angulo.

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El lugar es muy bonito. Es como si entraras a una casona o bodega italiana, con las paredes de ladrillo envueltas en enredaderas. Por dentro, el piso es de mosaico, las paredes son de piedra y sirven de lienzo para alguna que otra pintura o verso en italiano, las luces cálidas, una cava enorme y variada, las mesas con manteles blancos, y una barra donde también puedes sentarte a tomar un aperitivo o un café. A pesar de los tonos tibios, el lugar se mantiene fresco. También cuenta con una terraza, donde la luz entra más clara y se escucha el agua que cae de una fuente alegre y ancha.

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La terraza

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Pedir vino siempre es la mejor opción en lugar como este, pero claro, dependerá de su antojo y de sus ganas. A veces una naranjada mineral basta. La carta es amplia y vale la pena tomarse su tiempo para revisarla. Los meseros siempre estarán dispuestos a darte sus sugerencias con amabilidad y gran conocimiento de los platillos que se preparan en el restaurante. La verdad es que eso es algo que yo aprecio mucho. Que no me digan que “todo está rico” o que “depende del antojo que usted traiga”, sino que con certidumbre y hasta con cariño por su cocina te den sus recomendaciones y te garanticen que no te vas a arrepentir con el Ravioli al Tartufo.

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Costata di Manzo, Ravioli Tartufo, Cozze Marinara

¿Qué sugiero yo que pidan de entrada? Pues fíjense que Il Duomo tiene algo que a mí me FASCINA (así en mayúsculas) y que es muy difícil de encontrar en esta ciudad: ¡un exquisito queso burrata! Es un queso fresco italiano que se hace con crema, y así queda, por fuera más sólido, con su capa de queso mozzarella puro, y por dentro cremosito, suave, ¡espectacular! En Il Duomo lo sirven sobre una cama de arúgula, aceite de oliva, sal, y acompañado de tomatitos cherry, aceitunas y balsámico. ¡Es exquisito y lo tienen que probar! Además te lo sirven con una tabla de pan para que lo untes o lo sirvas como montadito, ¡yo hasta a cucharadas me lo como!

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Burrata

Otra entrada clásica de Il Duomo son sus flores de calabaza rellenas de queso de cabra; van fritas y sobre un espejo de pimiento rojo, ¡muy sabrosas! Si quieren algo más tradicional aún, no duden en ordenar el carpaccio de pulpo o de atún. La verdad es que todo es muy rico y no tiene pierde.

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Fiori Fritti

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Carpaccio di Polipo

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Carpaccio di Manzo

¡Como segundo tiempo también les tengo muchas sugerencias! No sé si lo sepan, pero a mí la trufa negra me encanta, siento que da un toque especial a platillos que podrían ser bastante aburridos. Pues en Il Duomo tienen más de una preparación con trufa negra. Así que si quieren aventurarse, podrán pedir una pasta Tagliolinni, que es artesanal (hecha en casa) y se prepara con mantequilla, queso grana padano y ralladura de trufa, o quizá querrán probar el Risotto Porcini al Tartufo, que lleva hongos deshidratados y se perfuma con el aceite de la trufa.

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También como segundo, Il Duomo tiene una tártara de res muy sabrosa. Este es otro platillo difícil de encontrar en Guadalajara, pero en Il Duomo se hace con justicia y se prepara en la mesa, lo que además añade a la emoción de cada comida. Otro de mis platos fuertes favoritos son los Ravioli Burrata, jaja, ¡no me juzguen! ¡Es que amo este queso con locura! Pero además, estoy segura de que una vez que prueben estos ravioles también quedarán enamorados. Los molotitos de pasta van rellenos de este queso cremosito y llevan una salsa de crema, queso y vino blanco, ¡realmente espectacular! El plato no es muy abundante, pero si además comparten una ensalada, quedarán más que satisfechos.

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Ravioli Burrata

¡El Salmón Etrusco también es riquísimo! Viene sobre una cama de papardelle (esa pasta parecida al fetuccini, pero más ancha) en salsa fiorentina y mariscos (calamares, camarones), ¡muy recomendado! El Costata di Manzo también vale mucho la pena; es una costilla de res importada, horneada en salsa de vino tinto y hongos porcini, que se acompaña de puré de papa y espárragos. Il Duomo también ofrece platillos un poco más elabordos, como el rack de cordero, la cabrería de res, langostinos, pato, bacalao negro y rib eyes añejos y preparados con delicadeza y perfecto sazón.

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Salmón Etrusco

Una vez que terminen con los fuertes, es momento del postre. ¡Me encanta el postre! Yo tengo un lugar especial para el tiramisú y cada que voy a un restaurante italiano me gusta probar su tiramisú. Estoy así como en una misión de encontrar el mejor tiramisú de la ciudad. Y déjenme decirles que el de Il Duomo está en la pelea: es esponjoso, húmedo y lleno de sabor. El volcán de chocolate con helado también es rico y todo siempre sabe mejor si se acompaña con una taza de café.

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Tiramisú

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Volcán de chocolate

Aprovechen que es fin de semana y conozcan o reencuéntrense con Il Duomo (aprovechen que van con sus familias para que los inviten, ja), pasen una tarde o noche deliciosa y disfruten con sus seres queridos.

Domicilio: Américas 302 (esquina con Joaquín Angulo)

Horarios:
Lunes a jueves: 1:30 a 12 AM
Viernes y sábado: 1:30 a 1 AM
Domingos: 1:30 a 6 PM

La Caneva de Andrea: pasta al dente y sabor auténtico en la ciudad

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Hay algunos lugares que por su manera de preservar la tradición se llenan de un encanto especial. Lugares que por tener una miríada de fotografías, carteles, posters, cartas y cachivaches en sus paredes y estanterías capturan un ambiente acogedor, calientito, como de casa de antaño donde la comida sólo puede salir deliciosa. Así es La Caneva de Andrea (en Gabriel Castaños 2763, casi sobre la Glorieta Minerva). Así, como recién salido de esa región al norte de Italia, el restaurancito guarda su encanto acogedor y prepara pastas que haría que cualquier nonna se sintiera orgullosa.

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La primera vez que visité La Caneva de Andrea fue por invitación de mi padre. Pocas veces nos toca comer a él y a mí solitos, y un día que ni mamá ni mi hermana se encontraban en la ciudad, y que por varias razones no nos habíamos visto en días, nos citamos ahí. Era martes o jueves lo cual lo hizo más especial, nunca como con mi padre -en realidad casi ni lo veo- entre semana. Como mi papá ya conocía este rincón maravilloso, tomó la batuta y ordenó la carta de vinos y las entradas sin chistar. Me dijo: “tienes que probar estos mejillones, están buenísimos”, mientras pedía un Villa Montefiori cabernet-sangiovese. También pedimos una ensalada.

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En lo que llegaban las entradas leímos el menú con minucia, ¡y todo se nos antojaba! Y aunque las carnes al brandy y los robalos alcaparrados me llamaban la atención, el ambiente en el restaurante me aseguraba que si quería comer algo realmente tradicional y exquisisto debía pedir una pasta. No sé, parecía que la atmósfera me aseguraba que cada tira de fetuccini estaría al dente. Llegaron los mejillones y, ¡no he probado en la ciudad mejillones más deliciosos que estos! Preparados con limón, vino blanco, hierbas aromáticas y conchas bien frescas, son una entrada que no pueden dejar de pedir. De hecho, ayer que volví con toda la familia los ordenamos sin pensarlo dos veces y me supieron igual o más sabrosos que la primera vez. La ensalada también la disfrutamos mucho.

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Tomamos vino y llegaron los fuertes. Mi papá sí optó por un salmón al finocchio. Yo, en cambio pedí el tagliatelle con sbrise e tartufo, o sea con hongos, setas, cebolla, ajo y aceite de trufa negra. La verdad es que soy fan de la trufa negra, así que cuando leo esas palabras en el menú mi inclinación a dicho platillo aumenta. ¡El tagliatelle me encantó! La pasta estaba cocinada a la perfección y era, además, una porción abundante. El salmón también se me hizo muy sabroso y sería sin duda algo que pediría en próximas visitas.

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Antes de platicarles sobre el postre y el café, les cuento que ayer volví a La Caneva de Andrea, en esta ocasión con la familia completa. ¡Todos quedamos muy satisfechos! Además, hace mucho que no comíamos los cuatro juntos -¡ha habido muchos viajes  y salidas últimamente!- por lo que fue aún más bonita la experiencia. Volvimos a pedir vino y, claro, los mejillones y en lo que traían los fuertes nos pusimos al día. Que cómo nos va en el trabajo a Marifer y a mí, que cómo estuvo la boda en Monterrey, que si nos parecen las nuevas políticas del club del cual somos socios, que qué falta para mis próximas nupcias legales. No es mentira cuando les escribo que el restaurante, con su piso de madera y luces ámbar, permite este arropamiento y esta cercanía hasta en la plática.

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En esta última ocasión la pasta volvió a predominar la mesa: fetuccini con anitra (pasta al huevo con salsa de carne molida de pato estofada y láminas de parmesano), ravioli con cangrejo y salsa rosa y gnocchi (sé que esto no es pasta, pero como que entra en la categoría, ja) con salsa cremosa de jtomate y camarones. Mi mamá pidió el filetto San Martino, un corazón de filete con salsa de higos, arúgula en balsámico y queso paremsano, ¡exquisito!

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Ya relajados con el vino y la panza llena, sólo yo quise pedir postre. Cuando mi papá me llevó pedimos un cannolo alla siciliana, pero esta vez se me antojó más un tradicional gelato de stracciatella (a base de leche con trozos finos de chocolate). La porción es abundante, y todos terminando metiéndole la cuchara y disfrutándolo.

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He comido tan rico y disfrutado tanto cada vez que voy a La Caneva de Andrea que quiero que ustedes lo visiten y lo comprueben, que sientan esa misma familiaridad y acogimiento por parte del lugar, los meseros y la propia comida calientita. ¡Aprovechen este fin de semana y conózcanlo! ¡No los va a decepcionar! Por mi parte, seguiré yendo, espero que en compañía de mi familia y de gente que quiero para que todo me sepa aún mejor. ¡Gracias!

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Para días de confort: La Pastería

IMG_4095A veces tienes días agobiantes: te levantas tarde y no llegas a tu clase de baile, tiran cosas tuyas-sin querer, aunque no por eso menos frustrante- que son especiales, buscas un libro y ninguno llena tus expectativas y, a la hora de comer comienzan a derrumbar la casa de a un lado y no puedes escuchar nada. Todos tenemos días así, en los que parece que nada saldrá como queremos y que las horas que faltan antes de llegar a la cama estarán plagadas de imprevistos y contratiempos.

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Pero las cosas, los días, los malos momentos siempre pueden mejorar, o por lo menos pueden perder su importancia. Sólo es cuestión de tomarse un segundo y respirar, recordar por qué hacemos lo que hacemos o por qué vamos a donde vamos. Y una manera de reencontrarnos y conseguir un rato tranquilo para sosegarnos es abriéndole espacio a una buena comida. Dedicándonos una hora para saborear con calma y disfrutar de los alimentos antes de regresar a las presiones y a las prisas. Porque no es lo mismo, tragarte un lonche de jamón -que mandaste pedir a la tiendita de la esquina- mientras sigues acribillando la computadora, que despegarte de tu escritorio y pensar, ¿qué se me antoja?, e ir con una mejor disposición a comer para luego volver con la mente despejada y el ánimo mejorado.

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Ayer fue un día así. ¡Hasta una cana me salió para coronar los malos ratos! Y a pesar de todos los pendientes y de mi actitud resignada a la mala fortuna, cuando mi mamá me preguntó que qué quería comer no dudé en decir: “vamos a La Pastería”. Mi respuesta bien pudo haber sido “nada”, pero en el fondo sabía que tendría que comer y que sería mejor comer algo que me apeteciera y me hiciera sentir segura.

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No sé por qué La Pastería de pronto tiene ese efecto en mí. Será quizá porque voy con regularidad y entonces se siente como casa. O que las pastas siempre te llegan al dente en platos o cazuelitas hirviendo y me recuerdan un poco a mi mamá (lo tibio nunca nos ha gustado y en casa un plato no está listo si no se le ve el humos salir). O simplemente porque relaciono pasta con confort y permisividad. No sé, pero ayer necesitaba consentirme, y un platón de fusilli de La Pastería fue la opción perfecta.

Las dos sucursales de La Pastería -una en Andares y la otra en Terranova 1171-quedan muy cerca de mi casa, por lo que para mí es muy cómodo y práctico. Sé que es un lugar al que puedo ir y comer o cenar rico, y puedo estar en casa o en el trabajo en un lapso relativamente breve. Además, siempre me atienden súper bien, y me sirven los platillos con prontitud. Para mí, la comida rica, el servicio eficiente y la cercanía convierte en La Pastería en el lugar ideal para recuperar las ganas y regresar a la vida de carreras y presiones.

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¿Qué pedir?

Para comenzar tengo un par de recomendaciones. La tártara de atún es muy sabrosa, los cubitos van acompañados de jitomate y aguacate y toda la torrecita se adereza con reducción de balsámico; la berenjena también es rica, y es una entrada perfecta para días lluviosos o fríos porque llega muy calientita. Mi favorito de la carta es el carpaccio de pulpo, que con limón y un pesto de cilantro siempre me reanima y alegra el corazón.

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Otra cosa que me gusta de La Pastería es que sirven ensaladas copiosas. Nada de que la ensalada sólo es la entrada. Claro, puedes pedir una y compartir, pero si estás a dieta o simplemente quieres algo súper fresco, puedes ordenar una ensalada de atún o camarones y quedarás muy satisfecho y contento. Mi favorita es la Beatrice, que lleva lechugas, setas, espárragos, queso de cabra y una vinagreta muy ligera.

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Para continuar yo realmente sugiero que hagan honor al nombre del lugar y prueben una pasta. Mi antojo constante y selección más frecuente es el fusilli arrabiata. ¡Me encanta! Es un platón de fusilli preparado con salsa pomodoro, crema, peperonccino y un bodoquito de queso mascarpone para coronar, ¡es mi súper máximo! Para mí, la mejor pasta del restaurante, claro, tiene que gustarles el chile porque es algo picosa. Otro clásico en La Pastería es el plato de ravioles, van rellenos de espinaca y nuez y los bañan con una salsa florentina que no tiene pierde. Si más que los caldos rojos y rosas prefieren las preparaciones cremosas, también les tengo un par de sugerencias: el fusilli roccaraso, que lleva un salsa blanca aromatizada, trocitos de portobello, jamón y peperonccino (aparentemente soy fan de las hojuelas de chile; y el fusilli a los cuatro quesos (creo que comienzo a ver un patrón).

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O si de plano la pasta no es una opción, elijan el filete de salmón alcaparrado o el pescado Vongole (con almejas), que también les van a encantar. Como buena comida italiana, sugiere que acompañen su selección con vino.

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Para terminar, ¡y qué manera de hacerlo!, tienen que pedir el postre de la casa: un pastelito muy cremoso -que más pareciera pay- que cruje en la boca y exhala la textura y el sabor de un chocoalte Ferrero Rocher. La verdad es que si te acompañan más de dos personas yo sugiero que pidan dos rebanadas o dos postres distintos para compartir, porque les aseguro que uno no será suficiente. Si son chocolateros como yo, esta es la opción, no busquen más. Claro, también hay gelato, affogato y otros placeres que pueden probar.

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Después de mi comida en La Pastería, de platicar con mi mamá, de tomarme una copa de vino, mi día comenzó a mejorar. No digo que la comida sea mágica y haya logrado la hazaña, sólo digo que comer en un lugar que te hace sentir feliz y darnos chance de respirar y disfrutar  cuando estamos muy estresados tiene un efecto positivo en nuestros días o por lo menos en la actitud con la que los vivimos.

¿Qué restaurantes tienen en ustedes este efecto? ¿A dónde recurren cuando quieren consentirse y encontrar confort? ¡Platíquenme! ¡Quiero saber sus experiencias!

Mesa 1 – algo delicioso para toda la familia

¡Hola a todos! ¡Después de unas merecidas vacaciones estoy de vuelta y lista para seguir escribiendo y recomendando los mejores lugares de la ciudad! Pronto les platicaré más detalles sobre mi viaje a Los Ángeles y sus alrededores, para que no se queden sólo con la probadita que les di a través de mi Instagram. Además les cuento que en estos días de ausencia por fin abrí una cuenta de Instagram exclusiva para mi blog; la pueden encontrar aquí y darle “seguir” para continuar disfrutando de fotos de platillos y creaciones para babear.

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Pero vamos a lo que más nos concierne, hace poco menos de un mes visité con mis papás un nuevo restaurante en la colonia Providencia y quedé muy contenta con mis alimentos, el servicio y el feeling del lugar. Ubicado en Rubén Darío  611, Mesa 1 tiene una de las terrazas más bonitas de los restaurantes de la zona, con piso y acabados de madera, que se mezclan con paredes de ladrillo, acabados con concreto y abundante follaje en el balcón. Las mesas, te esperan con una suculenta o cactácea en el centro. Nosotros elegimos sentarnos en la terraza, aunque el interior -que también es abierto- es igual de agradable. Otras familias alegraban la escena: niños comiendo pizza, señores brindando, señoras riendo. Hasta más ganas nos dieron de comenzar a comer.

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Así que ordenamos una botella de vino y un par de entradas para comenzar con la comida: unos taquitos de chancho en tortilla de harina, con cebollita morada deslemada, cilantro y una salsita picada de betabel con habanero, y una ensalada fresca y abundante de arúgula, tomatitos cherry, jamón serrano y lajas de queso parmesano. Todo acompañado de unos traguitos de mi rusa de agua mineral y luego sorbos de un malbec fresco y sabroso. Ambos platos fueron un gusto para mis padres y para mí. Sobre todo disfruté muchísimo la ensalada, la arúgula estaba muy crujiente y bien sazonada, y el jamón serrano era de alta calidad.

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Seguimos la comida y ordenamos los platos fuertes. Yo había ido a correr muchos kilómetros en la mañana y mi cuerpo me pedía un gran trozo de carne. Me decidí por el vacío, al igual que mi papá; por el contrario, mi mamá pidio un carpaccio de arrachera. Nos atendió un mesero muy amable y nos recomendó que pidiéramos el vacío término tres cuartos, a pesar de que lo habíamos solicitado medio rojo. Insistimos en el medio rojo. Cuando llegaron los platillos, ya todos en la mesa estábamos listos para hincar el diente.

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El mesero, otra vez muy amable y servicial, nos pidió que cortáramos la carne para revisar si el término era el adecuado. Y así lo hicimos. Debo confesar que mi vacío no llegó medio rojo, sino un poco más cocido; inmediatamente, el mesero insistió en regresar el plato y traerme uno nuevo, pero la verdad es que ya tenía mucha hambre y la carne se veía deliciosa, por lo que le precisé que no era necesario y que así me lo comería. A pesar de este incidente, la carne no me decepcionó; de hecho, estaba tan bien sazonada y jugosa que creo que comérmela así fue la mejor decisión. Además, me gustó mucho la manera en la que el mesero me hizo sentir atendida y considerada, y no sólo quiso enjaretarme el plato equivocado. Todos los restaurantes cometen errores -los nuevos como Mesa 1, pero también los viejos- y la manera en la que los resuelven siempre habla muchísimo del lugar y de las ganas que tienen de prosperar y de dar una experiencia plena. Además, si resulta que lo que te sirven también está deliciosísimo, pues es un plus para olvidar el tropiezo.

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Para cerrar la tarde -¡que cuánto disfruté con mi papá y mi mamá!-, mi mamá y yo pedimos cada quien un café y mi papá un sambuca con moscas (granos de café). En lo que esperábamos su llegada, el mesero nos regaló un postre para asegurarse de que nuestra experiencia fuera la mejor posible: unas crepas con un dulce de leche suave y cremoso desbordándose de las orillas, ¡fantástico! Además, unos amigos de mis padres que también comían en el lugar nos mandaron una ronda de carajillos, con lo que la tarde lluviosa se convirtió en un momento de reencuentro familiar, cobijada de cariño, amigos, vino y rica comida.

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Sin pensármela dos veces volvería a Mesa 1. Su atmósfera tranquila y agradable, la atención de su personal y el sabor de sus platillos son una combinación perfecta para ir con tu familia, tu pareja o tus amigos a disfrutar de una tarde bonita y tranquila. El restaurante ofrece platillos y bebidas para todos los gustos: pizzas, pastas, cortes, ensaladas, vinos, cervezas artesanales, ¡vayan a conocer! Les aseguro una experiencia que vale la pena.

Ubicación:
Rubén Darío 611

Horario:
Todos los días

Funícula – la mejor pizza, un buen vino y mi tiramisú favorito

funicula1Con mucha emoción hoy escribo sobre uno de mis lugares favoritos de la ciudad. Siempre que alguien me pide una recomendación de un restaurante italiano, ¡mi cabeza automáticamente piensa en esta opción! Para mí, este lugar es la combinación perfecta de lo delicioso, casero, agradable, joven, tranquilo, familiar, pero perfecto para un viernes por la noche con tu pareja o amigos. Y lo mejor: tienen una de las mejores pizzas de la ciudad. funicula2 Les hablo de Funícula, un lugarcito ubicado en López Cotilla 1906, justo en el corazón de la colonia Americana, por lo que siempre está lleno de vida, dinamismo y gente joven, sobre todo si lo visitas por la noche. Los restaurantes abundan en esa zona -siendo una de las más hip trendy de Guadalajara-, y no es raro que algunos abran y otros cierren, unos inauguren y otros clausuren, pero desde 2010, Funícula te recibe con cariño y el mejor sabor de la cuadra. Eso sí, suele haber fila y no hacen reservaciones, por lo que es mejor tomarse su tiempo o llegar antes de las horas pico. funicula3 ¿Que por qué hago tanto brete sobre este lugar? Les cuento: además de su ambiente acogedor, Funícula prepara y sirve auténtica comida italiana; que el lugar siempre tenga más de algún comensal italiano es la primera evidencia de su legitimidad. Yo voy y lo recomiendo con frecuencia y siempre -vaya con quien vaya y todos coinciden conmigo- la comida está fresca y en su punto. ¿Qué ordenar? A mí me encanta iniciar con su carpaccio de pulpo: finas láminas de pulpo en aceite de oliva y reducción de limón y perejil, las acompañas de pan caliente y, ¡de verdad es un manjar! Es perfecto para compartir con una o dos personas más e ir abriendo el apetito para los platos fuertes. También pueden pedir un carpaccio de trucha o de salmón, los dos súper ricos, pero realmente los aliento a que pidan el de pulpo, ¡es el mejor! funicula4 Lo siguiente que tienen que pedir es LA MEJOR PIZZA DE LA CIUDAD, o sin duda una de mis consentidas (¡y vaya que he probado muchas pizzas, ja!). La pizza es a la leña, claro, de tamaño grande -perfecta para dos personas o para tres si van a ordenar más platillos- y tienen muchas variedades de ingredientes y preparaciones. Por ejemplo, podrías pedir una pizza blanca (sin salsa de tomate), una clásica (de pepperoni o vegetales), o una especial. De hecho, yo les propongo que pidan la pizza Toscana, ¡la mejor de la casa y les insisto que entre mis favoritas de la ciudad!: una masa delgadita y crujiente con una combinación de setas, champiñones y portobellos, y lajas de prosciutto para darle un toque aún más delicioso. Prepárala con un poco de chiles en aceite y chilito en polvo y, ¡uff! funicula5 funicula6 También les recomiendo que pidan los ravioles pesto rosso. Rellenos de tres quesos o de requesón con espinacas -será a su elección- esta salsa es de jitomate con un poquito de crema y tomates deshidratados, ¡exquisita! Yo sugiero que pidan la pizza y los ravioles al mismo tiempo, así, cuando todo les llegue a la mesa, podrán compartir y alegrar la convivencia con sus amigos, familia o pareja, mientras prueban de todo. Yo con mi carpaccio de pulpo, mi pizza y mis ravioles -obvio acompañado de un par de copas de Montepulciano- ya estoy más que lista para ordenar el postre y mi café, pero la verdad es que Funícula tiene mucho más que sólo sus sabrosísimas pizzas o pastas caseras. funicula7 funicula8 Puedes ordenar una ensalda con lechugas, berros y aderezo de yogur, un pollo al sésamo (una pechuga rellena de cebolla, jitomate, jamón y almendras con una salsa cremosa de ajonjolí), un filete de salmón almendrado, un filete de res en salsa de champiñones o en salsa de roquefort sobre una cama de arúgula, o alocarte y pedir un calzone picosito de mozzarella, alcachofas y jamón de pierna. ¡Todo lo que pidan les va a encantar! ¡Estoy segurísima! funicula9 funicula10 Para concluir la comida o cena con un dulce y un café, no se pueden perder el tiramisú y la panna cotta. Yo no he probado un tiramisú tan rico como el que hacen en Funícula: es suave, cremoso, esponjoso, aunque sin demasiado pan, y tiene justo el toque exacto de licor. Y la panna cotta, ¡es la favorita de René! Él casi nunca pide postre, ¡pero éste no lo perdona! funicula11 Funícula está definitivamente entre mis lugares consentidos de Guadalajara. Es rico, acogedor, auténtico, tiene precios justos y está en medio de una de las zonas más vivas de la ciudad, ¿qué más puedes pedir? ¡Vayan y visiten y díganme qué opinan de mi recomendación! ¡No les voy a fallar! M.